¿Qué va a hacer cuando desaparezcan los bancos centrales?

Dan Denning, para MoneyWeek, traducido al español en exclusiva para Inversor Global

Al alterar las señales de los precios, las tasas de interés a corto y largo plazo, los bancos centrales de las principales economías han puesto en riesgo billones de dólares en ahorros a lo largo y ancho del globo. Si bien el mundo se ha enfocado en los riesgos del Brexit, uno mayor ha emergido: que el “final” de los bancos centrales provoque caídas masivas tanto en los precios de los bonos como de las acciones.

Contrario a los intereses expresos de los bancos centrales, la posibilidad de que las tasas de intereses aumenten nuevamente parecería remota. Después de todo, la Reserva Federal de Estados Unidos ha dado marcha atrás en su plan de normalizar las tasas este año. En respuesta, los retornos de los bonos del Tesoro a 10 años registraron un mínimo del 1,57% a mediados de junio.

Eso, en sí, no fue tan alarmante, pero lo que ocurrió luego sí. La prima por plazo del bono del Tesoro a 10 años cayó a niveles récord y se volvió negativa. ¿Qué significa eso? La prima por plazo sería como un retorno extra que los inversores demandan por tomar el riesgo que conlleva prestar dinero por más tiempo.

 Como indica el nombre, uno esperaría, en general, que sea positiva, pero en junio cayó por debajo de 0. En otras palabras, los inversores no están demandando una compensación extra por prestar a largo plazo. De hecho, están ofreciendo un descuento.

Esto está impulsado, en parte, por la demanda de activos líquidos “seguros”, tales como los bonos del Tesoro, y, en parte, por una expectativa de que las tasas de interés permanezcan bajas y de que la deflación sea un riesgo más grande que la inflación.

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Esto sugiere que a pesar de las medidas radicales de los bancos centrales, y la ausencia de una deflación real en las estadísticas estadounidenses, los inversores han dado por perdida la idea de que la inflación levante vuelo. Y esto no ocurre sólo en Estados Unidos.

Por un período corto en junio, toda la curva de retornos de Suiza, es decir, los bonos de todos los vencimientos experimentó lo mismo. En otras palabras, los inversores le están pagando al gobierno helvético para que pueda prestar su dinero para cualquier cosa hasta 30 años.

Esto refleja una aversión al riesgo extrema, una fuga en pánico hacia la seguridad entre los inversores institucionales, lo cual también ha llevado a los bonos alemanes a 10 años a un territorio negativo y a los bonos británicos, a mínimos históricos.

Con más de la mitad de los bonos públicos mundiales, cerca de US$10 billones, a retornos negativos, el terreno está listo para que ocurra una aniquilación devastadora del mercado de títulos.

Los inversores de bonos están apostando enormes cantidades de capital a que las tasas no van a aumentar por mucho tiempo. Aun así, dado que las tasas actuales se encuentran en sus mínimos históricos o cercanos a esos niveles, ¿no parece imprudente?

Es precisamente cuando todos piensan en que va a ocurrir una tendencia que hay que pensar diferente. Los grandes movimientos, los que arruinan o recompensan a los inversores, ocurren cuando menos los esperamos.

¿Qué sigue? Sabemos que las tasas de interés negativas incentivan la toma de riesgos peligrosos. Cuando los bancos centrales empujan las tasas hacia abajo, aspirando billones en bonos públicos y privados, obligan a otros inversores a tomar riesgos más grandes con su capital en búsqueda de retornos. ¿Pero cuál será el catalizador del colapso? Después de todo, Janet Yellen (titular de la Fed), claramente, no tiene deseos de aumentar las tasas de interés, y los bancos centrales europeos, japonés y británico todavía están muy rezagados con respecto a la Fed.

Entonces, ¿qué podría hacer que las tasas aumenten, los precios de los bonos se derrumben y la inflación se descontrole?

Japón nos dará la respuesta. Una de sus recientes propuestas incluye bajar las tasas de los depósitos para estimular los préstamos. No es el primer banco central en hacerlo, pero se puede decir que es el más abierto a políticas radicales, en particular cuando lucha por acercarse a su objetivo de inflación.

Las tasas de interés negativas son cobradas sólo por los bancos comerciales por depósitos realizados en el banco central. Pero la dirección de la marcha es bastante clara. Supongamos que el mundo se ve inmerso en un estancamiento, con poco crecimiento, poca inflación y, aparentemente, no hay salida.

Los bancos centrales no van a encogerse de hombros y seguir adelante. Se volverán más radicales que nunca. Hay tres cosas con las que hay que tener cuidado: el dinero helicóptero (la emisión de dinero que se entrega lo más directamente posible), las tasas de depósitos negativas sobre tus ahorros (no sólo sobre reservas de bancos comerciales) y el “dinero sellado” o efectivo que vence.

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Helicópteros y cupones

En el caso de Japón, el dinero helicóptero podría tomar vuelo de dos formas en 2016. Primero, a través de la monetización de la deuda. Ello ocurre cuando el banco central emite dinero para comprar bonos del gobierno directamente, así que es una política fiscal (gasto público) financiada con dinero emitido en vez de mediante aumentos de impuestos o el endeudamiento.

Alternativamente, hay otra opción de dinero helicóptero que Japón ya ha intentado. En 1999 y 2009, el gobierno les entregó “cupones de compras” a los consumidores con el fin de impulsar el gasto. Ello no funcionó, principalmente, porque los cupones servían sólo para ciertos bienes y la mayoría vencía a los seis meses; no eran equivalentes al efectivo.

El dinero helicóptero próximo debería poner en las manos de los consumidores un elemento más similar al efectivo y luego introducir un elemento de “deterioro con el tiempo” para que quieran gastarlo.

Gravar tus ahorros

Esto nos lleva a las tasas negativas sobre los depósitos. Una forma de hacer que la Sra. Watanabe (la ama de casa proverbial japonesa) gaste es gravando sus ahorros. Las tasas de interés negativas hacen que tus ahorros disminuyan, en vez de que aumenten,  cuanto más los dejas en el banco. La idea es alentarte a gastar.

El problema radica en que, en Japón, la amenaza de las tasas de interés negativas ha llevado a que las ventas de las cajas fuertes se disparen. En Europa, algunos bancos comerciales han guardado su efectivo en bóvedas en vez de mantenerlo en el Banco Central Europeo, debido a las tasas de interés negativas a las que han sido sujetos.

El dinero no es riqueza

“Si deseas destruir una nación, primero debes corromper su moneda”, escribió Adam Fergusson en su clásico de 1975 sobre la inflación de Weimar, “When money dies” (Cuando el dinero muere). “Por ende, el dinero sólido debe ser el primer bastión de la defensa de una sociedad”, agregó. Fue un consejo sabio durante el último período de nuestra historia económica cuando la inflación destruyó los sueños de ahorros y jubilación de toda una generación. Y, hoy, los bancos centrales modernos, en su deseo por impulsar el crecimiento, han hecho que su proyecto central sea destruir el dinero sólido.

Cuanto más caen las tasas, más extremos son los esfuerzos de los bancos centrales para evitar o escapar de la deflación. Cuanto más desesperadas sean sus políticas, mayor será el riesgo de alcanzar niveles destructivos de inflación.

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