Iván Carrino: “Hay un Estado profundo que gobierna a la Argentina desde las sombras”

A través de sus 192 páginas uno de los economistas más polémicos nos describe una serie de conspiraciones y pactos de silencio que se han convertido en moneda corriente en la Argentina que hoy conocemos. ¿Habrá acaso alguna salida?

“¿Quién maneja realmente los destinos de la Argentina?” es la frase con la que inicia el nuevo libro del editor del Diario del Lunes, Iván Carrino. Se trata de la “Historia Secreta de Argentina”, un título tan enigmático como su primera frase. Por cierto, si creés que la respuesta a esa pregunta que se plantea es Mauricio Macri, entonces seguí leyendo.

El autor de “Cleptocracia: Así nos robaron nuestro dinero y nuestra libertad” y “Estrangulados: Cómo el Estado asfixia tu economía”, describe a través de las páginas del nuevo libro la verdadera historia de nuestro país, que sintetiza como una serie de conspiraciones y pactos de silencio.

Sí, una Argentina es la que sale por la televisión, sobre la que hablan los políticos y discuten las personas en la calle; y otra Argentina -la verdadera- es la que toma las decisiones por cada uno pero jamás ha dado la cara ni se ha sometido a elecciones populares.

A esos que protagonizan la Historia secreta de Argentina se les conoce como el “Estado profundo”. 

Inversor Global: ¿Cómo traducís a tus lectores el concepto de Estado profundo?

Iván Carrino: El concepto lo tomo de Bill Bonner, fundador de Agora Inc, empresa de publicaciones financieras norteamericana, quien sostiene que siempre hay personas listas para abusar y poner en ridículo a otros miembros de la sociedad.

Se trata del poder detrás de las personas por quienes votamos, sea el Presidente de la República o los integrantes del Congreso.

¿Son estos personajes quienes establecen las políticas públicas o hay alguien que maneja todos los hilos e impone su agenda?

Ese es el Estado profundo, una serie de intereses que nadie ha podido desactivar y que tienen el poder de tomar decisiones por encima de cualquier elección.

Si no son los responsables directamente, entonces han colaborado con la decadencia social y económica que azota a la Argentina desde hace años.

IG: ¿Quiénes conforman el Estado profundo?

IC: Hay 3 elementos:

– Los políticos que solo se preocupan por el corto plazo

– Los empresarios que no quieren competencia

–  Los sindicatos que se oponen a la productividad

¿Qué tienen en común?

Todos velan únicamente por sus intereses…

Los empresarios con suficiente poder de lobby siempre han pedido protección al Gobierno y hay quienes incluso meten la mano para impedir reformas económicas que beneficiarían a la población.

Luego tenés a los sindicatos: cuando las cosas no salen como quieren hacen paros, trancan las calles o van a las empresas que ponen como enemigas e impiden que salgan camiones.

IG: ¿El Estado profundo es un fenómeno particular de la Argentina o es un malestar en todo el mundo?

IC:IC:IC:IC: IC: IC: El Estado profundo lo detectó por primera vez Dwight Eisenhower al nombrar al complejo industrial militar, esas empresas que se beneficiaban por ser productores de armas y sacaban rédito de la guerra.

Existen en todo lugar donde el Estado aumente el gasto público, un estímulo para hacer lobby porque mayor es la tajada que puede recibir una empresa a través de subsidios.

A mayor intervención del gobierno en la economía existen más incentivos de hacerse amigo de algún regulador y pedir leyes especiales o se bloquee a la competencia.

IG: En el libro también decís que pudimos ser Australia y no llegamos, ¿qué sucedió?

IC:IC: Hay un capítulo dedicado a este tema que arranca con una anécdota entre el embajador australiano, Noel Campbell y el presidente Mauricio Macri.

El primero le dice al mandatario que “somos países parecidos”, tras felicitarlo por alcanzar la presidencia.

“Eramos”, responde Macri, quien refuerza la idea y se aventura: hace 30 años ustedes hacen todo bien y nosotros todo mal.

El nivel de desarrollo de la Argentina llegó a ser comparable con el de Australia o Suecia. La inmigración se sentía atraída, crecía la industria, había un desarrollo arquitectónico envidiable.

¿Qué pasó?

Tan simple como que el Estado profundo abortó el camino de ser un país rico como Australia.

Tenemos políticos cortoplacistas, empresarios prebendarios y sindicatos a los que solo les interesa su bolsillo. Todos ignoran las leyes e impulsan medidas populistas y nocivas para la economía.

Desde la década de los 70 el declive es estrepitoso cuando lo comparamos con Australia. La inflación se volvió incontrolable, los políticos cortoplacistas buscaban complacer a los empresarios y los sindicatos y aumentaron el gasto público, la emisión monetaria.

Todo se volvió insostenible y se transformó en el desastre que tenemos hoy…

IG: ¿Cómo salimos de esa espiral de crisis permanente?

IC: Lo primero, y eso es lo que hacemos con Historia Secreta de Argentina, es entender el diagnóstico, ver qué nos pasa. Se trata de la forma en que pensamos el país.

Tan simple como que la vida depende de cada uno y no de un papá estado que nos da subsidios, de un sindicato que nos protege o un empresario que nos da trabajo.

Tenés que atacar la inflación, el déficit fiscal, el gasto público que ha sobredimensionado al Estado. La Argentina tiene leyes de comercio exterior contrarias al resto del mundo. Hay que desregular el mercado laboral y flexibilizar para que sea más económico contratar.

¿Cómo te explicas que hoy exista 35% de empleo en negro?

La única explicación es que hay impuestos sobre el trabajo que son tan altos que hacen imposible maniobrar para el empresario, pero cambiar todo implica ir contra los intereses creados.

Hay que dejar de pensar en las próximas elecciones y pensar en las próximas generaciones. Votar con más responsabilidad, no al que promete que todo irá bien de acá a 2 años, sino al que reconoce que el país está sumido en una crisis terminal y quiere corregir las cosas.

IG: ¿Por qué sería vital que los lectores sepan la Historia Secreta de Argentina?

IC: Para entender por qué nos puede ir bien en el futuro tenemos que comprender qué hicimos mal en el pasada, por qué estamos como estamos, qué pasó, por qué no nos fue bien y cómo hacer de ahora en adelante.

Un ejemplo: un hombre tenía una vida razonablemente buena hasta los 30 años, pero a partir de entonces se volcó al alcoholismo y a los 50 se da cuenta de que todo es un desastre.

¿La idea? Hay que volver atrás y ver qué se hacía bien.

La Argentina se volvió estatista, corporativista y se hundió en la pobreza. Hay que terminar con esas plagas para crecer y ser un país rico. No hay otra solución.

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