Luces y sombras del acuerdo con los holdouts

El acuerdo con los holdouts es positivo porque devuelve al país un poco de la seguridad jurídica perdida. Sin embargo, puede convertirse en un arma de doble filo.

Iván Carrino / Editor del Diario del Lunes

Hace poco más de una semana se conoció que el Gobierno y uno de los más importantes holdouts llegaron a un principio de acuerdo. Este pacto, si el Congreso avanza en la derogación de las leyes “cerrojo” y de “pago soberano”, permitiría al país salir de un default que ya lleva 15 años.

Como muchos colegas han mencionado, la salida del default será una buena noticia para la economía. En primer lugar, porque mostrará un Gobierno con voluntad de cumplir con los compromisos asumidos. En segundo, porque dejaremos de estar en desacato en las cortes internacionales.

Si hacemos memoria, en 2014 Argentina decidió deliberadamente incumplir un fallo avalado por todas las instancias de la justicia norteamericana. En este marco, cumplir con la sentencia nos devolverá un poco de la seguridad jurídica que perdimos durante el gobierno de Cristina Fernández.

Sin embargo, si bien este factor es muy positivo para el desarrollo de la inversión, la tranquilidad financiera y la generación de empleo, lo cierto es que estamos frente a un arma de doble filo.

Es que, como dicen en el propio Gobierno, la salida del default le permitirá endeudarse en el extranjero y así evitar un “salvaje ajuste del gasto público” para reducir la inflación. Muchos analistas coinciden en que tomar deuda permitirá que el ajuste fiscal sea gradual.

El doble filo del acuerdo con los holdouts

Sin embargo, esto no necesariamente debe ser así. De hecho, la posibilidad de conseguir deuda en el mercado internacional a tasas bajas no es incentivo para hacer un ajuste fiscal sino para mantener o incluso incrementar el déficit.

Un ejemplo de esto es el caso griego. Los gobiernos del país heleno siempre se habían caracterizado por gastar por encima de lo que recaudaban. Antes de ingresar al euro, de hecho, era normal que Grecia tuviera inflación por encima del 20% al año.

Sin embargo, como condición para pasar a formar parte de la moneda común, el país debió reducir tanto su déficit fiscal como su inflación. Pero una vez aceptados en el club, apareció la posibilidad de financiarse a tasas bajas.

Así, volvió a crecer el déficit y con el la deuda, que se volvió inmanejable. El colapso de Grecia y su agonía de hace más de 5 años se debe exclusivamente a este factor: una enorme deuda pública que pesa sobre la competitividad y la confianza de los inversores.

¿Puede el experimento macrista terminar igual? No podemos saberlo a priori. Pero no podemos descartar este escenario, ya que los incentivos de los políticos para gastar por encima de lo que se recauda de manera constante, son excesivamente grandes.

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