Luche contra la contaminación y gane

El medio ambiente está siendo atacado y aquellas empresas que dan batalla en esta crisis se convertirán en grandes apuestas de largo plazo. Ya no sólo es lo correcto, sino también lo que conviene. 

Jonathan Compton, para MoneyWeek, traducido al castellano para Inversor Global.

A todos nos preocupa el medio ambiente. Puede que nos molesten las bolsas de basura que adornan las esquinas o las vías de los trenes, el tema de la recolección o de la contaminación aérea. Aun así, la mayoría de nosotros sentimos que no podemos hacer nada.

A menudo, los activistas parecen histéricos y alteran los hechos con regularidad. Las empresas y los planes ambientales parecen ser, para sus promotores, no mucho más que esquemas para volverse ricos con rapidez.

Los gobiernos y sus departamentos tienden a restarles importancia a los problemas ambientales graves, salvo cuando mejoran la imagen. Una buena razón es el miedo a causar preocupación general. Otra es la tremenda suma de dinero que se necesita para rectificarlos.

Mundialmente, el mejor ejemplo es el desmantelamiento de las plantas nucleares: aunque nadie sabe bien cuál es el costo de hacer esto, incluso los cálculos estimados más bajos son enormes. Por consiguiente, todos los gobiernos, sin excepción, han dibujado el impacto a largo plazo.

Una tercera razón que explica el letargo gubernamental es el simple desconocimiento. La “ciencia del medio ambiente” está en pañales. Las causas y los efectos de muchos problemas y los posibles efectos colaterales de las medidas de reparación siguen sin ser entendidas.

Muchas de las pruebas científicas aparentan ser convincentes, pero también parecen contradictorias. Veinte años atrás, se nos instaba a comprar autos diesel para reemplazar la gasolina con plomo por su daño atmosférico tóxico. Se ha descubierto ahora que el diesel es más dañino para la salud humana que el combustible sin plomo.

Los directivos no lo van a ver venir

A pesar de todas estas incertidumbres y contradicciones, las cuestiones ambientales son de gran importancia y deberían estar en la cima de la lista de un inversor, ya que entender mal esto puede ser financieramente dañino: la cantidad de normas está aumentando junto con el interés y la conciencia popular.

Estas nuevas reglas van a destruir a muchas industrias aparentemente seguras, mientras se crean oportunidades para la inversión en otros lugares.

Hasta 2008, la industria contaminante del carbón en los Estados Unidos parecía indestructible. Financiaba políticos y, a través de grupos de influencia bien financiados, aplastó a la oposición, aunque universalmente todos coinciden en que el carbón es el más dañino de todos los combustibles fósiles.

Uno de los gigantes de la industria era Peabody Coal, el cual, en ese entonces, cotizaba a más de US$ 80 la acción. Hoy, el precio ronda los US$ 4. Aun así, cuando entrevisté a Peabody Coal durante sus años de gloria, los directivos se negaron a aceptar que las nuevas regulaciones o las alternativas más baratas afectarían a su industria.

Más abajo en la cadena alimenticia se encuentra una de las empresas ferroviarias más grandes de los Estados Unidos, Norfolk Southern Corp., cuyos directivos entrevisté en 2013. Transportar carbón por ferrocarril era una parte importante de su negocio. Además de una caída en la demanda de carbón, debido a un aumento repentino en la oferta de gas local barato, la empresa simplemente negó que el panorama para el carbón no fuera bueno o que las regulaciones fueran duras.

Esto fue lo que me dijo un vocero de alto rango: “si es necesario, siempre podemos importar a Europa”. Aparentemente, no estaba al tanto de que la Unión Europea (UE) tiene regulaciones más duras y políticos más conscientes en lo que hace a temas ambientales. Ambas empresas estaban en una fase de negación acerca de los cambios más importantes en la dinámica de sus empresas.

Así que no se puede dar por sentado que los directivos preverán este tipo de amenazas. Muchas otras compañías, incluidas las mineras, las constructoras, la industria manufacturera y las agropecuarias, se encuentran en una situación similar.

Los agricultores en la UE están furiosos por una pila de regulaciones nuevas, que, para 2020, van a restringir de manera severa -y en algunos casos van a prohibir- el uso de muchos pesticidas y otros químicos.

Las preocupaciones acerca del impacto de un aumento rápido del deterioro ambiental, junto con un marco regulatorio más duro, podrían producir un caos en el sector corporativo. Sin embargo, la consecuencia más grande será económica y golpeará -en particular- a los países de rápido crecimiento de Asia.

Los índices de contaminación muestran, como es de esperar, a los países más pobres con gran contaminación. Egipto, Bangladesh, China e India están en problemas, mientras que los más desarrollados -con poblaciones pequeñas- registran los mejores números, tales como, Nueva Zelanda y Suecia. Aun así, Asia, que representa el 61% de la población mundial y con un crecimiento en desorden, no se ha dado cuenta de las amenazas del crecimiento a cualquier costo.

Incluso si se tomaran medidas preventivas ahora, nada podría evitar que la nueva generación de trabajadores sufra un nivel récord de discapacidad física y mental causada únicamente por ignorar el medio ambiente.

El aumento del “efecto Thames”

Además del costo obvio para la economía, tal enfoque casual se está volviendo inaceptable socialmente. Y, aun así, la respuesta política sigue siendo contradictoria. En marzo, una ex conductora de TV produjo un video corto sobre la contaminación aérea, el cual en cinco días fue visto por más de 150 millones de personas en un solo sitio web. (La contaminación aérea de China es terrible en las ciudades más importantes. Durante las Olimpíadas de Pekín, se prohibieron los autos privados para reducir la contaminación área; la Asociación Olímpica consideró que era muy alta para los atletas).

Inicialmente, el video recibió los elogios de algunos de los líderes de los partidos, pero fue tan controversial y popular que en menos de dos semanas fue prohibido.

Los asuntos ambientales no llegan a ser titulares sino hasta que producen daño. Un buen ejemplo fue Londres durante el siglo XIX y “El Gran Hedor”. El río Thames era un basural abierto y el canal más contaminado del mundo. En el verano de 1858, Londres se detuvo.

Las aguas residuales del Thames comenzaron a solidificarse y cocerse, luego, a fermentarse durante una ola de calor. En menos de 18 días, el Parlamento promulgó una de las primeras leyes ambientales. Hoy, el nivel de oxigeno y la vida marina del Thames están mejor que en muchas áreas rurales. El ejemplo de Londres es alentador, desde el punto de vista de que la degradación puede ser revertida.

La escala del problema ahora es tan grande que es difícil entender los números. A un nivel básico, hay 1.700.000.000 de personas que no tienen acceso a agua potable o instalaciones sanitarias. Aun así hay señales de que el mundo puede estar por cambiar y la raza humana podría tener suficiente buen juicio para no autodestruirse en menos de dos generaciones.

El impacto ambiental sobre la salud está actuando como un catalizador poderoso. También lo está haciendo el “efecto Thames”,  ya que en muchos países los problemas son visibles y están afectando a las élites dirigentes y a los ciudadanos comunes de la misma forma. Aunque el ritmo es lento, están apareciendo mejores marcos reguladores, no sólo en los países desarrollados, y, lo que es más importante, el cumplimiento de las regulaciones está mejorando.

Asimismo, existe una tendencia a largo plazo alentadora e importante. Las personas y los desastres naturales son los contaminantes más importantes. Poco podemos hacer acerca de los últimos y las soluciones radicales de la población como, por ejemplo, en Exodus (Dios matando a todos los recién nacidos para castigar al faraón), han pasado de moda.

Aun así, el crecimiento de la población ha alcanzado un punto crítico. Entre 1950 y 2015, la población mundial creció de 2.500 millones a 7.000 millones. En la década del 60, se registró la tasa más rápida de crecimiento en la historia del 22% durante la década y luego cayó al 7% en los 10 años hasta 2020, y se pronostica una caída de tan sólo el 0,5% para 2050. Por ende, puede que evitemos estrangularnos hasta morir, lo cual hace que las inversiones a largo plazo durante este período de cambio demográfico importante sean particularmente interesantes.

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Al investigar ideas sobre en qué empresas invertir del sector, me llevé una sorpresa: no podía encontrar un fondo para recomendar que se concentrara en agua potable o el medio ambiente. Casi todos los que registraban el mejor desempeño durante los últimos cinco años se habían comportado peor que sus puntos de referencia.

Mi primera recomendación es el “pez gordo” en tratamiento de aguas y residuos, Veolia Environnement SA (París: VIE), que cotiza en París, la cual, con una capitalización de mercado de 10.800 millones de euros, es la empresa más grande en el sector y tiene un alcance internacional amplio, en especial en países en vías de desarrollo. Como ventaja adicional, actualmente, cotiza con un rendimiento de los dividendos relativamente alto del 3,6%.

A mí -en particular- no me gustan las compañías de energía solar o eólica. Aunque ambos sectores se han recuperado recientemente, hay una capacidad de excedentes considerable, lo cual hace dudar sobre su rentabilidad. Uno de los problemas principales con la energía alternativa es la capacidad de almacenamiento. Hasta el momento, ninguna empresa ha desarrollado baterías eficaces grandes para almacenar el excedente de energía, pero ocurrirá. Por lo tanto, debo recurrir a una recomendación anterior, otra firma francesa, SAFT Groupe (París: SAFT), en la cual tengo tenencias hace bastante y que ha mostrado un gran desempeño durante los últimos seis meses. Esta empresa fabrica baterías para uso industrial y de defensa, y –recientemente- ha construido una nueva planta enorme en los Estados Unidos. Como todos los fabricantes de baterías, está intentando resolver el problema del almacenamiento, pero -mientras tanto- tiene un negocio fuerte y en recuperación.

Había un grupo dedicado al medio ambiente llamado Hyder Consulting, el cual fue adquirido por la empresa holandesa Arcadis NV (Ámsterdam: ARCAD). Brinda servicios de consultoría de diseño para la construcción, el medio ambiente y el tratamiento de aguas internacionalmente y, aunque es relativamente caro con una relación precio/ganancias de 20 veces, debería registrar un gran crecimiento de las ganancias.

Mi última sugerencia es la empresa que cotiza en Tokio Kurita Water (JP: 6370), que se encuentra entre las 10 mejores compañías dedicadas al tratamiento de aguas del mundo. Si bien es cara en comparación con el mercado japonés, esto es justificado ya que está muy bien posicionada para obtener beneficios de las necesidades urgentes en Asia en lo que respecta a agua potable y saneamiento.

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