Argentina, carne de carroña…

Las negociaciones con los fondos buitre van por el camino correcto, pero el peligro estará siempre latente si no cambiamos una costumbre típica de la economía local.

En la capital mundial del “por qué a mí” quizás sea tiempo de hacer la autocrítica y empezar a buscar responsabilidades puertas adentro. El marketinero discurso de “Patria o Buitre” dejó lugar a la cruda realidad: el desmanejo fiscal argentino y la desprolijidad en su relación con el mundo.

Apuntalados en el espíritu pseudo-patriótico  de ocasión, muchos compraron ese discurso en el cual -dijera Jean Paul Sartre-  “el infierno son los otros”. De alguna manera, los fondos buitres -en alguna alianza secreta con los organismos financieros internacionales y la Justicia norteamericana- armaron una cruzada contra los activos de nuestro país.

En el rol del malo de la película, el juez neoyorquino, Thomas Griesa, daba el “physique du rol” a la perfección. Hace poco señaló que se jubilará, pero cuando haya terminado el juicio con la Argentina.  Junten miedo muchachos…

Ni la Fragata Libertad estaba a salvo.

Un escozor similar al provocado por esta ficción tuve aquel domingo 23 de diciembre de 2001, cuando Adolfo Rodríguez Saá anunciaba el default ante una Asamblea Legislativa que lo ovacionaba de pie.

¡¿Qué estamos aplaudiendo?! , recuerdo que me pregunté.

Más acá en el tiempo, nos enfrascábamos en desacreditar a Griesa, recurriendo a instancias judiciales superiores que nos darían la razón y le marcarían su error.

Mientras tanto, le hacíamos el juego a los buitres, acumulando intereses y punitorios, pero las causas reales que nos habían llevado a  esta situación ni siquiera se mencionaban.

Así, nos perdimos una época de financiamiento internacional históricamente barato. Mientras los países de la región se endeudaban al 5% (o menos), nosotros lo hubiéramos hecho al doble o más.

¿Por qué a mí?

Sabemos que los fondos buitres no son inocentes tenedores de bonos que cayeron en la desgracia del impago.  Por caso, NML capital compró la deuda ya defaulteada para comenzar a litigar contra el país. A eso se dedican. No descubro nada…

¿Pero por qué esto no sucede en otros países? Me refiero a naciones con condiciones macroeconómicas similares a las nuestras. ¿Por qué no pasa con los vecinos de la región?

Porque somos carne de carroña buitre y eso no es responsabilidad de los otros.

Si queremos que no nos vuelva a ocurrir, tenemos que hacer nuestro mea culpa. La ineficiencia y discrecionalidad con la que manejamos los recursos fiscales se paga y caro. La Argentina vive históricamente por encima de sus posibilidades, no porque ofrezca las contraprestaciones de Suecia, sino por desprolija.

Y esta no es una condición meramente kirchnerista. Es un mal hereditario…

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De los últimos 28 años sólo en 6 el Estado gastó menos de lo que ingresó. Trasladado a la situación familiar, vivimos con las tarjetas en rojo, nos cortaron el crédito en 2001 y empezamos a hacer dibujos contables para maquillar la situación.

Tiempos de normalización

El gobierno de Maurico Macri ya presentó su oferta a los holdouts (analgésico para el síntoma) y promete combatir el déficit fiscal (remedio para la enfermedad).

Entienden cuál es el génesis. El ministro de Economía, Alfonso Prat Gay, remarcó que el déficit primario (antes del pago de intereses de la deuda) que heredan equivale a “5,8% del producto bruto interno, el más alto de los últimos 30 años”.

Lo que sigue es el plan del Gobierno para este escenario…

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Recorte de subsidios y de gastos ineficientes del sector público (la famosa “grasa”) y otras hierbas para intentar combatir esta situación.

En la otra cara del plan, el ataque a la inflación.

Si bien las metas en este campo se ven demasiado ambiciosas, hay una declaración de intenciones.  La expansión monetaria terminará en el 27% anual, 6 puntos por debajo de lo registrado en enero y 14 respecto a diciembre.

El cierre de las paritarias será clave en esta ecuación.

No obstante y más allá de todas las políticas que se lleven adelante, el país nunca alcanzará una estabilidad económica de largo plazo si no entiende una regla simple, algo que vos en tu casa ya lo intentás: Gastar menos de lo que ingresa.

Nos reencontramos la semana que viene.

Un fuerte abrazo,

Ignacio.

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