Cómo sacar provecho de la deflación

Japón, la Unión Europea, países nórdicos y ahora ¿Estados Unidos…? La amenaza de la deflación acecha al mundo desarrollado y usted puede sacar provecho.

Diego Martínez Burzaco / Economista en Jefe de Inversor Global

En los últimos años, tras la salida de la crisis casi terminal que produjo el colapso del mercado hipotecaria en los Estados Unidos, los países del primer mundo han estado lidiando con un crecimiento raquítico y la amenaza de la caída del nivel general de precios.

¿Qué han hecho los bancos centrales para combatirla?

Ir bajando las tasas de interés hasta un nivel insospechadamente bajo.

El pionero de estos movimientos fue Japón. Resulta que la segunda economía asiática por tamaño de PBI, detrás de China, se encuentra enredada en un profundo estancamiento económico con amenaza de deflación desde la década de los ’90.

La depresión japonesa, como la han catalogado muchos analistas, es una enfermedad sin cura hasta el momento y que amenaza con esparcirse al mundo en su totalidad (al menos en el desarrollado).

Japón lucha contra el flagelo de la deflación y ha buscado múltiples alternativas para tratar de solucionar esta situación.

Primero fue estimulando la demanda agregada, es decir el consumo o la inversión. Esto no dio resultado.

Segundo, intentó con una masiva expansión monetaria, tratando de dar liquidez suficiente al sistema financiero para poder generar inflación. Tampoco dio resultados.

Finalmente, adoptó la tasa de interés nominal negativa.

¿Cuál es la lógica de esa política?

En la creencia de los bancos centrales, las tasas de interés negativa deberían apuntalar el consumo y el préstamo. Esto es, los consumidores no estarán dispuestos a poner su dinero en el banco si a final del plazo de la operación recibirán menos dinero. A su vez, los bancos tendrán incentivos para prestar el dinero al sector privado y no depositarlo en el banco central porque también recibirán menos  plata de la que invirtieron al final.

Sin embargo, esta teoría subestima una cuestión no menor: las expectativas de deflación.

Si el consumidor cree que el nivel general de precios de una determinada economía va a seguir bajando, entonces estarán dispuestos a postergar consumo presente por consumo futuro, ya que si pasa el tiempo y se quedan con el efectivo en sus manos, podrán comprar más bienes y servicios luego. Entonces, no consumen en el presente y la economía no se expande. Y cuanto mayor es la expectativa de deflación, menor es el consumo que se realiza en el presente.

Por otro lado, los bancos comerciales, si también esperan una fuerte deflación, estarán dispuestos a depositar sus excedentes de efectivo en el banco central de ese país, por más que las tasas de interés nominales sean negativas. Esto se debe a que a pesar de que reciban menos dinero vencido el depósito, esa menor cantidad de plata tendrá más poder adquisitivo que antes. Por lo tanto, no desaparece el incentivo de seguir haciendo depósitos al banco central al tiempo que no se reactiva el préstamo al sector privado.

La conclusión más fuerte de todo esto es que la deflación lleva a una depresión económica.

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