Los costos del populismo en la economía

Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda de la Argentina, reflexionó sobre la preocupante situación socioeconómica que atraviesan Venezuela y la Provincia de Santa Cruz y se lo adjudicó a políticas populistas. Aprovechamos sus dichos para repasar las consecuencias que generan este tipo de gobiernos.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, estuvo en el programa “Debo Decir” y  se refirió a las situaciones económicas y sociales que atraviesan Venezuela y Santa Cruz y afirmó que evidencian “los costos del populismo”. 

Dujovne se encargó de dejar en claro que, por un lado, el adjetivo “populista” es totalmente peyorativo y, por el otro, que las políticas llevadas a cabo por Mauricio Macri lejos están de parecerse a éstas otras que tanto critica. 

De estas afirmaciones surgen una serie de preguntas realmente interesantes que valen la pena responder: ¿qué es populismo, por qué está mal visto y cuáles son las consecuencias concretas que genera en la sociedad y la economía?

¿Qué es el “populismo”?

El concepto de populismo deriva de “pueblo” y hace referencia a la estrategia de las corrientes políticas que buscan el apoyo de las clases populares. Se trata de un concepto difícil de definir con exactitud, con el que se designan realidades diferentes. 

El uso del calificativo “populista” se hace habitualmente en contextos políticos y de manera peyorativa, sin que del término se desprenda por sí mismo una evidente identificación ideológica, sino estratégica —dentro del espectro izquierda-derecha—. 

Hace más de 25 años, en 1989, los economistas Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards presentaron su tesis acerca del populismo macroeconómico en América Latina.

Para estos autores, el populismo económico es un enfoque que, mediante el uso de “políticas fiscales y crediticias expansivas (…) destaca el crecimiento y la redistribución del ingreso”, al tiempo que “menosprecia los riesgos de la inflación y el financiamiento deficitario, las restricciones externas y la reacción de los agentes económicos ante las políticas agresivas ajenas al mercado”.

¿Cuáles son las consecuencias del populismo en la economía?

Teniendo en cuenta las características que presentan los autores, el populismo tiene meramente un carácter autodestructivo, ya que esos problemas que se subestiman terminan generando grandes reducciones del PBI per cápita y de los salarios reales, lo que perjudica principalmente a quienes se quiso beneficiar en un principio.

Así lo explica Guillermo LoCane, contador y autor de dos libros sobre impuestos y economía: “el populismo económico es una forma de desempeñar las políticas económicas en las cuales se privilegia el crecimiento y la redistribución del ingreso y se menosprecia los riesgos de la inflación y el financiamiento deficitario; las restricciones externas y la reacción de inversores, ahorristas y consumidores frente a políticas agresivas al mercado”.

En definitiva, el populismo genera aquello que supuestamente viene a erradicar. Sin embargo, sus efectos devastadores no se ven de un día para el otro y, es por eso, que a veces los gobiernos populistas perduran muchos años en el poder. Cuando la situación es insostenible ya no queda nada por hacer y se desencadena una crisis, comparable a la de Venezuela o de Santa Cruz.

Iván Carrino, editor de “El Diario del Lunes”, agrega a lo ya mencionado que lo más interesante del análisis de Dornbusch y Edwards (los autores que se refirieron a este concepto) es su clasificación del econopopulismo en cuatro etapas: “una primera etapa en donde las políticas fiscales y monetarias expansivas dan lugar al crecimiento de la producción, el empleo y los salarios reales. Una etapa segunda, en donde comienzan a aparecer cuellos de botella: la inflación aumenta de manera significativa, el déficit fiscal empeora debido a los subsidios a bienes de consumo básico, y la devaluación o el control de cambios se vuelven inevitables”, explica.

Y suma: “las etapas tres y cuatro muestran cómo terminan todos los experimentos populistas: con escasez, más inflación, falta de dólares y fuga de capitales. Finalmente, con menos capital invertido per cápita, los salarios reales inevitablemente caen y el crecimiento se frena. Lo que sigue es la implementación de un plan ortodoxo de estabilización, que buscará sincerar la economía para que la inversión retorne y la producción vuelva a crecer”.

Como queda claro, lo mejor que puede pasar con la implementación de políticas populistas, sean estas de derecha o de izquierda, es que haya un auge económico de corto plazo. Sin embargo, dado que dicho auge está estimulado por el combustible de las políticas monetarias y fiscales, está condenado a terminar en una nueva crisis.

En esta línea, LoCane, afirma que la historia demostró que el fracaso del populismo económico se origina en que las tensiones que genera acaban, a la corta o a la larga, frustrando el crecimiento que intenta promover.

Al priorizar el consumo, sin preocuparse por el grado de reposición y crecimiento de la infraestructura y la capacidad productiva instalada, el modelo adquiere un marcado sesgo pro-cíclico que fogonea la la demanda y ésta la inflación lo que, a su vez, deteriora la competitividad cambiaria, desestimula las exportaciones y expande las importaciones. Finalmente, al exacerbar la puja distributiva, genera elevada incertidumbre, acorta el horizonte de las decisiones económicas y desalienta la inversión productiva.

El populismo es un tipo de movimiento que se viene dando hace muchísimos años, sin embargo, en los últimos tiempos también se han percibido el surgimiento de neopopulismos. Si querés saber qué son, no dejes de ingresar a este Informe Especial.

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