El negocio de los aceites premium se sube al boom de la comida saludable

Crecer en medio de las tinieblas y anticipar buenos resultados cuando el contexto sólo ofrece pálidas. Eso es lo que ocurrió con el mercado de aceites en los últimos años, un sector que logró un crecimiento importante aun cuando el agro sufrió las consecuencias de impuestos y retenciones que recién se van acomodando.

Las últimas medidas implementadas en materia cambiaria y comercial permitirán recomponer la rentabilidad en lo inmediato, pero será necesario trabajar en el mediano plazo en cuestiones referentes a la competitividad estructural, y puntualmente sectorial, para sostener y potenciar la capacidad exportadora.

Esta es la realidad que abarca a los productores de aceites. Argentina está consolidada en el séptimo lugar a nivel mundial en producción de grasas y aceites, mientras que para el actual ciclo 2015/2016 se espera un fuerte crecimiento que alcance los 10,2 millones de toneladas.

Si se analizan los ocho países líderes, el nuestro registraría este año el mayor crecimiento productivo, con un incremento interanual estimado en 10,2%.

El buen posicionamiento argentino en el mercado mundial de grasas y aceites obedece, específicamente, al poroto de soja que le permite obtener aceite de soja.

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Pero además, otras especializaciones permitieron a los productores diversificarse y fortalecer diferentes negocios, los cuales se adaptan a una era más “sofisticada” en cuanto al consumo gourmet.

Nos referimos específicamente a la producción de aceite de oliva. El mismo se convirtió en un producto altamente requerido en las góndolas de los supermercados o en aquellos pequeños comercios especializados en productos premium. Allí, la oferta se multiplicó y el mercado encuentra cada vez más consumidores dispuestos a pagar altos precios por una “botellita” de oliva.

Mientras que España es el principal productor, seguido por Italia, Grecia y Portugal, Argentina es el más importante de América del Sur y hoy en día algunas bodegas, además de elaborar vinos de alta calidad, también producen esta clase de óleos.

Ser parte de este negocio permite encontrar otras aristas a un producto de consumo masivo que nada tiene de especial, como es el aceite de maiz o de girasol, el más común para condimentar una ensalada. Sin embargo, ahondando un poco más en la materia prima, se pueden lograr otros resultados que permitan captar diferentes nichos de mercado. Hace poco Inversor Global lo contó en el caso del té, hoy desembarcamos en este rubro.

Lo primero que se requiere para lograr una buena oferta es ser productor de aceitunas, para lo cual se necesita el terreno y el clima adecuado, o bien comprarlas a quien se ocupa de producirlas. En el país son zonas muy buenas para su cultivo las provincias como Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca.

El segundo aspecto a tener en cuenta son los tiempos de maduración y recolección, clave para obtener una buena calidad; y el cuidado en el  transporte hasta que lleguen a ser procesados para el resultado final.

En cuanto a los costos, son muy variables de acuerdo a la calidad del producto, ya que actualmente no alcanza únicamente con que sea extra virgen. En el aceite de oliva hoy existen varietales, blends y aceitunas Frantoio, Arbequina y Arauco.

La clave, en estos casos, más allá del costo, es el cuidado de la calidad y el marketing que se emplee para comercializarlo. Como pasó con el vino, que se convirtió en un producto donde el “naming” y la imagen ganaron cada vez más terreno, también el aceite tiene hoy un nuevo nicho para crecer. Esto quiere decir que los productores fueron logrando conquistar nuevos segmentos a raíz de la especialización.

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Perspectivas

Mirando hacia el futuro hay buenas expectativas para el sector. Se estima que el aceite de oliva será el cultivo con mayor crecimiento de la Argentina hacia 2016 y, por si esto fuera poco, duplicaría su producción en 2020, según describe el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial (PEA) del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.

En los próximos años, la superficie olivícola nacional alcanzaría las 110.720 hectáreas, con una producción anual superior a las 100.000 toneladas de aceite de oliva. Esto posicionaría a la Argentina en el décimo lugar por superficie dedicada a esta actividad y la convertiría también en uno de los diez primeros productores mundiales de aceite.

Por otro lado, en otros rubros, los aceites derivados de la soja,  Argentina estaría vendiendo al exterior el 70% de su producción de aceite de soja, en tanto que el 30%  restante quedaría en el mercado interno para abastecer a la industria del biodiésel y a otras demandas derivadas de los consumos locales.

Es decir, en cualquiera de las especializaciones, se vienen vientos de cambio que pueden ser aprovechados por los pequeños y medianos inversores.

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