Que las vacaciones no quemen la billetera: Enterate cómo

El descanso suele ser el momento en el que la disciplina de ahorro de todo el año se va a la basura, con argumentos como “me lo merezco” o “me lo gané”.  Nadie lo pone en duda, pero existe una manera de no sufrirlo tanto a la vuelta.

Las vacaciones son uno de los grandes desafíos para el presupuesto familiar. Además de ahorrar para el futuro, pagar créditos hipotecarios y préstamos para otros bienes durables y afrontar los gastos de la vida cotidiana, se calcula que la mayor parte de las personas deberá destinar hasta el 20% del ingreso anual al ansiado descanso. Sin embargo, con algo de planificación y trucos de viajeros es posible reducir al mínimo ese impacto en el presupuesto del año, al tiempo que se limita la resaca financiera posterior.

En el comienzo, la planificación

Si el ahorro es la base de la riqueza, la planificación es la clave que permite transformar a ese ahorro en un hábito cotidiano. No hay escapes fáciles. Sin registrar, analizar y administrar los gastos e ingresos es imposible ser dueño de lo que pasa con nuestro bolsillo. Por eso la planificación de las vacaciones no es más que una parte del presupuesto anual de una persona o una familia. Dentro de ello se calcula que 2,6 salarios son una porción sana del ingreso para destinar a las vacaciones familiares.

“El error más común es empezar a planificar las vacaciones en base a los destinos deseados en lugar de supeditar eso a la capacidad económica. A todos nos gustaría ir a un cinco estrellas en Mónaco, pero quizás no todos deberíamos”, dice Mariano Otálora, especialista en finanzas personales.  “Tratar de adaptarnos al destino elegido en lugar de adaptar el destino a nuestras posibilidades es lo primero que hay que evitar”, agregó.

Por eso, dentro de un presupuesto anual lo primero es asignar el monto de dinero máximo que se está dispuesto a gastar en las semanas que se dedican al descanso. Esto no significa que haya que tener en la mano todo ese dinero en efectivo para poder usarlo en vacaciones, ese dinero es parte del ahorro cotidiano durante todo el año.

Y también, además, es válido usar dinero con el que no se cuenta a través de préstamos y otras herramientas financieras. Los pagos de los préstamos que se tomen son parte del presupuesto posterior al viaje. Por eso, asignarle un presupuesto al viaje incluye también lo que se puede gastar con dinero prestado.

El presupuesto es clave

Para elaborar el presupuesto de un viaje conviene ir de mayor a menor. Si el viaje es fuera del país, e incluye aéreo, el pasaje suele ser el gasto individual más importante. El segundo gasto más importante suele el hospedaje. Lo que se ahorre en estos gastos claves será, por lo tanto, lo más determinante.

Sitios como Trip Advisor, Expedia, Kayak, Roomer, Yelp, Orbitz y Hotwire ayudan a elegir todas las alternativas en esos dos rubros, en otros también. Un buen truco para saber si se está pagando de más es hacer como las empresas privadas: armar no menos de tres alternativas independientes para elegir la más conveniente.

Pero concentrarse en el pasaje y el hotel también puede ser una trampa para almas descuidadas. El día a día, con sus pequeños gastos hormiga, no puede quedar exento de la planificación. Un truco –quizás algo amargo para el espíritu veraneante, pero que nuestro yo futuro va a agradecer- es mensualizar cada compra compulsiva que se haga. ¿Un trago exótico en la barra del hotel? Multiplique el precio por la cantidad de días de la estadía para saber si es un permiso a concederse por única vez o sustentable durante todo el viaje.

Para incluir en el presupuesto el día a día hay que calcular las cuatro comidas, los precios promedio en el lugar, si se cocinará o se comerá afuera, etcétera. Segundo, los traslados diarios, entradas a atracciones y otros elementos de consumo cotidiano deben ir allí.

Y una vez hechos todos los cálculos predecibles, además, conviene dejar no menos de un 10% del presupuesto sin asignar para imprevistos. De nada sirve engañarse a uno mismo: si no se cuenta con el dinero suficiente como para cubrir los gastos imaginables más un 10%, el presupuesto no es real, sabemos que vamos a gastar más que eso.

Anticipación en pasajes y hoteles

Una de las claves para ahorrar en el costo final de un viaje está en la anticipación. Un estudio del portal CheapAir.com sobre los pasajes de 1.926.320 vuelos arrojó como resultado que las aerolíneas suelen mantener estables los precios bajos de sus pasajes hasta 90 días antes de la fecha de salida.

Típicamente, las líneas aéreas permiten comprar un boleto hasta 335 días antes de su fecha de salida. Sin embargo, aunque semejante anticipación garantiza el máximo ahorro, no es mucha la diferencia entre esto y esperar hasta que falten tres meses. En ese período, los precios se mantienen relativamente estables. Según el mismo estudio, los vuelos internos de Estados Unidos tienen una lógica similar, pero la suba de los precios arranca 30 días antes, con lo cual no es tan necesario anticiparse. Las diferencias no son menores: el precio en la última semana antes del vuelo puede llegar a ser hasta 100% mayor al comprado con anticipación.

Aunque menos determinante, la reserva en hoteles con anticipación también genera ahorros que en el agregado terminan siendo importantes.

Ida y vuelta sale menos

Ya sea que se trate del viaje principal, conexiones intermedias o incluso de alquilar un automóvil, siempre hay que recordar que el ticket de ida y vuelta es siempre el más barato. Por eso, quien planifique un viaje alrededor de Asia o Europa bien haría en dibujar un círculo con su itinerario: el objetivo es que el vuelo llegue y salga del mismo aeropuerto. Aún si es imposible que todos los viajes sean de ida y vuelta, siempre conviene revisar el precio. aunque suene increíble, muchos ferrocarriles y líneas aéreas cobran a veces menos por el viaje de ida y vuelta que por el de ida. En ocasiones  conviene dejar sin usar un pasaje.

Estos ahorros son igual de jugosos cuando se trate de alquilar un automóvil. Si bien algunos viajes lo hacen imposible, en la medida de lo realizable se puede intentar entregar el vehículo en la misma sucursal en que se lo retira: cuando se hace lo contrario el costo puede llegar a ser hasta 75% mayor en algunos casos.

Diferencias de cambio a favor

En plena era de guerra de monedas –donde países en problemas compiten con devaluaciones para abaratar sus exportaciones- el viajero informado puede sacar provecho. Así como los bienes que produce una economía pueden gozar de bajas de precio sustanciales ante una devaluación, lo mismo sucede con el turismo receptivo. Se vuelve muy conveniente.

Por ello, conviene estar al tanto de los grandes movimientos de monedas a nivel mundial. Así, el dólar estadounidense está en la salida de una era de abaratamiento que no para de subirlo. No dudamos aquí de los atractivos de los Estados Unidos de América y de su zona de influencia dolarizada, los destinos del Caribe en general, pero la dura verdad es que se han ido encareciendo en comparación con otros destinos del mundo.

Este año, por ejemplo, se ha abaratado, respecto del dólar, el euro. El valor en dólares de la moneda del viejo continente se redujo 12% en el último año, resultado de una política monetaria expansiva del Banco Central Europeo que probablemente continúe el año próximo.

Mucho más interesante ha sido el abaratamiento de Brasil. El real perdió 55% frente al dólar en el último año, haciendo a sus playas y sus ciudades uno de los destinos que más se abarató durante el año pasado. Cerca, Uruguay, redujo en casi 21% el valor en dólares de su moneda durante los últimos doce meses.

¿Tarjeta o préstamo?

La tarjeta de crédito es la gran aliada del turista global. Gracias a su hoy omnipresente aceptación internacional permite hacer pagos en cualquier moneda, en cualquier lugar del mundo, con sólo mostrar un plástico que no se moja, no se rompe, no tiene sentido robar y se repone fácil en caso de pérdida.  Por eso, siempre debe estar en el bolsillo del viajero. Pero ese plastiquito también conlleva riesgos.

El economista y director de Estudinero, Nicolás Litvinoff, cuenta en su página un estudio del año 2001, hecho por profesores de negocios de la universidad estadounidense MIT Sloan School of Management Drazen Prelec y Duncan Simester. Ante un partido de básquet con entradas agotadas organizaron una reventa por subasta: ofrecieron a la mitad la oportunidad de pagar con tarjeta de crédito y pidieron a la otra mitad que lo hiciera en efectivo.

Lo que vieron es que el grupo que podía pagar con tarjeta de crédito ofertó casi el doble de dinero que el que debía pagar en efectivo. “Eso establece la idea de que el consumidor se encuentra dispuesto a gastar mucho más de lo que puede o debe cuando no tiene que desprenderse inmediatamente de su efectivo”, sostiene Litvinoff.

El principal problema de la tarjeta es la falta de autocontrol. Pero hay otro: la tasa de interés. En general, los préstamos personales cobran tasas más baratas que la financiación con tarjeta de crédito. Tiene el problema de llevar el efectivo, pero se soluciona fácil depositando el dinero prestado en una cuenta y usando una tarjeta de débito para hacer los pagos o retirarlos de cajeros automáticos.

La tarjeta, sin embargo, sigue siendo conveniente para pagos que se cancelen en el primer vencimiento en forma íntegra, ya que los costos financieros en este caso son prácticamente nulos. Cuando el objetivo es dividir un pago en cuotas de varios meses, en cambio, suele ser más conveniente el préstamo personal. Con lo cual consulte los detalles a su banco y siga esa lógica: pagos de una vez, con tarjeta, pagos grandes y a plazo, con préstamos.

Comprar efectivo barato

Al cambiar de país, conseguir el efectivo necesario para los pequeños gastos cotidianos debe ser considerado como una compra más. Porque de hecho lo es. Aquí la herramienta online es importante: conviene consultar en foros de viajeros los lugares más económicos para cambiar moneda extranjera, pero hay algunas reglas generales.

En principio el aeropuerto es el peor lugar para hacerlo. Los spreads (el diferencial entre el precio de compra y venta) de las casas de cambio en las terminales aéreas puede llegar a superar el 15% en algunos casos extremos. Es un severo daño financiero, que se acrecienta cuanto mayor es la operación.  Los centros –si son seguros- de las ciudades suelen ser más económicos.

También como principio general conviene tener en cuenta a latarjeta de débito y a la tarjeta de crédito. Los cajeros automáticos, muchas veces, generan las operaciones cambiarias más económicas. Aun cuando usted tenga depositados billetes de su país natal en el banco cercano a su hogar y esté en un país cuya moneda ni siquiera conoce, prácticamente todas las tarjetas pueden ser utilizadas. Así, por ejemplo, podrá extraer dinero de una cuenta en dólares en Brasil y que el cajero le dé reales: es una operación de cambio automática que suele ser relativamente económica.

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