¿Por qué todos están detrás de la compañía más odiada del mundo?

Monsanto, una empresa siempre vinculada con oscuros rumores, ha recibido dos ofertas de compra durante las últimas semanas que podría devenir en un gran monopolio.

Periódicas encuestas versan sobre la reputación de las grandes marcas transnacionales y todas distinguen a Monsanto como la compañía más odiada del mundo, tanto así que incluso el 21 de mayo un montón de ciudades marcharon en su contra. Sin embargo, durante las últimas dos semanas han surgido intempestivas ofertas de compra a la compañía productora de agroquímicos, ¿a qué se debe tal interés?

La primera fue Bayer que no solo ofreció 62.000 millones de dólares, sino también su reputación, pero Monsanto decidió rechazarla por “insuficiente”, pese a que la empresa especializada en la producción de pesticidas y  semillas genéticamente modificadas, tiene un valor de mercado de 44.780 millones de dólares.

Monsanto: un oscuro pasado

En sus más de 100 años de existencia, Monsanto estuvo envuelta en decenas de escándalos: entre ellos la producción de sacarina, bifenilos, policlorados y otras sustancias que producen cáncer.

Además, la compañía fabricó el agente naranja, utilizado como arma química en la guerra de Vietnam y que causa defectos congénitos.

Los rumores continúan y al parecer hay una nueva oferta por parte de la multinacional BASF, una compañía química alemana que domina un sexteto de este mercado.

Entre los más grandes

Las otras 5 son: Dow Chemical, especializada en la producción de químicos, plásticos y rubros agrícolas, cuyas ventas estimadas son de 49.000 millones de dólares; DuPont, otra empresa química estadounidense, pero con fuertes inversiones en biotecnología, con ventas reportadas por 25.000 millones de dólares en 2015.

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Bayer es una compañía alemana sumamente conocida como productora de medicamentos, pero también produce químicos agrícolas. Sus ventas fueron de 46.300 millones de euros en el último año y la última es la suiza Syngenta, con ventas de 13.400 millones de dólares. Por supuesto, en ese top entra Monsanto.

No deberíamos sorprendernos ante este intempestivo interés, porque el mundo de las grandes corporaciones agroquímicas y semilleras está en efervescencia desde 2015.

En busca del monopolio

De hecho, no son los primeros movimientos del mercado orientados a la formación de un monopolio…

En diciembre pasado, Dow Chemical anunció su fusión con DuPont, creando la mayor industria global, lo que ayudaría a enfrentar las malas condiciones del negocio, agravadas por el descenso del precio de los commodities agrícolas.

Syngenta también recibió un par de ofertas de compra por parte de Monsanto, pero no fueron consideradas.

El beneficio para Monsanto habría consistido en acceder a una nueva cartera de agroquímicos, ya que su principal producto (glifosato) está en crisis por la aparición de malezas resistentes y su caracterización como probable cancerígeno.

La segunda oferta fue de China National Chemical Corp. por 43.000 millones de dólares que avanzó por buen sendero.

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Detrás de Monsanto

Fue una derrota para Monsanto que profundizó su crisis interna y provocó la negociación con Bayer y BASF.

La sinergia entre Bayer y Monsanto es obvia: la primera produce fertilizantes y la segunda semillas. Además, mientras una tiene una fuerte posición en el mercado estadounidense, la otra está asentada en Europa.

El problema en el viejo continente es que el proceso de autorización de la siembra de transgénicos no es tan fácil, donde la opinión pública está en contra.

Parecen muchos contras para iniciar tal negocio, pero Bayer hizo su tarea: tras realizar un estudio de la distribución geográfica y productiva del mundo hacia el año 2050, se dieron cuenta de que el principal problema para entonces sería la escasez de comida.

La capacidad de los productores para alcanzar una mayor productividad está limitada por razones múltiples como los cambios climáticos y la falta de acceso a la tecnología, pero a contramano, la industria agroquímica lentamente se ha expandido en todo el mundo, alcanzando países cuyo acceso tecnológico seguía siendo limitado incluso en este siglo.

Un negocio en auge

Aunque su reputación se vea manchada con estas empresas, cada vez son más países los que tienen acceso a herramientas que mejoran el rendimiento de sus campos y cultivos.

La idea de Bayer implica adquirir el producto Premium de Monsanto, el glifosato que ofrecen como “RoundUp” para mejorar la tierra.

De esta forma Bayer pasaría a tener una cartera de productos sumamente requeridos por el mercado y quedaría establecida como el conglomerado de agroquímicos y semillas más grande del mundo.

Esa estrategia de Bayer para finalmente adquirir Monsanto no solo implicaría afirmar el liderazgo de la firma en el sector agroquímico, sino que además tendría la tarea de redefinir el acceso a sus productos para países subdesarrollados, que aún no posen presencia de la firmas.

De haber una fusión, permitiría que Bayer se vuelva una de las compañías con más posibilidades de otorgarle una nueva dinámica al mercado agrícola.

Si seguimos de cerca las estimaciones que poseen los líderes de Bayer, el mercado a venir será muy grande y cada día será mayor la demanda por productos que exalten la producción agrícola.

Monsanto no escapa de la polémica en donde se encuentre. En la Argentina, hay un conflicto en puertas con la empresa una vez que el gobierno de Mauricio Macri cuestionó su modelo de regalías, bajo el cual algunos agricultores pagan por adelantad y otros cuando entregan sus cultivos a los elevadores de granos y a los exportadores.

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