Y un día estalló la burbuja en China…

La desconfianza de los inversores y la preocupación por la salud económica del país provocaron nuevamente una fuerte caída en las Bolsas del Gigante Asiático. ¿Puede haber un efecto contagio?

Tan sólo dos semanas es lo que duró la calma en las volátiles Bolsas chinas.

Luego de haber sufrido el peor descalabro de las últimas décadas, este lunes los mercados del Gigante Asiático volvieron a cerrar con fuertes pérdidas: Shanghái se derrumbó un 8,5% en su mayor caída diaria en ocho años, Shenzhen perdió un 7% y Hong Kong retrocedió un 3,09%.

¿La razón?

Por un lado, el anuncio oficial de que las principales firmas industriales de China redujeron sus ganancias interanuales en un 0,3% debilitó la confianza de los inversores. Y por el otro, las preocupaciones en torno a la mayor ralentización de la economía china y el temor a que Pekín deje de relajar la política monetaria, sumado a la inminente subida de las tasas de interés en Estados Unidos, sumaron mayor presión al mercado.

Todo esto generó una importante toma de ganancias entre los inversores, quienes empezaron a vender de forma masiva sus títulos cuando quedaba tan sólo una hora para el cierre de la jornada bursátil. Así, más de 1.500 acciones de las casi 2.200 que cotizan en Shanghái y Shenzhen quedaron automáticamente suspendidas al caer por debajo del umbral del 10%.

De acuerdo con información que publica el diario El País, solamente 77 cerraron con ganancias.

Explotó la burbuja china

Entre noviembre de 2014 y junio de 2015, los mercados asiáticos experimentaron una euforia alcista sin precedentes que llevó a los dos principales índices del país a revalorizarse casi un 150%. Sin embargo, en julio todo se terminó.

Los inversores, en su mayoría aficionados sin nociones financieras, entraron en una espiral de ventas que provocó que los índices perdieran en menos de un mes un tercio de su valor. La mitad de las firmas que cotizaban en estos mercados suspendieron la negociación de sus títulos para evitar que las pérdidas fueran mayores y el gobierno debió poner freno al desplome a través de inyecciones financieras y la persecución policial de los especuladores.

Siguiendo esta línea, los especialistas explican que este tipo de inversores -que suponen el 80% del negocio diario de las Bolsas de este país- son los que mantuvieron siete meses de burbuja alcista desde 2014 y los que provocaron su fuerte caída de junio y julio.

Por este motivo, el gobierno se vio obligado a lanzar un programa de medidas sin precedentes para sostener el mercado y evitar el pánico. Entre ellas, se encuentran un programa de compra de acciones gracias a una línea de crédito del banco central, una rebaja de los tipos de interés, la suspensión de nuevas salidas a Bolsa y la prohibición a los grandes accionistas de las empresas cotizadas de vender sus títulos en los próximos seis meses.

Y si bien los controles hicieron que Shanghái y Shenzhen se revalorizaron un 15,5% y un 21% respectivamente en sólo dos semanas, hoy las Bolsas volvieron a caer. “El reciente rebote había sido rápido y fuerte, lo que hace necesaria una corrección técnica”, aseguró Yang Hai, estratega de Kaiyuan Securities, a la agencia Reuters.

¿Efecto contagio?

Las bolsas europeas acusaron el impacto y experimentaron su quinta caída diaria consecutiva luego de que los temores sobre las perspectivas de crecimiento en China eclipsaran algunos resultados corporativos que superaron las expectativas. Asimismo, los inversores se preparan para una reunión de la Reserva Federal, que podría confirmar el momento de la suba de las tasas de interés en Estados Unidos.

El temor a que la economía china resulte afectada por esta crisis existe y mientras tanto, los mercados de todo el mundo estarán a la espera de su evolución.

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