El ABC de los bonos: una guía sencilla para empezar a invertir

Diego Martínez Burzaco

Quien está dando sus primeros pasos va a encontrarse con dos categorías de instrumentos bien diferenciadas: los de renta fija y los de renta variable. Mientras los primeros hacen alusión principalmente a los bonos (públicos o privados), los segundos se refieren a las acciones. En el capítulo actual nos referiremos a los primeros.

Un instrumento de renta fija (de aquí en más un bono) es simplemente una obligación financiera  de una entidad (pública o privada) que promete pagar una determinada cantidad de dinero, en un lapso de tiempo preestablecido, a cambio de una determinada renta (a lo cual llamamos cupón).

Las características de cada bono se detallan en su contrato (en  la  jerga “indenture”),  en el cual se establecen las condiciones de emisión, el plazo, la forma de amortización, la renta a pagar, las restricciones (“covenants”) positivas y negativas, y las demás características del mismo.

Hasta aquí los bonos no revisten mayor dificultad. El mismo funciona como un préstamo que le hace el inversor a una empresa o Estado y luego el monto prestado será devuelto a una fecha prefijada, con una compensación preestablecida.

Sin embargo, no todos los bonos tienen la misma estructura. Existen algunas características particulares que merecen ser revisadas:

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Los bonos pueden ser emitidos a tasas fijas, variables, cupón step up (va creciendo con el paso del tiempo) o cupón diferido, entre otros. En lo referente a la amortización del capital, un bono puede hacer devoluciones parciales de capital previamente preestablecidas o todo al vencimiento. Inclusión de contingencias, más precisamente con cláusulas que contienen una opción de compra (“callable”) o una opción de venta (“putable”). Bonos Convertibles, son aquéllos que en determinadas fechas pueden convertirse en acciones y Bonos Perpetuos, aquéllos que no tienen fecha de vencimiento.

Generalmente tendemos a asociar los bonos a un inversor conservador o con una propensión al riesgo baja. Al tratarse de un instrumento con un pago cierto y predeterminado, es un activo menos volátil que una acción, cuya performance futura es incierta y depende de la evolución de los negocios de la empresa.

Sin embargo, dentro del universo de bonos, el riesgo que se le asigna a cada emisión es distinto y depende de la calidad crediticia del emisor. La regla de los bonos es clara y simple: a mayor cupón de interés que paga un determinado bono, mayor es el riesgo subyacente del instrumento y, en definitiva, del agente emisor.

Una manera sencilla para el inversor de distinguir el distinto nivel de riesgo asociado a cada bono es a través de las notas que otorgan las calificadoras de riesgo. En orden creciente -de menor a mayor riesgo- un bono puede tener una calificación de grado de inversión, de especulativo, de bono basura o de bonos en default (cesación de pagos).

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Aprenda a ser un inversor activo

El concepto de inversor activo descansa en la premisa de que es posible obtener rendimientos promedios superiores a los del índice o mercado explotando imperfecciones que se dan cotidianamente y que permiten obtener rendimientos extraordinarios. De esta manera, un inversor activo se destaca por realizar operaciones bursátiles con mayor frecuencia buscando señales de mercado o activos con alto potencial que lo guíen hacia mayores ganancias.

Las herramientas disponibles para llevar a cabo este tipo de estrategia de inversión son dos:

  • Análisis Técnico
  • Análisis Fundamental

El Análisis Técnico se ocupa de la interpretación de los precios de los activos que cotizan en los mercados de valores y de predecir su tendencia (pudimos ver con detalle en qué consiste en la nota de Gustavo Neffa sobre el tema). Esta herramienta utiliza los comportamientos de precios de un activo en el pasado para predecir su comportamiento futuro. Vale aclarar que cuando me refiero a predecir, debemos asignar a esta predicción un grado de probabilidad, nada es seguro. Es función del análisis técnico proveer herramientas para reducir la incertidumbre respecto de la evolución futura de los precios y por ende los grados de incertidumbre en las decisiones financieras básicas: comprar un activo, vender un activo o mantener en cartera un activo.

Por otro lado, el Análisis Fundamental descansa en la idea de que el precio de una acción  convergerá  tarde o temprano hacia el verdadero valor del negocio. Es el negocio lo que importa: el analista fundamental calcula el valor de una empresa e invierte cuando piensa que el precio de transitorio de una acción subestima este valor.

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Para llevar este tipo de estrategia adelante se utilizan como eje dos principios básicos:

Enfocarse en el largo plazo: en períodos cortos de tiempo, el precio de una acción puede moverse mucho por motivos que nada tengan que ver con valor real de la empresa. Sin embargo, el inversor fundamental tiene la paciencia necesaria para esperar que esta  situación se modifique. Es importante tener confianza en que con el correr del tiempo el  valor del activo se verá reflejado en el precio, para evitar ser víctima de movimientos especulativos. Independencia de criterio: los grandes inversores exitosos de la historia han logrado su riqueza manteniéndose firmes en sus convicciones. Como inversor fundamental es crucial desarrollar un criterio propio sobre el valor de una compañía y no modificarlo excepto que haya motivos o hechos concretos para hacerlo.

Si bien ambas estrategias, tanto la de análisis técnico como la de análisis fundamental, pueden parecer opuestas, ya que una se enfoca en el corto plazo y la otra en el largo plazo, las dos persiguen el objetivo central de un inversor activo: obtener rendimientos superiores al promedio del mercado, aceptando que para ello deben tomarse riesgos adicionales.

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