El dólar es un fraude

Y los trabajadores, los ahorristas y los inversores son los tontos. La opinión de Bill Bonner, exclusiva en castellano para Inversor Global.

El dinero pasa de mano en mano en un mundo con economistas, bancos centrales, diarios y televisión. Lo que la gente cree acerca de él, y lo que ven y escuchan, afecta lo que piensan sobre el dinero que tienen en los bolsillos y lo que pueden hacer con él.

Leemos nuestro correo. Muchos suscriptores son escépticos. ¿Estamos culpando al sistema monetario de todos los males del mundo? No, respondemos… No de todos ellos. ¿Pero los males de hoy? Sí, casi todos son el fruto de la gran burbuja crediticia.

No tenemos ningún consejo útil con respecto a la mayoría de los malestares mundiales. Siempre habrá fanáticos y asesinos. Siempre habrá auges y depresiones. Siempre habrá estupidez, corrupción y demócratas, música mala, vino malo y arquitectura mala.

Una vez que empezamos a nombrar las desgracias mundiales, es muy difícil frenar. En cuanto a la mayoría de lo que ocurre en el planeta Tierra o incluso en nuestra propia casa, sabemos poco y entendemos aún menos.

Sin embargo, hemos estado observando, estudiando y analizando el sistema monetario mundial por muchos años, el cual no será comprendido por la mente humana completamente tampoco, pero hay partes de él que se han entendido, como la imagen de una isla a través de la niebla que apenas podemos distinguir.

Nuestro trabajo es decirles lo que vemos, y lo que vemos es un desastre inminente. El sistema monetario creado luego de 1971, en el cual el dinero mismo se convirtió en un concepto nebuloso, y el dólar se transformó en un pagaré -uno que no sabemos de quién provino- es un fraude.

El dólar no es dinero real. No representa ni trabajo, ni ahorros, ni riqueza real. Lo pueden fabricar los funcionarios públicos cuando se les da la gana. La cantidad que deseen. El “capital” es falso también. Generalmente, no tiene recursos reales que lo respalden. Son simplemente piezas de papel verdes o peor, sólo el fantasma de electrones pasando a través del espacio.

¿Y qué hay del ahorrista? Debe considerarse un tonto. ¿Qué obtiene de toda esa autodisciplina, esa paciencia y ese deseo de renunciar a la satisfacción inmediata para obtener retornos más grandes en el futuro? Nada.

Esto, también, es producto de la burbuja crediticia. Los trabajadores, los ahorristas y los inversores honestos son considerados unos tontos. Los trabajadores ganan menos que antes de que comenzara la crisis de 2008 y hay menos de ellos. La población estadounidense cuenta con dieciséis millones de adultos más que hace cinco años y hay dos millones menos de puestos de trabajo.

Aun así, el dólar no respaldado, la base de toda nuestra economía mundial, está aumentando en valor. ¿Puede creerlo? Estos dólares nuevos se mueven por toda la estructura del mundo material como Kudzu en una autopista de Alabama. Y ahora están acabando con todo.

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Pero estamos divagando, desvariando y sermoneando, ¿no? No. Nos estamos acercando a una idea importante, y nos está sorprendiendo. Pocas de las cosas que han ocurrido en los últimos 30 o 40 años no han sido de cierta forma pervertidas, al menos, afectadas por este nuevo sistema monetario.

¿Compró una casa? Ha disfrutado del crédito ofrecido por este nuevo dinero. ¿Por qué esa casa estaba disponible a ese precio? Porque todo el sistema funcionaba con este nuevo crédito. ¿Y de dónde sacó el dinero para comprarla? ¿No salió también de esta economía financiada por el crédito?

¿O deberíamos hablar de política? Una vez trabajamos junto con Grover Norquist (hace mucho) para intentar contener el crecimiento del gobierno. Demandamos al gobierno en nombre de los niños, sosteniendo que era inconstitucional someter a la gente joven a una deuda que no había sido ni incurrida ni disfrutada por ellos.

Esa demanda fue rechazada. Luego, intentamos lograr una reforma constitucional que solicitaba presupuestos federales equilibrados. Casi lo logramos, pero cuando Ronald Reagan fue elegido presidente quienes nos apoyaban desaparecieron. Ya no era necesaria la reforma, creían: su hombre estaba en la Casa Blanca.

Cuando eso fracasó, Grover apareció con “La Promesa”. Los candidatos al Congreso firmaron la promesa: no se sancionarían más impuestos. Grover creía que si se le podía denegar esto a la recaudación fiscal, se podría contener al gobierno.

Sin embargo, él no había contado con la burbuja crediticia. Ésta impulsó las ganancias de capital y los ingresos y aumentó así la recaudación fiscal para los federales. Además, los federales pudieron obtener créditos a tasas bajas, lo cual les quitó importancia a los aumentos impositivos. Ni Barack Obama ni George W. Bush tuvieron que aumentar los impuestos para pagar sus guerras en el Medio Oriente; ¡podían pedir el dinero prestado!d

El dinero fácil ha hecho a toda la economía mundial a su imagen y semejanza. ¡Qué imagen es ésa!

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