Jubilación anticipada: cómo planificar el retiro invirtiendo

Planificar el momento del retiro no es una tarea sencilla, sobre todo cuanto más joven se es. La permanencia de planes de jubilación públicos y privados (en algunos países), además, genera la ilusión de que no es necesario preocuparse por ahorrar para la vejez.

Pero la evolución demográfica que siguen las naciones -a medida que se desarrollan- muestra que el retraso de la edad de jubilación y hasta la quiebra de los sistemas de pensiones es una posibilidad cada vez más real. Con lo cual, garantizarse un ahorro para la edad dorada corre por cuenta de uno, y hay distintas estrategias para emplear según la edad a la que se comience a hacerlo.

Si uno se detiene a pensar en la edad de retiro, no es lo mismo tener 60 años que 20. A las dificultades propias de figurarse la propia vejez se suma, en la juventud, que la inversión es a tan largo plazo que es difícil establecer una estrategia que pueda sobrevivir todos los cambios que sufrirá el mercado en el proceso.

A los 60, por otro lado, las alternativas se limitan, dada la mayor aversión al riesgo que toda persona sensata debería profesar a tan pocos años de dejar la actividad laboral.

Las estrategias, por lo tanto, deben variar de acuerdo a la edad. Lo que se mantiene estable, si uno quiere garantizarse una vejez digna, es estar atento a separar una parte de los ingresos para nuestro futuro yo.

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El punto de partida

Al parecer, es difícil pensar en el momento del retiro cuando se tiene menos de 30 años. En 2011 la firma Scottrade llevó adelante en Estados Unidos un estudio entre jóvenes de la generación Y, que a grandes rasgos se define como aquella que nació entre los años 1980 y 2003. El resultado de la encuesta fue que el 55% de los miembros de esa franja etaria todavía no empezó a ahorrar para su retiro frente a sólo un 21% que ya empezó a hacer planes para ese momento.

En realidad, según señala el estudio, los hijos del milenio no son tan raros: por ejemplo, los “baby boomers” -como se llama a la generación nacida dentro de la década posterior al final de la Segunda Guerra Mundial- no empezaron a ahorrar hasta que llegaron a los 35 años.

El problema para los nuevos jóvenes es que sus antecesores se dejaron estar, confiando en un sistema de seguridad social que está en franca decadencia y probablemente deje de existir antes de que alcancen la edad de retiro.

Es así que, aunque sea difícil, pensar lo más temprano posible en ahorrar para la vejez es una necesidad mayor hoy que en el pasado. Pero teniendo en cuenta que son pocos los que lo hacen, más allá del activo que se utilice para resguardar esos ahorros frente al paso del tiempo, ya empezar a ahorrar es un gran paso. Un 10% del ingreso es un excelente primer paso, con la expectativa de llevarlo al 15% o 20% pasados los 30.

Antes que nada, es necesario generar una base desde la cual partir. El ahorro de largo plazo no puede ser interrumpido por necesidades coyunturales que obliguen a un gasto inesperado. Para cubrir esos riesgos se recomienda tener no menos del equivalente de seis meses de ingresos en liquidez: depósitos bancarios, fondos comunes de inversión de corto plazo o efectivo. A partir de esa base se puede empezar a pensar en separar más dinero de cara al futuro.

¿En qué invertir entonces? Si se destina no más del 10% del ingreso al ahorro, el principal enemigo son las comisiones. La idea es invertir en el largo plazo, con un rendimiento razonable pero no explosivo, para minimizar el riesgo de descapitalizarse. El problema es que la reducción del riesgo requiere necesariamente de una inversión diversificada e invertir en distintos instrumentos es costoso: cada compra implica un pago a un broker.

La solución son los exchange traded funds (ETFs) y los mutual funds (o fondos comunes de inversión). Se trata de dos instrumentos que incluyen dentro de sí mismos una estrategia de diversificación. Al invertir en estos vehículos, una sola compra equivale a apostar por un importante número de activos por cada uno de los cuales habría que pagar comisiones que van del 0,8% al 1,3% de la inversión en los mercados más desarrollados. En este caso, esa comisión se paga una sola vez.

Los ETF son fondos pasivos, que incluyen una gran cantidad de activos de un índice o mercado específico y tienen una cotización propia como una acción o un bono. Los mutual funds en cambio son pooles de ahorro manejados en forma activa por un portfolio manager, lo que se compra son cuota partes y el valor de estas sube o baja de acuerdo al desempeño del fondo.

Los mutual funds y los ETFs son formas de estructurar una inversión, pero no dicen nada sobre los activos subyacentes a los que se apuesta con cada uno. Hay, por ejemplo, ETF’s que siguen el precio del oro, de una canasta de metales o de commodities. Los hay destinados a imitar índices bursátiles o bonos de deuda pública o privada. Lo mismo sucede con los fondos comunes de inversión, los hay generalistas y los hay dedicados a ciertos tipos de activos.

Así, cuando un minorista decide que quiere posicionarse en acciones o materias primas, puede invertir por igual en ETF’s o mutual funds dedicados a ellas.

Un buen ejemplo de ETF estadounidense es el SPDR S&P 500 ETF Trust, conocido por su ticker “SPY”. Su funcionamiento es de lo más sencillo: sigue a las acciones del índice S&P 500, el más abarcativo de Wall Street. En cuanto a fondos comunes, siempre en los Estados Unidos, el más renombrado es Yacktman Fund, que se ubica bajo el ticker YACKX y que se dedica a invertir en una cartera equilibrada de activos.

La principal diferencia entre estos dos activos está en la comisión: suele ser más baja en los ETFs, aunque claro, los mutual funds requieren menos atención por parte del inversor.

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La hora de hacer  la diferencia

Superada la barrera de los 30 es momento de ponernos agresivos. Quien haya logrado separar el 10% de sus ingresos durante la década previa, debería empezar a pensar en subir esa cifra al 15% y quien no lo haya logrado, al 20%.

Entre los 30 y los 50 años es cuando más productiva es una persona, con lo cual es hora de aprovechar. Pero al inicio del período además hay margen para cometer errores, con lo cual, es la edad correcta para tomar riesgos, ya que los montos a invertir pueden ser mayores, pero -al mismo tiempo- hay tiempo de corregir si algo sale mal.

Pero cuidado, con la edad también suelen crecer las responsabilidades. Aunque los ingresos suelen ser menores a los 20, la capacidad de ahorro suele ser mayor que cuando se forma una familia, se toma un préstamo hipotecario y se envía a los hijos al colegio. Los imprevistos son más difíciles de salvar si se arma toda esa estructura, con lo cual, para no tener que liquidar ahorros de largo plazo en accidentes coyunturales, es básico tener seis meses de ingreso ahorrado.

A partir de ahí, conviene invertir pensando en obtener rendimientos. Las inversiones más seguras son buenas para el largo plazo. El libro Quitándole el misterio a la planificación del retiro es una publicación del US Department of Labour que arroja algunas ideas respecto a cómo paga cada tipo de inversión de largo plazo.

Entre 2001 y 2010 los fondos comunes de “mercado de dinero” (Money market) en dólares tuvieron un rendimiento anual promedio del 1,8%, prácticamente empatados con la inflación (norteamericana, claro). Los plazos fijos a 10 años, por su parte, rindieron un promedio de 4,18%. El índice S&P 500 pagó 1,16% anual, crisis de Lehman Brothers de por medio. El Russell 2000 Index, que agrupa a pequeñas compañías, pagó 6,27% anual y el de bonos de largo plazo de Barclays Capital, 5,84%.

Estos números no reflejan necesariamente la ecuación riesgo respecto del beneficio. Por ejemplo, fue un mal período para el S&P 500, una apuesta más bien de riesgo, y bueno para los bonos de acciones de compañías pequeñas, también activos riesgosos.

Vanguard, un fondo de inversión especializado en retiro recomienda dedicar el 80% de los ahorros a activos de riesgo. Y de ese total, al menos el 70% a acciones: sólo las acciones generan el crecimiento necesario.

Entre 1926 y 2009, el mercado de acciones rindió un promedio del 9,8% anual. Pero hay momentos de bajas: entre 1973 y 1974 cayó 43%, y 47,6% a principios de este siglo.  El 30% restante se puede colocar en bonos estadounidenses, activos de refugio en caso de crisis, como un intento por blindarse ante las caídas del mercado.

Sin embargo, al llegar a los 50 existe una clave para manejar tus inversiones y tus ahorros. Pueden ser encontradas en este Informe Especial que los especialistas de Inversor Global crearon detalladamente para poder llegar de la mejor manera al tan ansiado retiro.

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