¿Es posible la deflación? Te contamos de que se trata

Nery Persichini, editor de Revancha Argentina, nos cuenta cuales son los factores en juego dentro de un contexto de “deflación”. Anteriormente te habíamos contado todo sobre la inflación, deflación, hiperinflación y mucho más, pero hoy vamos a compartir con vos las precisiones de nuestro especialista en este escenario económico posible.

1. ¿Qué es la deflación?

Es la caída generalizada del nivel de precios. Puede tener varias causas, pero las más comunes se relacionan con la disminución de la oferta monetaria y del crédito, y con la reducción del gasto en consumo, inversiones o del sector público. En cualquier caso, el fenómeno deflacionario ocurre para compensar un exceso de oferta de bienes o una insuficiencia en la cantidad de dinero para comprar esos bienes.

//

2. ¿Por qué es tan perjudicial?

Una economía con precios en baja no es saludable porque da cuenta de una demanda deprimida y un PBI poco dinámico o en contracción. Esto deriva en consecuencias nocivas sobre el empleo y el nivel de actividad, alimentando el peligro de una recesión. La onda expansiva también llega a los mercados financieros a través de caídas constantes en la Bolsa. Ante esta amenaza que cruza todos los sectores de la economía, los bancos centrales encaran medidas tendientes a generar inflación, tal como lo es aumentar la cantidad de dinero.

3. ¿Qué impacto tiene sobre las empresas?

Si bien precios bajos contribuyen a un descenso de los costos, las ventas no repuntan ante la raquítica demanda. En respuesta, las compañías salen a competir reduciendo todavía más los precios para no perder mercado. Pero el corolario es que ven como sus ganancias se achican y sus márgenes de rentabilidad se comprimen. Esto puede iniciar un peligroso espiral que sigue con la caída de la inversión, el cierre de empresas, el aumento del desempleo, la reducción de los salarios y la ruptura de la cadena de pagos.

4. ¿Cómo afecta al sistema financiero?

La deflación golpea la generación de créditos. Los bancos no tienen incentivos para prestar dinero con tasas de interés que tienden a cero. Ocurre un fenómeno atípico: la moneda de hoy vale menos que la de mañana. La caída de precios tiene un efecto de apreciación real sobre el dinero que hace que gane poder de compra en el futuro. Aquí las expectativas tienen un rol clave porque es más rentable retener el dinero antes que gastarlo o invertirlo. Esta situación se conoce como “trampa de liquidez” y es la pesadilla de cualquier banquero central.

//

5. Efectos sobre deudores y acreedores.

Cuando los precios caen generalizadamente, se produce una redistribución de riqueza en favor de los acreedores y en detrimento de los deudores, quienes se llevan la peor parte. El motivo es que las obligaciones contraídas por estos últimos -fijas nominalmente- crecen en términos reales, mientras que sus ingresos se desploman por el creciente desempleo y por salarios que se resienten. Semejantes adversidades pueden llevar a que se dispare la morosidad y la incobrabilidad del sistema bancario y que se resienta todavía más la oferta de crédito, agudizando el impacto sobre la actividad y el empleo.

6. ¿De qué manera repercute en los mercados?

Las empresas se vuelven menos atractivas en cuanto a sus fundamentos -evolución de las ventas, margen de rentabilidad, relación precio-ganancias, entre otros- por lo que los inversores venden sus acciones. El efecto es una caída en el precio de la renta variable a la vez que los bonos se vuelven temporalmente más atractivos y demandados, porque ofrecen seguridad relativa. Este escenario de valores deprimidos suele mantenerse hasta tanto el Gobierno no encuentre la forma de aumentar el consumo y la inversión.

7. El caso japonés.

El país del sol naciente ha convivido con deflación y estancamiento durante dos décadas. En ese lapso, promedió una inflación anual de 0% y un crecimiento anual de 0,9%. Las recetas monetarias no sirvieron porque, con expectativas deprimidas, todo el excedente de dinero que se volcó al mercado no fluyó hacia el consumo ni hacia los bancos, sino que fondeó la compra de bonos domésticos e internacionales. Esto fue favorecido por el envejecimiento demográfico. Japón es el segundo tenedor de la deuda soberana de Estados Unidos (20% del total).

8. El temor actual en Europa.

La crisis de deuda de los PIIGS (sigla en inglés de Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) puso en jaque la estabilidad económica y financiera en el Viejo Continente. La salida consistió en un rollover (refinanciación) de la deuda comprometida. Pero el efecto remanente fue una débil demanda que, actualmente, empeoró con la desaceleración de la locomotora de crecimiento europeo: Alemania. A fin de 2014, los precios crecían un 0,3% anual, un ritmo muy bajo que no alcanza para reactivar la demanda y el consumo. Tampoco es suficiente para romper con las perspectivas sombrías que pesan sobre el sector privado.

//

Deja tu respuesta