¿Qué podemos aprender de los grandes crash bursátiles?

Ayer, las Bolsas del mundo experimentaron un fuerte desplome: las dudas sobre el futuro de China y la fragilidad de las economías emergentes provocaron una ola de pánico en los principales índices mundiales. ¿Qué enseñanzas nos dejaron situaciones similares del pasado?

Un crash bursátil ocurre cuando los precios de las acciones que cotizan en Bolsa caen abruptamente en un breve periodo de tiempo, como consecuencia del pánico financiero generado por  el estallido de una burbuja especulativa.

A lo largo de la historia, hemos sido testigos de varios de ellos: la crisis de 1929, el lunes Negro de 1987 o la crisis de octubre de 2008, tras la histórica caída del precio de las acciones de las Bolsas de casi todo el mundo.

Estos, además de leyendas urbanas sobre especuladores aterrados saltando al vacío y una terrible ola de suicidios en los edificios de Nueva York,  nos dejaron  importantes lecciones que son importantes recordar y aplicar en la actualidad. En esta nota de Inversor Global hacemos un repaso por algunas de estas lecciones, publicadas en el blog económico Euribor.

La Gran Depresión

La Gran Depresión se originó con el “martes negro” y el colapso de la Bolsa de Wall Street en 1929. Allí, el mercado cayó un 12% en dos días consecutivos y continuó desmoronándose hasta alcanzar el menor valor del Dow Jones registrado en la historia.

El crack fue alimentado por varios problemas, pero principalmente por el desarrollo de una burbuja especulativa. Durante la década del ’20, la Bolsa subía indiscriminadamente y en consecuencia muchísima gente empezó a entrar al mercado de capitales.

Pero como no todo el mundo podía darse el lujo de tener acciones en su cartera, los agentes de Bolsa prestaron un total de 8,5 mil millones de dólares para que los inversores puedan comprar a crédito. Y aunque muchos señalan al crack del 29 como la causa de la Gran Depresión,  lo cierto es que fue el factor especulativo tuvo mucho que ver.

Hoy en día, ni la especulación ni comprar al descubierto (sin contar con el dinero) han dejado de existir. Además, los bancos continúan utilizando sus depósitos para tranzar operaciones con títulos, generando así  la posibilidad de perder dichos fondos si se produjera otro falla en el mercado.

“El lunes negro”

Sucedió en  Nueva York el día 19 de Octubre del 1987. El famoso “lunes negro” extendió sus consecuencias rápidamente por el resto del mundo: el índice Dow Jones se desplomó por encima del 22% en un solo día como consecuencia de una burbuja especulativa y en esa misma mañana, los mercados empezaron a caer en Hong Kong.

Los analistas empezaron por atribuir la crisis a un influjo de las operaciones programadas informáticamente, un fenómeno relativamente nuevo que los brokers comezaban a usar por primera vez en aquella época.

Los corredores de Bolsa utilizaban algoritmos matemáticos para realizar sus operaciones en forma instantánea y en el momento oportuno, como forma de asegurar su cartera. Esta estrategia forzó a quienes operaban con futuros y opciones a seguir vendiendo, mientras el mercado se derrumbaba.

Las operaciones automatizadas no acabaron con el lunes negro, sino que por el contrario, la tecnología siguió avanzando.  Actualmente los algoritmos no son un fenómeno nuevo, sino que el principal motor de las operaciones de Wall Street.

Los inversores pueden maximizar sus ganancias gracias a estos programas. Pero aunque garanticen que la bolsa sea eficiente, pueden resultar un peligro si responden a señales externas (como el stop loss) para activarse en una orden de venta.

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