Lo bueno, lo malo y lo feo de invertir en la Argentina

Ante los ojos internacionales, la Argentina ha dado los pasos correctos para reinsertarse en la dinámica financiera global en los últimos meses. No obstante, aún quedan algunos asuntos internos por resolver y por ende, se ha retrasado la llegada de grandes oleadas de capitales de inversión.

¿Ofrece Argentina una oportunidad de compra en los mercados emergentes a la vieja usanza? El país arregló sus deudas (y juicios) internacionales pendientes en abril, y el nuevo gobierno reformista completó nueve meses en el poder sosteniendo un nivel de aprobación superior a 50%, por lo que suena bien.

El vecino Brasil, altamente importante para la economía argentina, tocó fondo y empezó a rebotar en lo que se refiere a los mercados de capitales. Pese a todo, Argentina sigue siendo la tercera economía más grande de Latinoamérica, y como siempre tiene la bendición de los recursos naturales.

Los mercados emergentes en general están disfrutando de una recuperación. Argentina, después de su década en la jungla, ni siquiera es un mercado emergente según MSCI, firma que confecciona los índices. Si alguna vez existió la posibilidad de abalanzarse sobre una oportunidad de valor, parecería ser que finalmente llegó.

Ese fue el mensaje que se transmitió esta semana, cuando el presidente Mauricio Macri y su equipo se reunieron con los inversores en la Bolsa de Valores de Nueva York, durante una conferencia del Financial Times sobre “La Nueva Argentina”. A juzgar por la multitud que asistió, el nuevo gobierno genera mucho interés.

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Sin embargo, lamentablemente Argentina ya estuvo en esa situación antes. “La Nueva Argentina” es incluso el título de una canción del musical Evita, que cuenta la historia del surgimiento del populista Juan Perón hace 70 años. La inestabilidad política de Argentina, y su inclinación por el populismo, los defaults y las devaluaciones hacen desconfiar a los inversores.

Y la oportunidad de Argentina y su mayor riesgo llegan a ser la misma cosa. Después de sus años en la jungla, tiene un sistema financiero que es demasiado superficial para una economía de su escala. Los activos bancarios, que equivalen al 35% del PBI según SNL, son diminutos comparado con Chile o Brasil (a cerca del 130%), o incluso Colombia o Perú (66% y 70% respectivamente).

El volumen de la Bolsa de Valores de Buenos Aires es minúsculo. Según la Federación Mundial de Bolsas, hubo 156.000 operaciones diarias el mes pasado, ni siquiera el 1% de las 20,2 millones de acciones que se negocian diariamente en el Bovespa en Brasil, y menos de la mitad del volumen en Chile, que tiene una economía más chica y un sector corporativo menor.

Brasil tiene serios problemas políticos y económicos propios, pero todavía tiene un mercado de valores profundo y que funciona. Argentina, para un país de su tamaño, no lo tiene. El comportamiento del Merval, que se duplicó en términos de dólar desde que comenzó a vislumbrarse una transición política en el verano de 2013 con muchas fluctuaciones en el trayecto, muestra esa falta de liquidez.

El mercado de capitales local es mínimo y, debido a la última administración, no aprovechó los importantes pools de capital que se desarrollaron en los planes de jubilaciones privadas patrocinadas por el estado de Chile, Perú, México y Colombia. Todos esos países adoptaron regímenes donde los trabajadores deben aportar a planes de pensión.

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En 2014, según cifras de la OCDE, eso había creado un total activos jubilatorios por u$s 195.500 millones en México y u$s 165.500 millones en Chile. Los pools de capital en Colombia y Perú son de u$s 63.300 millones y u$s 38.300 millones, respectivamente. Argentina también adoptó un sistema jubilatorio similar, pero lo abandonó en 2008 para aplicar un régimen estatal de reparto. Eso dificulta el desarrollo del mercado de capitales local.

Siempre y cuando se pueda estabilizar la economía, la oportunidad es evidente. Los mercados inevitablemente se profundizarán, el sistema financiero se expandirá y quienes hayan invertido temprano sacarán provecho. Si MSCI lo incluyera nuevamente entre los mercados emergentes, atraería cuantiosos fondos. La mejora constante de su calificación crediticia con el correr del tiempo debería bajar los rendimientos de 6,6% a algo más cercano al 3,35% de Colombia, o a menos del 4,63% de Brasil.

El riesgo es igual de evidente. Con ese volumen de operaciones tan reducido y tan poca liquidez, no habrá manera de salir si las cosas no salen bien. Las ventajas son grandes, pero también lo son las desventajas.

Los riesgos son casi totalmente políticos. Si el pueblo argentino se convence de que debe mantenerse en un camino que por el momento implica inflación de dos dígitos y recesión, es casi inevitable una expansión de los mercados. La pregunta sobre si los argentinos permitirán que eso suceda

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