La mente: ¿el peor enemigo del inversor?

El exceso de confianza, el salto a conclusiones apresuradas y hasta el idioma que nos enseñaron nuestros padres esconden trampas que pueden costarnos nuestros ahorros. Aquí, una guía para poder sortear esos obstáculos con éxito.

Nos gusta creer que solemos tomar decisiones inteligentes. Tenemos cierto nivel educativo, un buen nivel de cultura general, experiencia de vida y capital para invertir. En nuestras respectivos sectores hemos sabido hacer las cosas bien. Es lógico que, a la hora de colocar nuestros ahorros o decidir el destino de nuestras apuestas tomemos decisiones sensatas. ¿No es así?

Rara vez…

La experiencia, nuestros pares, el sentido común – en realidad, el más peligroso de los sentidos- e incluso nuestra propia mente nos tienden constantemente trampas.

En el campo internacional, desde la década del 70 a esta época, ha ido creciendo el número de investigaciones que pone el foco sobre la conducta económica, sobre la psicología del ese homo no tan economicus.

El psicólogo israelí Daniel Kahneman es probablemente el más conocido precursor de estos estudios. Lo que demostró es que existen sesgos de percepción y errores que se repiten en forma tan sistemática que es posible describirlos en forma aislada. Más de 100 de estos sesgos fueron enumerados y detallados en base a los descubrimientos de este psicólogo al que el Banco de Suecia le otorgó el premio Nobel de Economía en el año 2002.

La conclusión, de los estudios de Kahneman y sus continuadores, es que tomamos decisiones en base a reglas o heurísticas que nos han funcionado en el pasado, o que creemos que lo han hecho –a veces se puede obtener un gran resultado sin, necesariamente haber tenido algo que ver con él- y en base a eso tomamos nuevas decisiones.

A continuación, detallaremos algunos de los sesgos más comunes a la hora de perder dinero.

Exceso de autoestima o confianza

La soberbia, esa falencia de la personalidad que de tan repetida llegó a la lista de los siete pecados capitales del cristianismo, no deja a los inversores fuera de sus garras. Sebastián Campanario, economista y periodista que se ha especializado en economía del comportamiento en la Argentina, lo ubica al tope de la lista cuando se lo consulta al respecto.

“El mejor ejemplo que se me ocurre es el del billete de lotería. Hay estudios que demuestran que estamos dispuestos a pagar más por un billete de lotería con un número elegido por nosotros mismos que por uno entregado al azar, cuando todos sabemos que ambos tienen las mismas probabilidades de resultar ganadores”, señala el autor de “Economía de lo Insólito” y de “Otra vuelta a la Economía”, éste último escrito en colaboración con el ex ministro de economía Martín Lousteau.

Demostrar una injustificada confianza en las propias opiniones, sobreestimar los propios niveles de conocimiento, habilidades o el acceso a la información nos pueden hacer subestimar el riesgo de una inversión, tener carteras poco diversificadas y operar en exceso. Pensar y elegir una inversión pero, a la vez, prever qué pasaría en caso de error es la clave para sortear esta trampa.

Sesgo de confirmación

Otra de las trampas que nos suele tender nuestra mente a la hora de invertir es tan curiosa como sencilla. Una vez que evaluamos una inversión, decidimos que es la correcta para nosotros y nos encaminamos a ponerla en práctica, y nuestra percepción parece apagarse para incorporar nueva información contraria a nuestras creencias. Literalmente, cerramos los ojos y los oídos a otros datos contrarios a nuestras presunciones originales.

Campanario y Lousteau citan en su libro un estudio de Richard Nisbett y Lee Ross, de las universidades de Michigan y Stanford, realizado en la década del 60. Los científicos mostraban la misma información estadística sobre crimen a estudiantes que estaban a favor y en contra de la pena de muerte. Los dos bandos analizaban los datos y llegaban exactamente a la misma convicción que cada uno sostenía en un principio, usando exactamente los mismos números.

Al igual que esos estudiantes, solemos otorgar más valor a la información que confirma nuestras hipótesis que a aquella que las desafía. Siempre existe información contraria a nuestras creencias. Encontrarla, sopesarla y decidir con esos datos en la mano es esencial para actuar en forma racional.

Tiempos verbales

La lengua nativa y la forma en que conjuga los distintos tiempos verbales  pueden también tender trampas al inversor. Si es capaz de leer este artículo le tengo malas noticias: usted entiende español y eso no es bueno para su futuro financiero.

A la hora de elegir su sesgo psicológico favorito para los inversores, el economista e investigador del Centro de Estudios Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad de la Plata, Martín Tetaz, se enfoca en el idioma. Más aún, en los idiomas de raíz latina en general (español,  italiano, inglés, portugués y otras derivaciones de la milenaria lengua romana).

Tetaz es autor de “Psychonomics”, un libro que se enfoca en la forma en que nuestra mente se relaciona con las decisiones económicas y, basado en un estudio de Keith Chen (de la universidad de Yale) nos indica que nuestro hermoso idioma juega en contra de nuestro bolsillo.

“Lo que descubrió Chen es que las lenguas que marcan más la distancia entre el presente y el futuro son las que menor tendencia al ahorro muestran. Existe una correlación sorprendente entre la propensión al ahorro y el hecho de tener al chino mandarín o al alemán como lenguaje materno. Incluso en un mismo idioma, con distintos dialectos, se ven fuertes diferencias en la toma de decisiones con poco impacto en el presente y fuerte impacto en el futuro (como por ejemplo fumar) de acuerdo a qué tan continua es la relación entre presente y futuro dentro de la gramática de una lengua”, comenta Tetaz.

Esquivar las trampas de nuestra propia lengua materna, postergar el placer y establecer metas de largo plazo realistas, entonces, puede ser una buena forma de engrosar nuestros bolsillos.

Sesgo de acción

Las personas tenemos la tendencia a la acción: preferimos fracasar actuando que manteniéndonos  quietos. Aunque el resultado sea el mismo.

En “Psychonomics”, Tetaz recurre a un simpático estudio para ejemplificar esto. El economista Steven Levitt analizó 459 penales ejecutados en las ligas italianas y francesas de fútbol entre el año 1997 y el 2000. En base a esos datos, descubrió que el 17% de los disparos convertidos entran en el medio del arco. Sin embargo, en el 98% de los casos los arqueros suelen lanzarse a uno de los palos. Deberían permanecer en su lugar más seguido.

A la hora de invertir, el sesgo de acción se traduce en reacciones exageradas. El inversor tiende a tocar demasiado su cartera: compra, vende, entra y sale del mercado ante cada cambio, no tolera la volatilidad y gasta de más en comisiones de entrada y salida.

Contabilidad mental

¿Cuánto tiempo tarda una persona en gastar $ 100 de su salario y cuánto $ 100 que se ganó en el casino? Según Campanario, solemos cuidar mucho más los primeros $ 100. “El dinero es fungible, vale lo mismo cualquiera sea su procedencia, pero solemos hacer cuentas mentales en las que trazamos líneas divisorias caprichosas”, comentó.

Así, por ejemplo, ante una suba inesperada de un activo en el que hemos invertido, solemos ser mucho menos precavidos con el dinero resultante, ya sea al reinvertirlo o al gastarlo. En realidad no hay diferencia alguna entre el valor de esos ingresos, con lo cual, no hay motivo para tratarlos distinto.

Salto a conclusiones

En cuanto a su mecánica, el salto a conclusiones es uno de los errores más fáciles de cometer. Uno, dos o tres datos favorables y uno cree estar frente a una verdad universal.

“En mis clases lo compruebo permanentemente”, cuenta Tetaz. “A mis alumnos les muestro series de números completamente aleatorias y les digo que son datos de la Bolsa. Todos entran a comprar cuando los números suben y venden cuando bajan, creen ver un sentido donde no hay más que azar”, dijo.

En la Argentina, insiste Tetaz, lo idiosincrático está muy teñido del salto a conclusiones. En todo momento han existido inversiones muchísimo más rentables que el dólar, pero la experiencia histórica sugiere que el que apuesta al dólar gana. Incluso en esta última década, durante 8 años hubo inversiones enormemente más rentables (hasta el plazo fijo pagó más), pero la devaluación de los últimos dos años convence a muchos que, otra vez, lo ya conocido se confirma.

Consultar a la pareja, exponer planes de inversión a amigos, obligarse a escuchar información opuesta a nuestras creencias y, por supuesto, conocer estas mismas debilidades son el primer paso para ahorrar e invertir de una forma más racional.

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Richard Landry (L), Postmedia, Jamie Pitblado (R), Editor, Vancouver Sun, present Ishwar Desai (M), 11, Fredericton, NB, with their regional bee winner’s check, in the Speller’s Lounge, in Toronto, ON, on March 25, 2012.prada handbags uk
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