Mas allá del plazo fijo: Fondos Comunes de Inversión

Es la mejor alternativa para principiantes y minoristas, porque permite diversificar aun con poco capital. La clave detrás es el conocimiento: se cede la administración del dinero a un tercero para poder abarcar mercados y sectores que no se dominan. 

Si la clave de la riqueza es el ahorro, la de la inversión es el conocimiento. A la hora de colocar excedentes a trabajar las opciones son infinitas, pero -salvo que el dinero esté en manos de profesionales o de personas con muchos años de mercado encima- siempre conviene contar con ayuda especializada.

Así, el sector financiero ofrece lo que es la vía de entrada más recomendable para una primera inversión, una manera de diversificar riesgo sin contar con grandes patrimonios y, también, una vez que el ojo está entrenado, una excelente forma de asumir riesgos sensatos para aspirar a resultados jugosos. Los Fondos Comunes de Inversión (FCI), administrados por sociedades gerentes, pueden cumplir todos esos roles.

Un FCI (en esta nota nos ocupamos también) es un instrumento de inversión colectiva. Se crea cuando una sociedad gerente recluta a un grupo de personas con similares objetivos para que le cedan sus ahorros con el fin de que sean administrados en forma común por profesionales conocidos como gerentes de portafolio o portfolio managers.

Estos terceros encargados de las decisiones de inversión adoptan las políticas establecidas en el reglamento de gestión, un contrato que regula la relación entre el inversor y el fondo, mientras que los inversores reciben porciones del fondo llamadas cuota partes. Cada inversor, de acuerdo al monto que destina, es dueño de un número determinado de cuota partes y es -en base a esas tenencias- que se calculan las ganancias y pérdidas de cada uno.

Así, mientras que el inversor pierde independencia de criterio y flexibilidad a la hora de colocar su dinero, gana en diversificación, escala y poder de mercado por las dimensiones del fondo.

“La inversión en un fondo común es muy recomendable para inversores que recién empiezan, que manejan muy poca plata o que quieren apostar por un mercado o sector al que no conocen suficiente”, dice Mariano Otálora, especialista en finanzas personales y autor de una serie de libros de difusión sobre la temática.

“El conocimiento de los gerentes es clave para el que recién empieza o el que cree que Vietnam o Rusia van a crecer en el futuro pero no sabe dónde ni cómo invertir; y el tema de la escala también, porque es difícil empatar la diversificación que te da un fondo colocado en decenas de activos cuando tu inversión es pequeña”, agregó.

Así como tiene ventajas, el Fondo también tiene sus defectos. El primero y principal es que al manejar grandes carteras de activos y, en muchos mercados, contar con una buena parte del volumen que se opera en el país, las sociedades gerente tienen poco margen para desarmar posiciones ante un cambio negativo en el mercado.

Cuando, por ejemplo, un shock como el que golpeó a Wall Street en 2008 tras el estallido de la burbuja de las hipotecas subprime arrasó con las cotizaciones de bonos y acciones de empresas financieras, los FCI sintieron todo el peso del crack. Los volúmenes de activos basura con los que contaban eran tan grandes que, sencillamente, no había a quién vendérselos para sacárselos de encima y el derrumbe de sus precios se trasladó de inmediato al valor de las cuota partes de sus inversores.

Ésta es la gran diferencia entre el fondo común de inversión y un exchange traded fund (ETF). Este último, aunque también es una estrategia de diversificación en sí –son fondos que incluyen dentro de sí mismos decenas de activos, como acciones o títulos de deuda- se destaca porque su precio se establece por oferta y demanda como el de cualquier valor.

El ETF cotiza en Bolsa, a la par de las acciones que lo componen. De esa manera, su precio no se establece en forma indirecta por la variación de los activos que lo componen sino en forma directa. El problema del ETF es, a la vez, su ventaja: al permitir elegir exactamente en qué tipos de activos se apuesta, permite ser más preciso, pero obliga a una decisión mejor informada y fundamentada. El ETF es muy líquido y es más fácil de desarmar en caso de problemas, pero también requiere montos de inversión mínimos mucho mayores (desde US$ 5.000 por cada uno) y es más fácil equivocarse.

“La diferencia es que en el FCI cuenta con una cartera activa, decidida por un profesional, que -aunque no está exento para nada de bajas- está controlada y administrada por un profesional”, agrega Otálora.

El Fondo, por lo tanto, es una alternativa de inversión como cualquier otra, con sus ventajas y desventajas. La clave para cada inversor es decidir, entonces, cuál se ajusta mejor a sus necesidades. Elementos como el tipo de Fondo (con los tipos de activos que incluyen), el horizonte de inversión (¿cuánto tiempo debe quedar el dinero inmóvil para obtener los dividendos deseados?), nivel de riesgo y desempeños pasados suelen ser los principales a la hora de elegir.

Pero también es necesario conocer el tiempo de salida –la mayoría permite recuperar la cuota parte en 24 a 72 horas, algo muy importante si se está manejando liquidez  de corto plazo- y los costos que cobra cada Fondo (hay algunos que cobran comisiones muy altas al salir y entrar).

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Los cuatro tipos de Fondos

Los hay de renta variable, que invierten principalmente en acciones y su horizonte de inversión es largo, y de renta fija, que invierten mayormente en títulos de deuda pública o privada, o una combinación de ambas, y cuyo horizonte de inversión puede ser corto, mediano, largo o flexible, dependiendo de las estrategias de inversión establecidas.

Una tercera especie sería la de renta mixta, colocados en una combinación de acciones y títulos de deuda, con horizontes de inversión variables.

La última gran familia de fondos son los de mercado de dinero, que son Fondos colocados a plazo fijo –permite a inversores minoristas captar tasas de depósitos mayoristas- y cuentas a la vista, títulos de corto plazo y efectivo. El horizonte de inversión es el más corto de todos y se utilizan, generalmente, para dinero ocioso, aunque en tiempos de tasas altas suelen ser muy interesantes para inversiones más estratégicas.

Después, todos estos Fondos pueden tener carteras pasivas o activas: los primeros están colocados en una serie de activos, por ejemplo las que componen un índice, y nunca se cambian independientemente de su rendimiento; los segundos permiten toda clase de movimientos defensivos o expansivos por parte del administrador dentro de ciertos límites. Estos últimos son los más comunes.

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La cuota de riesgo

El nivel de riesgo, aunque nunca es predecible en un 100%, es parte de la oferta misma de un Fondo. En líneas generales, salvo particularidades, los más volátiles suelen ser los de renta variable y los más sólidos los de renta fija. Pero aun en cada categoría las propias sociedades gerentes suelen ofrecer algo distinto para cada perfil de riesgo.

El riesgo es la contraparte de las expectativas de rendimientos. Es importante, al decidir, saber qué parte de los ahorros se está colocando en un fondo. Si es dinero guardado para un pago futuro y el objetivo es que no se deprecie, un fondo de mercado de dinero suele ofrecer poco riesgo. Si se trata de ahorros para el retiro, un fondo de renta fija o mixta de largo plazo puede ser la mejor opción.

Ahora, si se trata del 20% o 30% de su cartera que se desea poner en riesgo con la esperanza de sacar una ganancia, los fondos más agresivos de renta variable (o que se invierten en los activos de renta fija más volátiles) son la mejor opción.

“A la hora de optar, quién lo administra y quién lo audita son datos importantes para elegir un Fondo. El prestigio del administrador o de la sociedad gerente es muy importante, porque a la larga todos ofrecen lo mismo. También es necesario ver cómo se movió el Fondo en el pasado, la regulación los obliga a mostrar esto, pero no es un pronosticador de lo que va a pasar en el futuro”, dijo Eric Ritondale, economista senior de Econviews.

Los Fondos permiten seleccionar sectores, industrias y hasta regiones geográficas y esa misma decisión es una apuesta. En la Argentina, por ejemplo, ninguno se salvó de la caída que sufrió el mercado durante 2008 y el siguiente año por la nacionalización de las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP).

“Más allá de estar con el Fondo correcto, poner el dinero allí no es olvidarse de la inversión. Requiere, como cualquier otra colocación, cierta conciencia e información del contexto económico: entrar y salir del fondo de acuerdo a los vaivenes del mercado es clave para terminar con una cuota parte más valiosa de la que se pagó al principio”, concluye Ritondale.

La industria de los Fondos en la Argentina

Los FCI en la Argentina no han sido ajenos a los vaivenes de un sector financiero que, sumado, no ha logrado en toda la última década superar el 12% del PBI. Sufrió el derrumbe que sobrevino tras la devaluación de 2002 y el terrible golpe de la nacionalización de las AFJP que eran los principales actores del mercado. Con todo, gracias en parte a regulaciones que crearon Fondos orientados a infraestructura y a pymes, más particularidades propias de los controles de cambio que despertaron la creatividad de los administradores, se mantiene con una oferta variada y voluminosa.

A la oferta tradicional de los FCI se le suman, en la Argentina, varia clases sui generis. Los Fondos de infraestructura y pymes, aunque interesantes para los amantes de riesgo (sobre todo estos últimos), están prácticamente reservados para inversores institucionales que, por ley, están obligados a invertir parte de sus tenencias en proyectos productivos.

Otra creación propia del mercado argentino es el fondo dollar-linked, en rigor un instrumento de renta fija invertido en bonos provinciales y corporativos que ajustan por variaciones del tipo de cambio. Desde octubre de 2011 la Argentina ha ido incorporando gradualmente distintas trabas regulatorias para impedir o dificultar el acceso el mercado cambiario, en un contexto de restricción externa que presiona al peso.

Este año, el Gobierno creó un sistema de cupos mensuales para la compra de divisas por parte de individuos, pero la protección de sumas grandes respecto a las variaciones del tipo de cambio sigue siendo difícil. Los Fondos atados al dólar surgieron en respuesta a ello. Cuando en enero de este año el Banco Central de la República Argentina instrumentó una devaluación del 23%, fondos de esta clase rozaron rendimientos del 30% en sólo un mes.

“Las expectativas de devaluación siguen firmes, pero hoy la coyuntura argentina gira alrededor del juicio por la deuda”, sostiene Eric Ritondale de Econviews. “Como todo, la posición es defensiva, los únicos fondos que recomendaría son los de tasa de interés, de mercado de dinero, hasta que aclare el panorama”, finaliza.

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  1. Monica

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