Cómo ganar cuando todo se derrumba

Los índices estadounidenses parecen haber encontrado un techo, casi sin ganancias con respecto a sus valores del año pasado. Mientras tanto, las plazas de otros puntos del planeta muestran avances algo mayores, pero con síntomas de agotamiento.

A falta de señales de nuevas subas y con la inminencia de un aumento histórico de la tasa de la Reserva Federal (Fed) tras siete años en los mínimos, algunos inversores advierten sobre la posibilidad de que ocurra un nuevo “flash crash” de profunda caída, seguida de pronta recuperación.

Pero el hecho de que se puedan avizorar bajas no quiere decir que no se puedan sacar réditos, las bajas también son redituables. Ventas en corto, opciones y fondos estructurados inversos forman parte de la caja de herramientas de quienes quieren ganar a costa de los que pierden.

El inversor que sonó la alarma fue Paul Singer, el septuagenario titular de Elliot Management, quien en una extensa carta a sus asociados advirtió respecto de una posible repetición del abrupto derrumbe que sufrieron en agosto los mercados globales.

Singer no es el único. Diversos fondos y bancos de inversión señalaron en las últimas semanas que como resultado de las bajas tasas de interés, los eventos bélicos en Medio Oriente y el grado de apalancamiento del sistema financiero podríamos ver en el futuro cercano fuertes caídas seguidas de recuperaciones rápidas. Algo muy parecido a lo que se vio a fines de agosto pasado podría estar siendo anunciado en los mercados de bonos globales.

“El hecho de que la recuperación después del 24 de agosto fue casi tan rápida como el colapso no sirve de ningún consuelo para los que entienden que el funcionamiento del mercado tal como está estructurado y organizado en la actualidad es poco sólido, por lo que el alcance y la intensidad de los episodios futuros está a la espera de ser develado”, escribió un sombrío Singer.

Este tono tan oscuro tiene su explicación en que el derrumbe de agosto dejó su marca en la psiquis de los inversores. Ese día el índice de volatilidad CBOE (VIX) alcanzó su nivel más alto en cuatro años. Fue un verdadero movimiento telúrico, por lo que los pesimistas tomaron nota.

 “A priori, a las acciones se les debería hacer más difícil crecer en un ambiente menos reflacionante de activos financieros como el que se viene si la Fed sube las tasas, pero tampoco es tan lineal. De hecho, la evidencia de largo plazo indica que retornos en acciones son mayores cuando tasas de interés son mayores”, dijo Eric Ritondale de la consultora Econviews. “Tasas bajas se asocian a bajo crecimiento y probable exceso de ahorro o falta de inversión. Si la economía real y los fundamentos no están bien, no habría que esperar mucho retorno en acciones, y viceversa”, agregó.

A esos vaticinios se les suma, además, la falta de crecimiento que muestran los principales índices estadounidenses. El más abarcativo de Wall Street, el S&P 500, avanzaba apenas 1,05% interanual a fines de noviembre. El índice industrial Dow Jones, por su parte, estaba prácticamente empatado con un avance interanual algunos decimales negativos. El Nasdaq, que agrupa a las compañías tecnológicas, es el que mejor avance muestra con una suba de casi el 7% en 12 meses.

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Más saludables, en cambio, se ven los europeos con la suba de más del 14% del Dax alemán y el avance por encima del 16% del Dax francés, siempre tomando la variación acumulada en 12 meses a partir de septiembre. Pero a ojos de los analistas estos mercados también muestran síntomas de agotamiento.

Con todo, el consenso entre los inversores quizás no sea el de un derrumbe a la 2008, pero sí el de la posibilidad de encontrar volatilidad suficiente como para volver mucho más probable para ellos otro bache en las curvas de los mercados que una escalada en el futuro cercano. Puede que la nueva expectativa de una suba de la tasa en los Estados Unidos se concrete en diciembre como pareció indicar la Fed en sus últimas comunicaciones o que, como en septiembre, otra vez no sea más que una amenaza.

Pero la perspectiva de esa posibilidad también pesa sobre los inversores acostumbrados a siete años de operar con tasas cercanas a cero.

“Creo que se viene un mercado muy volátil pero no veo caos. Si bajista es ver bajas de 5% al 10% estoy de acuerdo, pero si bajista es pensar en destrucción del valor, entonces no. Cuando la Fed sube tasas por crecimiento económico, la historia nos muestra que eso genera mucha más volatilidad, pero no caos. Estamos en esa fase y ya lo vimos con lo que sucedió con los mercados en el últimos trimestre. Fuerte baja seguida de fuerte alza. Y creo que vamos por ese camino”, analiza Leonardo Chialva de Delphos Investment.

Javier Salvucci de Silvercloud Advisors se ubica más lejos aún de la sombría visión de Singer, pero así y todo encuentra oportunidades de hacer ganancias con las bajas.

“No creo que estemos en presencia del comienzo de bear market en los Estados Unidos. Además creo que la suba de tasa es una buena señal hacia el mercado de acciones, ya que anticipa una economía saludable y en crecimiento (todo lo contrario al escenario post Lehman). Y si la primera suba de los tipos se da en diciembre, se piensa que va a ser un alza muy gradual muy dependiente de los datos que vayan saliendo y no se espera en el corto plazo un ciclo de suba de tasas tradicional (como fue en los 90). De darse, descolocaría mucho al mercado sobre todo de renta fija aumentando la probabilidad de un colapso en el mismo, sobre todo en los segmentos más riesgosos (high yield y mercados emergentes)”, sostiene.

Pero por más que la volatilidad genere situaciones de temer y veamos las fotos de los operadores preocupados cada vez que los precios se ponen en rojo, en general por cada pérdida hay una ganancia.

Existen distintas opciones para sacar provecho aun cuando las cosas salen mal. Hay acciones a las que les va mejor en recesión que en auge económico, como las segundas marcas de alimentos, los bonos que emite el Tesoro de los Estados Unidos y metales preciosos como el oro, que suben cuando todo el mundo busca refugio.

Veamos el menú…

ETF’s inversos: los Exchange Traded Funds (ETF por sus siglas en inglés) son instrumentos de ahorro muy similares a un fondo común de inversión, ya que incluyen dentro de sí mismos una gran cantidad de activos. La diferencia con los fondos es que cotizan en el mercado y se los puede comprar como si fueran una acción cualquiera en lugar de suscribirlos. Hay ETF’s que siguen a índices como el S&P 500 o el FTSE de Londres, otros que imitan los movimientos de sectores como el petrolero o el farmacéutico y algunos que imitan el precio de materias primas como el oro o la soja.

Entre toda la variedad también los hay “inversos”, es decir, fondos que generan ganancias cuando los activos a los que están asociados bajan, mientras que sufren pérdidas en la situación opuesta.

“Quizás los ETF inversos más atractivos hoy podrían ser los relacionados a tasa de interés (las siglas de los más conocidos son UBT y TBT), aprovechando la volatilidad de la renta fija –bonos que pagan un rendimiento predeterminado- para operar con ellos o utilizándolos como cobertura”, sugiere Salvucci.

Puts

Aunque de ninguna manera se trate de una opción para inversores principiantes, todo aquel que acumule algo de tiempo en el arte de invertir debe familiarizarse con las opciones. Existen dos clases, “calls” y “puts”.

Las opciones call consisten en el derecho a comprar un activo, generalmente una acción, a un precio predeterminado que se conoce como “precio de ejercicio”. Estas suelen ser útiles para adelantar subas en un papel.

Las opciones put son exactamente lo contrario: implican el derecho a vender un activo, también a un precio determinado de ejercicio, y son las que se utilizan para apostar por bajas. Ya que estamos previendo posibles declives, estas opciones son las que nos interesan.

Al operar con puts se paga una prima y con ella se obtiene el derecho a vender un activo a un determinado precio en un plazo determinado cuyo límite es la fecha de expiración de la opción, también llamado “fecha de ejercicio” o “vencimiento”.

Con los puts hay dos formas de ganar. Una es que el activo subyacente baje por debajo del precio de ejercicio, ya que cuanto más bajo sea ese precio mayor es el diferencial que se obtiene como ganancia. La otra forma es revender el put, es decir la prima, a un precio mayor al que se pagó originalmente. Las primas de opciones de los activos más cotizados tienen valores que suben y bajan, como los de cualquier otro activo.

Venta en corto

La forma más común de apostar por bajas en lugar de subas es la venta en corto –“shortselling” en la jerga-, una maniobra que consiste en vender un activo que no se tiene en el presente. Para ello, primero es necesario alquilar esa acción o ese bono, esperar que baje, recomprar el activo y entregarlo en devolución al que lo había cedido en alquiler en un principio.

Complejo como suena, este sistema está bastante establecido en mercados grandes y desarrollados, donde la liquidez es tanta que el inversor se asegura de poder comprar y vender en momentos muy precisos. En plazas como Wall Street el shortselling está tan estandarizado que los bancos de inversión lo ofrecen a una tasa pre estimada de ganancia que va subiendo a medida que la cantidad de inversores que apuestan en contra de un activo va creciendo.

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El principal riesgo de la venta en corto es que puede generar pérdidas ilimitadas. Pensemos por un momento en una compra tradicional de una acción. Si vale 10 y baja a 0, se habrá perdido todo el capital invertido, pero no más. En el caso de la venta en corto, como las pérdidas ocurren cuando un activo sube, el monto en riesgo es potencialmente infinito.

“Bearspread”

Para inversores sofisticados o bien asesorados por su broker hay un juego con opciones de put y call que permite hacer ganancias interesantes. Bajo el nombre en jerga de “bearspread” se conoce a una ingeniería que consiste en adquirir una opción de compra de un activo –call o put- y a su vez vender una opción de compra del mismo activo pero en un precio más bajo. La idea de hacer esto es apostar por una ampliación entre la distancia entre los dos precios.

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