Las jugadas inesperadas de Mauricio Macri

Una cosa es el dibujo táctico de un equipo y otra lo que sucede cuando empieza a rodar la pelota. Eso bien lo sabe el flamante Presidente de los argentinos, que tuvo que recurrir a estrategias fuera de su manual.

El exceso de DNUs (Decreto de Necesidad de Urgencia) está generando urticaria en la oposición, incluso en la menos furibunda. La herramienta -otrora implementada por el kirchnerismo y ahora llevada adelante por el macrismo- parece ser parte de una estrategia fríamente calculada.

Aprovechar la luna de miel de los primeros 100 días para sacarse de encima temas complejos, y luego sí avanzar en una agenda parlamentaria podría es la idea.

La designación de jueces (luego revertida), la declaración de la Emergencia en Seguridad -incluyendo una suerte de “ley de derribo”-, el aumento de los fondos para la Ciudad de Buenos Aires (así sean para la policía Federal), entre otras resoluciones inconsultas, deberán dejar paso a la política de consenso para no irritar posiciones que habrá que salir a buscar para la aprobación de leyes trascendentales.

Inteligentemente, desde el Gobierno ya llegaron las señales de que el abuso de este instrumento cesará. Movimientos de ajedrecista en estos primeros días.

¿Shock o gradualismo?

Otra de las sorpresas de la administración macrista tiene que ver con el enfoque económico. Nadie duda de la clase de medidas que tomará el Ejecutivo, pero la forma llamó la atención a más de uno. Cuando todos decíamos que se venía la terapia de shock, la realidad le mostró al ex jefe de Gobierno porteño que -para no perder capital político- debía buscar otro ritmo.

El levantamiento del cepo -si bien es una excelente novedad- se realizó de manera parcial (hay que decirlo), la suba de tarifas -anunciadas para enero- todavía no llegó, se mantuvo el “Ahora 12” e incluso el crédito subsidiado a las Pymes, así como tampoco se modificó de manera traumática lo fiscal.

No es algo malo per sé. El tecnócrata está dejando lugar al político, aunque esto signifique ir –por momentos- contra el ideario de quienes lo votaron.

En este sentido, es interesante lo que dice el ex presidente del Banco Provincia y asesor económico de Daniel Scioli, Gustavo Marangoni:

“Todavía no hay ninguna definición que nos muestre cómo las cuentas públicas seguirán un sendero de déficit descendente y tampoco de qué manera se quitará impulso estructural a la inflación. Por el contrario, a corto plazo el mix de devaluación, quita de retenciones y la ¿inminente? suba de tarifas presionan al alza de precios en los próximos meses. Juega a favor la pericia y credibilidad que se está logrando en el plano monetario-cambiario, con el manejo de la tasa de interés, demanda de dinero y absorción en el mercado de pesos.

Queda entonces la madre de las batallas en el horizonte de 60 a 90 días. Para quitarle impulso estructural a la inflación hay que ir secando la emisión y abriendo el grifo del endeudamiento. Pero ello requiere solución al juicio en los tribunales de NY. Al mismo tiempo la corrección fiscal que empezará con la suba de tarifas se empalma con la discusión por las paritarias estatales y privadas. Tenemos aquí un segundo conflicto distributivo que es clásico en Argentina y siempre de tensión extrema que aún está irresuelto. El del sector público y privado con los sindicatos y trabajadores. De nuevo aquí la política y el consenso inter-sectorial tienen que complementar al plan económico.”

A estos dichos se suma la opinión del economista Orlando Ferreres, para quien el gradualismo tiene un costo: “va generando inflación durante el año”.

Lo que experimenta la flamante administración es sencillo: una cosa es el dibujo táctico del equipo y otra cosa lo que sucede cuando empieza a rodar la pelota.

Bien lo van a descubrir cuando hagan la evaluación, tras el cierre de paritarias. Las consultoras hablan de una inflación promedio de 32,6% para 2016, al tiempo que el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, fijó una meta-techo del 25%.

Que comience el partido…

Hasta la próxima.

Un fuerte abrazo,

Ignacio.

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