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¿Cuál es el mito del impuesto a los ricos?

Suele creerse que si los gobiernos pudieran sacar más dinero del bolsillo de los ricos, la pobreza caería y viviríamos mejor. Se trata de un razonamiento equivocado.

 

Es el mito de los impuestos a los ricos, esa idea que supone que si sólo los gobiernos pudieran tomar más dinero del bolsillo de los mega-millonarios, mejor nos iría como país.

Recientemente, la OCDE, una de las organizaciones económicas más importantes del planeta, divulgó un informe que comparaba la presión tributaria de América Latina con el promedio de sus miembros. De acuerdo con el análisis, la presión tributaria en la región es demasiado baja, ya que asciende a solamente el 22,8% del PBI, mientras que en la OCDE es 11,4 puntos superior.

La conclusión del reporte, entonces, es que los impuestos deben subir, pero no de cualquier forma. De acuerdo con el comunicado oficial:

Cuando hablamos de que América Latina debería reforzar su músculo fiscal no es aumentando los impuestos a su clase media, que ya paga una cantidad sustancial, sino revisar las numerosas exenciones fiscales, reforzar los impuestos sobre la renta a los ciudadanos con mayores ingresos y luchar contra la evasión fiscal.

En resumen, hay que aumentar los impuestos a los ricos, para reforzar las públicas y así financiar “políticas de desarrollo en áreas como educación, salud e infraestructura”.

Mayor recaudación no mejora el nivel de vida

Lo primero que equivoca el informe de la OCDE es que invierte la relación causa y efecto. En concreto, el organismo multilateral supone que luego de la mayor recaudación vienen las mejores condiciones de vida. Sin embargo, es al revés. Gracias a un mayor desarrollo del mercado es que crece la riqueza y se supera la pobreza. Colateralmente, el gobierno tiene más capacidad para recaudar.

Más impuestos, más evasión

El segundo punto errado del informe es que advierte que hay que tener cuidado con aumentar los impuestos a las clases medias porque, si no, “se corre el riesgo de que pasen a la informalidad”. Ahora bien: ¿qué tienen de distintos los más ricos que no acudirán también ellos a la informalidad cuando vean que deben pagar tasas confiscatorias? A fin de cuentas, y como sostiene el profesor Carlos Rodríguez Braun, los impuestos no los pagan los ricos, ni los paga la clase media, ni los pagan los más pobres, sino que los pagan quienes no pueden evitar hacerlo.

Una mayor carga fiscal para los ricos hará que haya menos ricos (como ya han demostrado casos como el de Gerard Depardieu en Francia, que solicitó un pasaporte extranjero para escapar de los excesivos gravámenes franceses) y no está claro cómo esto va a ayudar a los más pobres. De hecho, sucederá todo lo contrario.

Más castigo a la riqueza, menor riqueza

La última cuestión a analizar tiene que ver con el sistema de incentivos y el efecto concreto que un mayor castigo tributario “a los ricos” tendría sobre la sociedad. La primera aproximación es sencilla: si se subsidia algo, habrá más de ese algo, si se lo grava,  por el contrario, habrá menos.

O sea, si se cobran más impuestos a los ricos, habrá menos ricos. Y dado que los ricos son quienes más ahorran, el resultado será una menor tasa de ahorro, lo que da como resultado menos crédito y menos inversiones. Finalmente, se produce menos y somos más pobres. El “remedio” de la OCDE, a la postre, es peor que la supuesta enfermedad.

Por otro lado, en una economía de mercado, quienes llegan a lo más alto de la pirámide de ingresos, lo hacen porque encuentran la mejor manera de servir a la sociedad. Amancio ortega de Zara o Bill Gates de Microsoft, no obtuvieron su dinero del robo o la corrupción política, sino que crearon valor para sus clientes y mejoraron la calidad de vida de millones. Se merecen lo que tienen.

Si es así: ¿por qué castigarlos con tasas impositivas diferenciadas y más altas? ¿Por qué castigarlos cobrándoles impuestos al patrimonio o a sus herencias?

América Latina en general, y Argentina en particular, necesitan más y mejor crecimiento económico para que la gente salga de la pobreza. Para eso, no requieren cobrar más impuestos a los ricos, sino todo lo contrario.

Impuestos bajos, que no castiguen el éxito y que incentiven la innovación es el camino a seguir. Para ser parte del “club de los países ricos” que es la OCDE, hay que empezar por no seguir al pie de la letra todo lo que dice.

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