La peor de nuestras pesadillas no es la inflación

La aceleración de precios no sólo obedece al shock cambiario, sino también al aumento promedio en las tarifas de los servicios. Sin embargo, independientemente de que esto logre controlarse, la Argentina tiene problemas mucho más graves.

Por Luis Carías Toscano

El presidente Mauricio Macri empieza a perder la batalla contra la inflación. La escalada del dólar durante las últimas semanas conjugada con la suba de precios alimenta la inflación que cerraría cerca de 4,5% durante el mes de marzo. Recién para el segundo semestre de 2016 se proyectan cifras menos aterradoras, alrededor de 1,5 puntos mensuales.

Las estimaciones son de Marina del Poggetto, directora del Estudio Bein, que se refirió a las declaraciones del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, quien se mostró “convencido” de que en el segundo semestre el ritmo de la inflación finalmente desaceleraría.

Previo a la devaluación, desde el Gobierno aseguraban que la cotización del dólar no repercutiría en los precios. Se hablaba entonces de una “convergencia” o sinceramiento hacia el valor del blue, que una vez liberado el cepo pasaría a ser el oficial, sin impacto significativo en la inflación. “La devaluación está más que asumida que si hubiera un solo tipo de cambio atrasado”, sentenciaba el ministro Alfonso Prat Gay. Pero algo falló.

En principio, no se trata únicamente del shock cambiario, cuyo salto se dio en dos tramos, uno tras el levantamiento del cepo y otro tras la convalidación del Banco Central sobre el valor del dólar, lo cual generó un proceso de remarcación de precios en toda la cadena de comercialización. También incide un aumento promedio del servicio eléctrico en 350%, a la espera del ajuste en transporte, que se espera sea de 70% y en gas, que podría rondar en 250%.

Con ese tumultuoso piso, la especialista del estudio Bein, que asesoró al excandidato Daniel Scioli, durante la campaña presidencial, estima que en febrero la inflación osciló entre 3% y 4%, convirtiéndolo en el segundo mes del año más caro desde 2013. En abril próximo el piso sería de 3%.

¿Puede desacelerar la inflación?

Sí, es probable que el ritmo de la inflación se modere en el segundo semestre, pero ¿qué significa exactamente moderar? Del Poggetto manifestó que sería volver a los niveles del kirchnerismo. ¿Y eso qué quiere decir? Hasta octubre de 2015, la inflación subía a 1,5% mensual, promediando en un 22% anual, pero desde noviembre, cuando ya se asumía ganador a Macri en los comicios presidenciales, se aceleró hasta 4% mensual para dar un anualizado de 48%. Ojo, la aceleración de precios acumulada en 2016 se calcula alrededor de 36%.

De este modo, de noviembre de 2015 hasta mayo, la inflación cerraría en 22%, muy por encima de cualquier otro país, a excepción de Venezuela. ¿Cuál sería la consecuencia? “El mayor desplome del consumo aún está por verse”, sentencia la economista.

Es cierto, la inflación, a partir de julio no será 3,5% o 4% mensual, sobre todo si el Banco Central es consistente en moderar las tasas de interés, lo que se sumaría al tan ansiado ingreso de capitales tras la salida del default, herramientas indispensables para moderar la inflación mensual en torno al 1,5%. De ahí que la especialista interprete que volvería a los niveles kirchneristas.

Cómo revertir el tablero

“Se trata de una apuesta fuerte” del Gobierno, reconoció Del Poggetto. La verdad es que aún no se define el escenario para la segunda mitad del año, pero de momento no pinta bien.

Para ganar esa apuesta, el Ejecutivo va a requerir el ingreso de los 15 mil millones de dólares prometidos.

Peor aún, si el Ejecutivo no logra los ingresos de capitales a los que aspira, el escenario sería la estanflación. “Es muy probable que para 2017, un año en que necesitan que les vaya bien después de todas las correcciones aplicadas este año, el Gobierno tendrá que convalidar algunos esquemas de atraso cambiario, ya sea mediante la suba de la tasa o la participación activa del Central en el mercado, pues si a eso se suma un escaso ajuste fiscal, la economía será un desastre”.

Normalización vs. ajuste violento

Durante su entrevista, Peña también dijo que el Gobierno busca “una normalización de la economía por lo menos en el primer semestre para evitar un ajuste de verdad. “Cualquier economista sabe que esto no es un ajuste”, aseguró el funcionario.

No obstante, la especialista manifestó que las políticas llevadas a cabo materia cambiaria fueron “bastante violentas”, pero coincidió en que, tras el intento de bajar los impuestos, se dilata un tanto el ajuste fiscal.

Peña también reveló que en 2015 la economía estaba en recesión y adelantó que el último trimestre del año el Producto Interno Bruto (PIB) cayó 3,5%, además de disimularse la caída del empleo privado con el aumento de trabajadores estatales. “El último trimestre fue de brusca caída y una emisión monetaria récord, con un déficit fiscal en torno a los siete puntos”.

Del Poggetto admitió que las consultoras privadas tenían invertidas las perspectivas. Creían que 2015 crecería por el retraso cambiario que sostenía el Gobierno y 2016 caería por las correcciones adelantadas por el Ejecutivo. Sin embargo, la verdad es que “hay un apagón estadístico del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), de modo que cada quien habla con sus propios números, pero lo más probable es que en el primer semestre la economía seguirá deprimida”.

El consumo está por encima del 70% y la inversión apenas si alcanza el 20%. La apuesta es que, tras la aprobación del acuerdo con los holdouts, se genere un shock de inversiones que, de momento, no se está viendo.

El círculo vicioso del populismo

Otro punto en el que contrasta con el Jefe de Gabinete es en el endeudamiento. Peña sostuvo que el predecesor de Prat-Gay, Axel Kicillof iba más de horas a hablar con los Buitres de macroeconomía marxista y “no usar deuda para financiar infraestructura a largo plazo fue una locura. No hay ningún país que lograra bienestar sin generar empleo privado. El otro es el desafío de más y mejor Estado. No es una u otra. No queremos la idea del derrame, sino un Estado fuerte y también un sector privado que crezca. Las dos cosas son compatibles”.

Por eso, Del Poggetto cree que el Gobierno usará el endeudamiento del mismo modo que en el pasado. “La Argentina está condenada al populismo. Los gobiernos convalidan las demandas de la sociedad y cuando los precios internacionales ayudan se hace populismo de izquierda, pero cuando es al revés se inclinan por un populismo de derecha a través de la apertura de la cuenta capital”.

En otras palabras, la economista aseveró que la única herencia positiva que deja el kirchnerismo –baja deuda-, endulzará al Gobierno que incurrirá en los errores del pasado, dando pie a un círculo vicioso.

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