Ni Macri puede salvar a Monsanto

El Gobierno ha cuestionado el modelo de cobro de regalías de la empresa, que desalentada ha admitido que se replantea su negocio de semillas biotecnológicas en el país.

Monsanto Co. admitió que está abierta la posibilidad de retirar sus semillas biotecnológicas de soya de Argentina, uno de sus mayores mercados internacionales, en momentos en que enfrenta problemas para cobrar las regalías y sufre la devaluación de la moneda local.

La multinacional Monsanto es una compañía agrícola, que aplica innovación y tecnología a fin de que los productores de todo el mundo aumenten su producción. Se trata del mayor vendedor mundial de semillas transgénicas en Latinoamérica, Estados Unidos y Canadá.

La pelea contra Monsanto

La disputa con Monsanto es de larga data, pero se desencadenó ahora porque la empresa acordó con las principales exportadoras agrícolas hacer tests compulsivos a cada camión de soja que ingrese a los puertos y, eventualmente, descontar dinero al productor que no pueda demostrar que pagó derechos a la compañía.

En otras palabras, el gobierno macrista ha cuestionado el modelo de cobro de regalías de Monsanto, bajo el cual algunos agricultores pagan por adelantado y otros cuando entregan sus cultivos a los elevadores de grano y a los exportadores.

Todo inició con una resolución del ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, destinada a desarticular las pretensiones de Monsanto de controlar toda la cosecha de soja en busca de los productores que no hubieran pagado regalías por su nueva semilla transgénica, la Intacta.

De parte y parte

Según Buryaile, la tecnología debe pagarse, pero cuando se adquiere la semilla y no al final del proceso. Tampoco mediante mecanismos privados que no tengan amparo en las leyes vigentes.

En meses pasados incluso se llegó a anunciar un acuerdo con la compañía, por el cual sería el propio Estado, el que realizaría los controles sobre el pago de la biotecnología, pero todo se frustró de un día a otro.

¿Por qué?

Se supo incluso que la empresa norteamericana intentó colocar sin éxito esta controversia en la agenda bilateral de temas pendientes que traía Obama cuando visitó la Argentina, algo que finalmente fue descartado.

Consecuencias inmediatas

Tales inquietudes, junto con la caída del peso argentino, han llevado a Monsanto a replantearse su negocio de semillas biotecnológicas en el país, según advirtió Michael Frank, director general de comercio de la compañía. “Estamos realizando una revisión exhaustiva de nuestro plan de negocios allí”.

Ahora Monsanto evalúa desafíos en otros mercados extranjeros.

La Unión Europea, por ejemplo, aún no ha aprobado una nueva variedad de soya de Monsanto para exportación, lo que genera dudas entre algunos productores si la UE no otorga antes el visto bueno de que los agricultores estadounidenses empiecen a cosechar los cerca de 800.000 hectáreas que Monsanto estima serán plantadas este año.

En India, una empresa conjunta entre Monsanto y una local revisa su negocio luego de que el Gobierno implementara controles de precios sobre el algodón transgénico.

En Argentina, representó 5,8% de los 15.000 millones de dólares que Monsanto facturó en 2015.

Posición firme

Aun así, las diferencias entre el Ministerio de Agrondustria y la compañía semillera por el sistema de control del pago de regalías a la soja genéticamente modificada sigue sumando capítulos.

La cartera que conduce Ricardo Buryaile recordó en un comunicado que están vigentes las resoluciones oficiales 140 y 147, por las que si una empresa privada quiere controlar en acopios o puertos la presencia del evento transgénico resistente a insectos debe contar con el aval del Estado.

Agroindustria expresó que su objetivo es “no interferir en los acuerdos privados, siempre que esto no restrinja la libertad del comercio de granos en el mercado local y externo”, tras lo cual pidió a los actores de la cadena que respeten los acuerdos alcanzados.

El Gobierno permitió a los agricultores guardar la soya cultivada con las semillas Roundup Ready de Monsanto, que permiten que las plantas no sean afectadas por el herbicida de la compañía, y replantarlas.

Pero busca otro desenlace con sus nuevas semillas de soya, llamadas Intacta RR2, que permite que las plantas resistan los gusanos y rinden más que el modelo anterior.

Pese a las resoluciones oficiales, Monsanto prosigue con la aplicación de la cláusula por la cual si detecta soja Intacta en los puertos o acopios que no fue pagada en la compra de las semillas se les mandan facturas a los productores para que en esa instancia paguen 15 dólares por tonelada que, en realidad, se descuentan de manera automática de las facturas.

Deja tu respuesta