Cómo ahorrar dinero en poco tiempo: 8 pasos fundamentales para lograrlo en 2016

Los jugadores más arriesgados de los mercados bursátiles tienen un dicho que es ley para poder hacer las movidas más audaces, las que más ganancias generan, pero también las que más riesgo implícito tienen: nunca inviertas dinero que necesites utilizar.

La generación de un excedente de dinero que supera las necesidades básicas como comida, alojamiento, vestimenta, transporte y esparcimiento es vital para poder pensar en algo más que el día a día, aspirar a alcanzar metas de largo plazo o perseguir, simplemente, la riqueza.

El ahorro, por lo tanto, es la base de la fortuna y un punto de partida indispensable para la inversión. Las claves para lograrlo suelen ser de lo más sencillas: un poco de orden y disciplina alcanzan.

En la filosofía de vida de John Lefevre, el banquero de inversión detrás de la cuenta de Twitter “Goldman Sachs Elevator Gossip” y autor del libro “Derecho al Infierno”, de próxima salida al mercado, la fórmula no es tan compleja: “Trabaja duro. Come bien. Ejercita. Y sólo compra lo que puedas permitirte. No es astrofísica”.

Los jugadores más arriesgados de los mercados bursátiles tienen un dicho que es ley para poder hacer las movidas más audaces, las que más ganancias generan, pero también las que más riesgo implícito tienen: nunca inviertas dinero que necesites utilizar. La generación de un excedente de dinero que supera las necesidades básicas como comida, alojamiento, vestimenta, transporte y esparcimiento es vital para poder pensar en algo más que el día a día, aspirar a alcanzar metas de largo plazo o perseguir, simplemente, la riqueza.

El cómo ahorrar dinero, por lo tanto, es la base de la fortuna y un punto de partida indispensable para la inversión. Las claves para lograrlo suelen ser de lo más sencillas: un poco de orden y disciplina alcanzan.

En la filosofía de vida de John Lefevre, el banquero de inversión detrás de la cuenta de Twitter “Goldman Sachs Elevator Gossip” y autor del libro “Derecho al Infierno”, de próxima salida al mercado, la formula no es tan compleja: “Trabaja duro. Come bien. Ejercita. Y sólo compra lo que puedas permitirte. No es astrofísica”.

1- Llevar un registro detallado de gastos e ingresos

La mejor forma de fracasar en el objetivo de ahorrar es gastar y administrar los ingresos de una forma irreflexiva. Llevar una cuenta, nada más que un sencillo cuaderno u hoja de cálculo en la computadora, en la que poder ver un despliegue de las vías a través de las cuales se va el dinero que se gana con esfuerzo es el punto de partida y, probablemente, la tarea más difícil del camino hacia el ahorro.

Enfrentarse a los propios gastos, anotarlos cada vez y toda vez que se los realiza puede requerir una constancia difícil de alcanzar pero es un hábito enormemente satisfactorio y fructífero una vez adquirido. Poner en negro sobre blanco los gastos permite hacer análisis de eficiencia de nuestros gastos, detectar ítems en los cuales el consumo muestra patrones nocivos, repeticiones y hasta compras por encima del valor del mercado de bienes y servicios.

Además, el conocimiento de los gastos fijos e ineludibles permite saber desde qué situación se parte a la hora de ahorrar, para poder establecer prioridades y objetivos con los pies en la tierra.

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2- Separar parte de los ingresos

Uno de los métodos más sencillos para empezar a ahorrar es adaptar los gastos a un nuevo nivel. Es decir, vivir como si los ingresos de los que uno dispone fueran menores a los reales. Más de un afortunado que recibió un ascenso, un aumento o alcanzó un nuevo nivel de ingresos en sus negocios vio cómo sus gastos se adaptaban rápidamente a la nueva bonanza y, otra vez, al llegar el final de cada mes disponía de unos pocos billetes.

“Es tan simple como efectivo, con un cálculo realista de cuánto se va a gastar, se puede separar el dinero antes de que lleguen los gastos, por ejemplo en cuanto se cobra el sueldo”, dijo Mariano Otálora, licenciado en Administración de Empresas, especializado en planificación financiera personal que lanzó hace poco su quinto libro, “Amor, sos la inversión de mi vida”, sobre las finanzas en pareja, reseñado en esta edición.

3- Establecer objetivos realistas de ahorro

Muy relacionado con lo anterior, es importante tener los pies sobre la tierra. Poner objetivos extremadamente ambiciosos desde un inicio puede llevar a un completo fracaso que desincentive al ahorrista y lo empuje otra vez al consumo más irreflexivo.

Por ejemplo, si se recurrió a separar el 30% del salario al principio del mes para luego tener que ir a buscar ese mismo dinero y así cubrir gastos inevitables, el propio método puede quedar en cuestión. Peor aún, separar e inmovilizar dinero al principio de un mes y tener que recurrir a la tarjeta de crédito o a un crédito personal para completar ese período puede hacer mucho más caro el interés que se paga por el consumo a cuenta que el que se percibe por el ahorro separado en un principio.

En el libro “Es tu dinero”, el especialista en finanzas personales Nicolás Litvinoff recomienda empezar por el 10% del ingreso para -luego- ir elevando esa porción. De esa manera se evita fracasar apenas se comienza. Una buena forma de elevar los montos ahorrados es exprimir al máximo ingresos extraordinarios, como el aguinaldo.

“Para poder lograrlo no se debe obviar un tema que parece menor, pero que no lo es: cómo se consideran los ingresos extraordinarios o no esperados (herencia, aumento de sueldo, bono extra, regalos monetarios, etc.). Una posibilidad es multiplicar por dos (o incluso por tres) el porcentaje de la meta de ahorro de los ingresos regulares para con los extraordinarios. Por ejemplo: si la meta de una persona es ahorrar el 20% de su sueldo, entonces debe ahorrar por lo menos el 40% de cada ingreso extraordinarios que reciba”, sostiene.

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4- Atacar la deuda primero

En línea con la idea de conocer y anotar los gastos que se hacen cada mes, uno de los ítems más importantes es calcular cuánto del salario o el ingreso se destina al pago de deudas. El pago a crédito es normalmente la forma más cara de pagar por algo, ya que otro –un banco, un fideicomiso de consumo u otro- presta el dinero a cambio de la promesa de un monto mayor en el futuro.

Una vez que se conoce cuánto se destina por mes al pago de deuda, es hora de separar la paja del trigo. Lo primero es identificar qué parte de esos pagos de deuda se destina a compras “de capital” (un electrodoméstico, un auto o una casa) o a consumos únicos (por ejemplo un viaje)  y qué parte a gastos corrientes (por ejemplo, la cuenta del supermercado o la de servicios hogareños).

Los gastos en bienes de capital y en consumos únicos son fáciles de recortar y, los montos dirigidos a esos pagos son fácilmente redireccionados al ahorro una vez eliminados. De aquí es de donde puede salir el mayor flujo de fondos para su futuro ahorro.

Los pagos de deuda para gastos corrientes, por otro lado, son un indicador de riesgo: establecen que se está gastando más de lo que ingresa. Si no se corrige rápido y se cubren los gastos corrientes con ingresos ordinarios, tarde o temprano se caerá en serios problemas financieros.

5- Cuidado con las tarjetas de crédito

Los plásticos que residen en la billetera no merecen nada menos que temor religioso de parte de una persona comprometida en buscar la respuesta a cómo ahorrar dinero.

El experto en finanzas personales Marcelo Elbaum dedica algunos párrafos a la adicción al consumo en su libro “Economía argentina para dummies (tontos)” y le asignan rol preponderante en ese mal a las tarjetas de crédito.

“Las tarjetas de crédito inducen a desarrollar conductas erróneas respecto del dinero. Algunos estudios muestran que las personas que usan tarjetas de crédito tienden a gastar entre el 20% y 30% más que si pagaran en efectivo”, señala Elbaum.

Más allá de los riesgos de exceso, la tarjeta esconde otras trampas para el consumidor desprevenido. El pago mínimo es la más preocupante de ellas.

Cuando un usuario de tarjetas de crédito decide no pagar el 100% de un vencimiento mensual y patear el resto para meses siguientes está pagando uno de los precios más caros posibles por financiamiento. Las tarjetas suelen permitir que se cancele un monto mínimo de la deuda sin considerar que el resto está atrasado, pero a ese monto restante está sometido a una tasa que tanto puede estar entre el 3% y el 4,5% mensual.

Así, por una deuda de $ 1 millón, uno puede hacer un pago mínimo de $ 50.000 y, tras intereses, deber $ 995.000. Es decir, el stock de deuda se redujo sólo 0,5% a pesar de haber pagado el 5% de la deuda.

Pagar la totalidad del vencimiento de la tarjeta cada mes es lo ideal pero, en caso de no poder hacerlo, cuanto menos se financie, mejor.

6- Focalizarse en aumentar ingresos más que en recortar gastos

Hasta aquí hemos hablado exclusivamente de formas de administrar los gastos de manera tal de volverlos eficientes. Pero si el objetivo es generar un flujo de ahorro saludable, los ingresos no pueden ser considerados como algo natural o imposible de modificar.

Los nuevos ingresos suelen ser los más fáciles de destinar al ahorro. Sumar clientes, elevar ventas o aumentar su producción genera ingresos que no están comprometidos a pagos de deuda pasada ni a consumos habituales, con lo cual pueden ser asignados de inmediato a la cuenta bancaria. Ningún ascenso o aumento del salario debería ser desperdiciado: mantener el nivel de vida previo equivale a disparar la capacidad de ahorro.

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7- Minimizar el impacto de gastos inevitables (o que no se desea evitar)

Empezar  a ahorrar puede ser todo un acto de fe y, si bien la fe mueve montañas, nunca lo hace a pura voluntad. A veces nos hacemos promesas a nosotros mismos que difícilmente podamos cumplir.

Dejar de comer, por ejemplo, no es una opción realista. Hacerlo de una forma más económica o eficiente, es más alcanzable. Pero no sólo de necesidades básicas está hecha la vida, hay otros gastos no tan esenciales que a veces no es conveniente contrarrestar.

Si usted es amante de algún consumo –cierto plato de comida, cierta bebida, cierto entretenimiento- difícilmente pueda alejarse de él en forma indefinida. Ahorrar no es dejar de vivir ni, mucho menos, renunciar para siempre a nuestras pasiones y amores.

Quizás sea más realista dejar de seguir a su equipo de fútbol a partidos de visitante, ir menos veces u optar por entradas más económicas que abandonar para siempre el estadio. Tal vez esa botella de whisky que disfruta en soledad en su hogar comprada al por mayor sea más económica que una copa en un bar a la salida del trabajo después de mucho tiempo de abstinencia de su trago favorito.

El amante de la música y los espectáculos no debería quedarse años enteros en su casa, probablemente nunca lo lograría, pero sí podría seleccionar los más esenciales o económicos (incluso, los gratuitos).

8- Contratar a un contador

Parece un gasto innecesario o un lujo de magnates. Pero el asesoramiento profesional no siempre es tan caro como parece y, siempre, rinde frutos. La mayor parte de los impuestos, por ejemplo los que se imponen a ganancias o a réditos, prevé todo tipo de formas de descargar gastos de manera tal que el monto imponible se reduzca (reduciendo así el pago).

Pasarse de un vencimiento, adelantar pagos para percibir descuentos, anotarse en los regímenes más económicos. Todos esos son saberes que el común de las personas y los hombres de negocios no siempre conocen o pueden aprovechar tan bien como un profesional.

“Muchas veces estamos pagando cosas que pueden ser descargadas de impuestos sin saberlo: créditos hipotecarios, seguros de vida incluso el hecho de tener hijos o familiares mayores a cargo son cosas que la ley contempla como formas de pagar menos impuestos sin evadirlos, pero ignoramos la mayoría de ellos”, concluye Mariano Otálora.

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