Evitá el divorcio por asuntos de dinero: te explicamos cómo

Dos de cada tres parejas terminan separándose y el factor determinante para ello, aún por encima de la infidelidad, suele ser la plata. Hablar es vital para sostener a la pareja, pero para que el diálogo sea efectivo es necesario que la conversación incluya cuestiones económicas.

La pareja y la familia suelen ser vistas como lo opuesto al mundo del trabajo, el dinero y las finanzas. Los conflictos económicos son los más comunes, esenciales y determinantes de los que se viven dentro de la pareja. Aunque el hincapié en la relación humana está puesto en cuestiones románticas, compatibilidad de personalidades y satisfacción sexual, la vida en el día a día tiene más que ver con un trabajar en conjunto en pos de objetivos que no siempre están tan claros como sería conveniente.

En la Argentina se calcula que 2 de cada 3 parejas terminan separadas y que la probabilidad de caer en una ruptura amorosa cada vez es más frecuente (el 50% de las parejas se separa o se divorcia en menos de 10 años) y los asuntos de dinero tienen mucho que ver, por lo que siempre conviene prestar atención a los consejos financieros en este sentido.

¿Ahorra siempre en este banco?

El licenciado en Administración de Empresas especializado en Planificación Financiera Personal Mariano Otálora es autor de un libro que pone a la pareja en el centro de las preocupaciones financieras. En “Amor, sos la inversión de mi vida” este autor asegura que esa tasa de fracaso en las parejas no responde a desacuerdos amorosos o a las clásicas infidelidades, al menos no en la mayoría de las veces. El causal de separación más común es el económico.

En su libro, el especialista critica el tabú que existe respecto de hablar de cuestiones económicas y financieras en la pareja. Casi como si preguntarse gustos, preferencias y sueños en las primeras citas fuera una cobertura algo hipócrita de lo que en realidad termina siendo una pareja: una sociedad de trabajo y consumo.

Así, a las conversaciones iniciales de la pareja, quizás habría que agregar algunas preguntas respecto a dónde se pretende llegar en el futuro, cuáles son las costumbres de consumo y ahorro y qué tan importante es el estatus para cada uno.

“Uno quiere ahorrar, el otro prefiere cambiar el auto; uno sueña con tener el techo propio, el otro prefiere vivir sin estar ajustado a fin de mes y alquilar un departamento. Por eso, existen algunas preguntas básicas  que es esencial hacer para acordar posiciones y evitar conflictos. Por ejemplo, ¿alguna vez conversaste con tu pareja sobre si mantiene a sus padres o a sus hermanos? ¿Tenés algún tipo de negocio que en caso de que no resulte pueda impactar en la salud financiera del amor? ¿Estás al tanto de si tiene o no una deuda y si podrá enfrentarla?  ¿Tenés claro si ambos quieren alcanzar los mismos objetivos?”, aclara.

A la hora de dialogar sobre asuntos de dinero conviene llevar calculadora, papel y lápiz

La periodista especializada en finanzas personales, Cecilia Boufflet, autora del libro “Economía con tacos altos” señala todo tipo de fuentes de conflicto económico.

“En cuanto a los principales conflictos financieros entre mujeres y hombres diría que los más visibles tienen que ver con el gasto, si uno es muy austero y otro más consumista, hay choques permanentes”, señala.

“Pero los más complejos tienen que ver con los conflictos de poder y de autonomía, en función de cuánto gana cada uno, cuánta libertad para gastar y para decidir tiene sobre las prioridades y las inversiones de la pareja. El clásico ejemplo es que el hombre quiere cambiar el auto y la mujer arreglar la casa. Otro es que el proveedor (el que más aporta) quiere o tiene poder de decisión y el otro queda en una situación de sometimiento que trae conflictos a la larga o a la corta”, añade.

El que más gana, manda

Uno de los errores más comunes que cometen las parejas contemporáneas es precisamente ése: dejar que todo el peso de la economía caiga sobre uno de los dos y, con ello, también todo el poder de decisión sobre asuntos de dinero. Aunque los ingresos sean desiguales, la participación en el sostenimiento de la pareja puede ser igualitaria.

Por ejemplo, algunas parejas solucionan esta disparidad creando una cuenta en común para los gastos de ambos, en la que en lugar de aportar la misma cantidad de dinero, aportan la misma proporción de los ingresos.

Aun cuando uno de los dos integrantes de la pareja no aporte siquiera un centavo al ingreso familiar –el caso del ama de casa a tiempo completo- eso no quiere decir que quien no suma dinero no esté colaborando con su trabajo y, por lo tanto, que no tenga poder de decisión.

“El concubinato beneficia a la persona que tiene la posición financiera dominante (desigualdad de bienes) y perjudica al que menos tiene porque en caso de una separación no hay bienes gananciales para dividir, cada uno se queda con lo suyo”, explicó Otálora.

“En cambio, en el casamiento sucede todo lo contrario: se perjudica el que más tiene ya que debe compartir los bienes gananciales, aquellos comprados durante la convivencia, en forma igualitaria con su pareja.

En este caso, la situación del ama de casa es la más riesgosa. En un contexto en el que dos de cada tres parejas serán separadas por cosas que no son precisamente la muerte, salir del mercado de trabajo y perder los contactos o habilidades requeridas para mantenerse a uno mismo es un riesgo serio.

Por eso, los especialistas recomiendan tomar como mínimo recaudos esenciales. Es importante que quien no trabaja exija a su pareja que le pague los aportes jubilatorios, para al menos garantizarse una vejez con algún ingreso económico. Y, por otro lado, conviene mantenerse actualizado y en contacto con el mundo del trabajo, aunque sea en forma free lance y desde casa.

Derrochadores y tacaños

Las diferencias entre dos personas que comparten la vida pueden ser infinitas. Así como los ingresos que se consiguen a la hora de producir pueden ser diferentes, también puede serlo la predisposición a ahorrar o gastar.

Hay quienes destinan una porción del ingreso a ahorro sin importar el momento y quienes prefieren pagar todos los meses en cuotas los gastos hechos con tarjeta en el pasado.

“Muchas veces uno de los miembros de la pareja quiere ahorrar para tomar unas vacaciones especiales o pagar una membresía para un club donde quiere hacer deportes y está convencido de que lo merece porque trabaja todo el día. En cambio, la pareja elige las pequeñas satisfacciones cotidianas que son percibidas por el otro como un gasto superfluo. El que no puede conseguir su objetivo considera que la pareja no valora su trabajo, pero en realidad nunca lo discutieron”, dice Boufflet.

“En la actualidad es muy difícil que una pareja prospere sin cierta independencia, los tiempos cambiaron”, suma Otálora. Cada persona tiene que tener un espacio de autonomía para gastar y darse un gusto. Es importante que exista ese canal paralelo, tanto como es importante que exista otro en el que haya un plan común de ahorrar, consumir, invertir”, concluye.

Adaptación al cambio

Cuando hay dos personas, los problemas son dobles. Por ejemplo, se duplica la posibilidad de que alguno se quede sin trabajo o ingreso; que sufra algún imprevisto –de salud, familiar u otro- que lo obligue a gastar más de lo planificado.

Aquí, como en todas las guías de finanzas personales, es esencial contar con un fondo de emergencia (esto vale tanto para cuando se está en pareja como para cuando se está solo) que permita sostener dos o tres meses de gastos comunes sin necesidad de nuevos ingresos.

Pero además de ello, es importante… hablar. No alcanza con discutir las finanzas de la pareja una sola vez. Cada nuevo cambio, cada nuevo objetivo y cada nueva contrariedad deben ser puestos sobre la mesa otra vez para que las partes en forma libre puedan tomar sus decisiones para hacer frente al cambio que se presentó. Ante cada nueva situación, vuelta a sentarse con la calculadora a mano.

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