La guerra de divisas recién empieza: ¿quiénes son los actores en juego?

El real brasileño, la lira turca, el peso colombiano, la rupia indonesia y hasta el yuan chino han perdido valor frente al dólar, pero ha sido un movimiento fríamente calculado…

Corría 2010 y en Brasil aún no estallaba la crisis. El entonces ministro de Finanzas del gigante latinoamericano, Guido Mantega, acusaba a Estados Unidos y otras poderosas economías de debilitar sus monedas para quedarse con una mayor porción del comercio mundial. A esto se le denomina guerra de divisas.

Desde entonces, la idea no sólo se arraigó, sino que se ha esparcido como un virus por el mundo.

La guerra de divisas es una condición en las relaciones internacionales donde los países compiten entre sí para alcanzar un tipo de cambio bajo para su propia moneda. Cuando el precio para comprar divisas cae, retrocede el precio de las exportaciones del país; a su vez, las importaciones son más caras y el empleo recibe un impulso en demanda.

No obstante, el incremento del costo de las compras al extranjero puede dañar el poder adquisitivo, aunque también puede jugar a favor porque los ciudadanos son más propensos a adquirir rubros locales.

Las razones detrás de la Guerra de Divisas

Con sus consecuencias adversas, la devaluación es la herramienta a tomar por los Gobiernos cuando el país sufre un alto desempleo o desea adoptar una política de crecimiento liderado por exportaciones, una tasa de intercambio baja puede ser vista como una ventaja.

Los estados han incluido en su menú de opciones: intervención gubernamental directa y la imposición de controles de capital, pero el debate continúa: aún las economías no se ponen de acuerdo siquiera sobre si existe o no tal conflicto.

Los argumentos de los bancos centrales en medio de esta gran discusión se centran en que se ha bajado las tasas de interés y subido la oferta de dinero en circulación, únicamente para abordar problemas serios, como la baja inflación.

¿Quién gana con la guerra de divisas?

El real brasileño, la lira turca, el peso colombiano, la rupia indonesia y hasta el yuan chino. ¿Qué tienen en común? Han perdido en mayor o menor medida valor frente al dólar. A primera vista, se trata de movimientos alarmantes. Sin embargo, es algo que algunos países desean.

Esto obedece a que una moneda débil ayudar a impulsar las exportaciones, que pueden levantar la economía, aunque como efecto contraproducente esto refleje debilidad. En este caso, los declives monetarios están relacionados con las caídas en los precios de las materias primas.

Por ejemplo, Brasil es excesivamente dependiente de la exportación de materias primas como el hierro, cobre, soya y aceite. Casi todos los commodities han caído a mínimo, derivados de un retroceso en la demanda mundial, en particular del gigante asiático, que se suma a la potencial alza de tasas de FED. Mientras tanto, los inversores se muestran renuentes a dejar dólares a favor de monedas con mayor riesgo.

Los actores en juego

Desde Wall Street han advertido, por ejemplo, que la devaluación china es un intento de “robar” el crecimiento económico de otros países que compiten por exportaciones que, en busca de ventaja comercial competitiva, podrían verse arrastrados en una peligrosa espiral.

Esto se replica en todo el mundo. Suecia tiene una saludable tasa de crecimiento del crédito de 8,8% anual, los precios de las viviendas suben al 18% y el PBI creció 4,1% durante 2015. El país hasta tiene un superávit comercial del 6%, pero sorprendió a todos los participantes del mercado bajando las tasas de interés suecas y colocándolas en territorio negativo.

Los inversores, por su parte, se preparan para más giros en la política monetaria, basándose en que los mercados volátiles desde principios de año probablemente lleven a los bancos centrales a emplear tácticas proteccionistas.

Tregua en el horizonte

Otros piensan que el mundo puede transitar una tregua cambiaria. En febrero, los líderes globales en la reunión el G20 acordaron evitar la competencia de monedas. Sin embargo, los mismos actores admiten que es un cese al fuego muy frágil.

En cuanto la Reserva Federal norteamericana suba las tasas de interés, y si el Banco Central Europeo y el Banco de Japón siguen con sus políticas de flexibilización cuantitativa en un intento por elevar las expectativas de crecimiento e inflación.

Obviamente, la preocupación sigue siendo China. En marzo, el banco central asiático debilitó fuertemente el yuan contra el dólar y se esperan más caídas de la moneda. Los inversores también miran de cerca a Corea en busca de indicios de que debilite el won para mantener su competitividad frente a Japón o China. Lo cierto es que la guerra de divisas recién empieza. Todos los jugadores sobre el tablero afilan sus armas.

Desde Inversor Global, hay gran interés sobre este tema, al punto que Jim Rickards edita Guerra de Divisas, un servicio destinado a sacar provecho del principal enfrentamiento no bélico que mantiene en vilo al mundo. Para suscribirse puede hacer click acá, dado que en su newsletter, el especialista ha advertido en numerosas ocasiones sorbe este tema.

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