Los falsos logros del modelo K

Frente a un año de ajuste y crisis económica, muchos añoran los supuestos logros de la economía kirchnerista. En esta nota intentaré mostrar por qué esos logros no eran tales.

“Cualquiera tiempo pasado fue mejor”, escribió Jorge Manrique en las Coplas a la Muerte de su Padre. Si bien en la mayoría de los casos esta afirmación es falsa, la frase quedó instalada en el imaginario popular.

En la Argentina de hoy, no son pocos los que repetirían sin dudarlo la frase de Manrique, señalando todo lo bien que estaba la economía antes del cambio de gobierno. Cada vez que discuto sobre el tema con amigos, en un programa de televisión, o en las redes sociales, siempre se señalan las mismas cosas: el fuerte aumento de las tarifas de servicios públicos, la devaluación y su efecto sobre el salario real, o el freno de la obra pública.

En general, suelo decir que frente a todos estos fenómenos, quienes deben ser señalados como responsables son los que gestionaron la economía durante los últimos años y que no hay otra salida posible a tanto tiempo de populismo económico.

Hoy, sin embargo, me gustaría abordar el tema de manera distinta. A continuación tomaré algunos de esos supuestos logros y mostraré que eran solo espejismos. Que no podían sostenerse en el tiempo a menos que se decidiera deliberadamente seguir perjudicando a algunos sectores del consumo y la producción.

Veamos caso por caso.

“Con el kirchnerismo las tarifas eran baratas”. Los defensores del modelo suelen critican el “salvaje tarifazo” que intentó llevar a cabo el gobierno de Macri. Si bien el ajuste de tarifas originalmente planteado no lograba cubrir los costos de producción, y el ajuste actual es mucho más gradual, el punto es cómo logró el kirchnerismo que los consumidores de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano pagaran tarifas baratas. Sin sorpresas para un gobierno intervencionista, esto se logró con el congelamiento de precios, que destruyó los incentivos para invertir y nos dejó sin energía. Es decir, las tarifas “baratas” se consiguieron al elevado costo de destruir la matriz energética del país. Un esquema evidentemente insostenible.

“El dólar estaba controlado por el gobierno”. Las quejas también suelen apuntar a la devaluación del peso, que en realidad fue la liberación del mercado de cambios. El gobierno anterior controlaba el tipo de cambio fijándolo por debajo de su valor real. Esto abarataba ciertas importaciones (las pocas autorizadas) y también los precios de los productos de exportación. Sin embargo, no era una estrategia sin costos. Al deteriorar la rentabilidad de los exportadores, generó una crisis en el sector, y las ventas externas pasaron de USD 84.000 millones en 2011 a USD 57.000 en 2015.

“La industria nacional estaba protegida”. Con el sistema de Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación y la negativa a entregar dólares por parte del Banco Central, el kirchnerismo reguló las importaciones de bienes y servicios a nuestro país con especial vigor durante el segundo mandato de Cristina Fernández. Para muchos, esta es una parte vital de una estrategia de crecimiento económico, pero lo cierto es que no es así. Es que si bien con el proteccionismo uno puede estimular industrias particulares, lo cierto es que eso solo puede hacerse a costa de otros sectores y del gran público consumidor, quienes ahora tienen que pagar más por los productos que necesitan.

“La obra pública crecía y generaba empleo”. La industria de la construcción perdió 27.000 empleos formales desde diciembre de 2015, lo que se atribuye al freno que el gobierno le puso al avance de la obra pública. La caída de la construcción, sin embargo, es anterior a 2016, ya que de julio a diciembre del año pasado ya se habían perdido otros 35.300 puestos. Esta caída se originó cuando se desinfló la burbuja del gasto estatal en obra pública, allá por julio de 2015. Ahora el punto a destacar es que todo ese gasto, que generaba empleo en la construcción, debía pagarse con dinero público, que generó déficit fiscal e inflación. Nuevamente el beneficio de un sector particular se hizo a costa de otros sectores, de los contribuyentes y de todos los tenedores de pesos.

El intervencionismo tiene esta característica. A la larga, termina mal, pero a la corta, puede estimular determinados sectores puntuales a costa de otros. Nada es gratis.

Lo malo del gobierno kirchnerista quedó a la vista en los altos niveles de inflación, la pobreza en alza, y el déficit fiscal más elevado en 25 años. Ahora los supuestos logros no eran más que un esquema insostenible, que al beneficiar a unos a costa de otros estaba condenado al fracaso.

Cualquiera tiempo pasado NO fue mejor, y la economía argentina manejada por Cristina Fernández, Axell Kicillof y Guillermo Moreno es un ejemplo claro de por qué.

Comentarios

Articulos Relacionados

Comment 1

  1. julian

Deja tu respuesta

Compartido