El dinero, la confianza y los bancos centrales

Coincidiendo con el mayor experimento monetario de la historia económica, explicamos cómo el fin de las políticas monetarias expansivas podría suponer un duro golpe para los mercados financieros.

¿Alguna vez se ha preguntado de dónde sale el dinero que percibe con su sueldo o que gasta todos los días?

La mayoría de las personas alberga la creencia de que el dinero es una representación en papel o metal de su equivalente en oro, almacenado en las cámaras acorazadas de los bancos centrales.

Esto era así hasta 1970, cuando se reemplazó el sistema monetario basado en el patrón oro por el sistema actual, que establece que el origen del dinero es el crédito.

Bajo la supervisión de los reguladores bancarios, los bancos comerciales normales son los mayores generadores de dinero. A medida que los bancos comerciales captan el ahorro en forma de depósitos, gracias al efecto multiplicador prestan más dinero del que captan.

Es decir, crean el dinero de la nada al conceder préstamos dentro de un marco de mantenimiento de ratios de solvencia y de capital.

Después de los bancos comerciales, los bancos centrales también crean su propio dinero con el que compran activos financieros como deuda pública y privada. Un claro ejemplo de esto lo hemos visto durante años con los programas de expansión monetaria en Estados Unidos, Reino Unido y Japón a los que en la actualidad se ha sumado la Zona Euro.

La pregunta que surge al saber que el dinero surge de la nada es: ¿en qué se basa el valor del dinero?

La respuesta puede dejarlo algo aturdido. El valor del dinero se basa en algo tan intangible y etéreo como la confianza.

Si no hubiera confianza en el sistema monetario y en el buen hacer de los bancos centrales, los billetes de euros, dólares o libras no serían más que papeles sin valor alguno.

Y aquí surge el gran problema de nuestros días: ¿están gestionando los bancos centrales nuestros sistemas monetarios con responsabilidad?

Hay opiniones para todos los gustos.

Bill Bonner, uno de nuestros colaboradores más veteranos, cree que no. En su artículo “El dinero que viene de la nada pronto desaparecerá” Bill Bonner nos explica cómo la Reserva Federal ha actuado de forma negligente al inundar de dólares la primera economía del planeta.

Lo que ocurre al realizar una emisión elevada de moneda es que cada unidad monetaria tiene menos valor.

Para entenderlo imagine que la masa monetaria es una torta y que el número de unidades monetarias (ya sean euros, dólares o libras) es el número de trozos en los que se divide esta torta. Si el número de unidades monetarias es mayor, es lógico que cada una de éstas tenga un valor menor.

Como ya sabrá, cada mes el Banco Central Europeo inyecta 60.000 millones de euros en el sistema, que utiliza para comprar deuda soberana de todos los países de la Eurozona excepto de Grecia.

El efecto de esta expansión monetaria es que cada euro tiene un valor menor. Esto se aprecia con claridad en la caída que sufrió el euro frente al dólar durante los últimos meses de 2014 y los primeros de 2015.

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Como puede ver, en apenas dieciocho meses el euro ha perdido un 20 por ciento de su valor frente al dólar, algo que no es de poca importancia si se piensa en el tamaño de las economías implicadas.

 

Un experimento inédito

Lo cierto es que nunca antes en la historia económica se había establecido durante tanto tiempo una política de tasas de interés del cero por ciento unida a una expansión sin precedentes del balance de los principales bancos centrales.

Nadie sabe cuáles serán las consecuencias a largo plazo de este experimento que Draghi, Yellen y compañía han llevado a cabo con las economías más desarrolladas del planeta.

Aunque el resultado parece ser satisfactorio si juzgamos las cifras macroeconómicas que han rodeado a la recuperación, sobre todo en Estados Unidos, la incertidumbre sobre cómo reaccionarán los mercados cuando se lleve a cabo la tan esperada suba de tasas de interés en Estados Unidos es alta.

Las bolsas ya están acusando el nerviosismo por el cambio de política monetaria en Estados Unidos. Sin embargo, no será hasta principios del año que viene cuando veremos cuál es el peaje real que se cobrarán los mercados cuando la fiesta de dinero barato y de creación de moneda llegue a su fin con el primer incremento de tasas de interés en Estados Unidos desde 2006.

Un cordial saludo,

Alberto Redondo

Inversor Global España

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