Una peligrosa idea

Hay algo que parece unir la extraña conducta que tenemos los argentinos. Un sistema de pensamiento que termina determinando lo que pensamos y cómo actuamos. El supuesto derecho a la abundancia nos está matando. ¿Nos volvimos locos?

Una semana y tres ciudades visitadas disparan pensamientos diversos. Buenos Aires, Santiago de Chile y Miami. Aviones, cafés, almuerzos y cenas varias. Charlas con varias personas con experiencias y visiones diferentes. Todos intentando entender el extraño mundo de las inversiones globales.

¿Por qué ocurren las cosas que ocurren? ¿Por qué Chile pudo lograr 20 años de crecimiento y la Argentina no? ¿Por qué los argentinos en Miami respetan las reglas pero en Argentina no? ¿Qué guía el extraño pensamiento de los argentinos?

En medio de un intercambio de ideas entre un chileno, un argentino, un norteamericano y un irlandés surgió esta idea de que los argentinos tenemos muy adentro nuestro un pensamiento que bautice como el “derecho a la abundancia”. Esta creencia guiaría cada una de nuestras acciones, cada uno de nuestros pensamientos.

¿Cómo funcionaría este supuesto derecho que creemos tener? Bueno, para entenderlo un poco mejor póngase en los zapatos del hijo de un multimillonario. Ese hijo vivió siempre en las mejores casas, viajó en los mejores autos, aviones y motos, fue a los mejores colegios, comió las comidas más deliciosas. En definitiva, hizo siempre lo que quiso sin límites ni restricciones.

Este hijo de millonario piensa, tal vez con algo de razón, que tiene derecho a la abundancia. Siempre la experimentó y su padre se ocupó de transmitirle este derecho, ¿por qué pensar de otra manera? Este hijo cree que el siempre va a vivir en la abundancia y si en algún momento no percibe esta abundancia, se va a enojar. Va a hacer valer ese derecho adquirido con mucho ímpetu. Sin medias tintas.

Los argentinos podríamos tener el mismo pensamiento que este hijo de millonario. Con una simple pero determinante diferencia: no tenemos un padre millonario. O mejor dicho, tal vez lo tuvimos por un tiempo limitado de nuestras vidas, pero este padre no sólo ya perdió toda su fortuna hace décadas sino que peor aún está cada día más endeudado…

Pero nosotros, como hijo rebelde que no quiere afrontar los problemas, que no quiere ver la realidad, nos oponemos a cambiar nuestra visión del mundo. “Nosotros nacimos y vivimos en la abundancia, tenemos un derecho a la abundancia que va mas allá de la riqueza de mi padre”, pensamos. El problema de cómo vamos a vivir en la abundancia no sería un tema nuestro bajo este sistema de pensamiento. “Que alguien más se encargue de resolver el tema de si hay fortuna para mantener esa abundancia o no”, lo único que me importa es seguir viviendo este exclusivo estilo de vida. Que las cuentas las paguen otros…

¿Si no es este supuesto “derecho a la abundancia” el que nos hace actuar como lo hacemos, qué es?

Le voy a dejar algunos ejemplos un poco mas terrenales para que entienda mi punto. ¿De dónde sacamos que está bien que la pelea entre Mayweather y Pacquiao la tenemos que ver gratis? Si un norteamericano promedio pagó 100 dólares por el derecho de ver la pelea, ¿cómo puede ser que un argentino no pague nada? ¿Por qué el argentino se siente en el derecho de poder ver la pelea que movilizó el mundo sin pagar un sólo peso?

O le doy otro ejemplo, ¿por qué ningún candidato se opone a que el “Fútbol para todos” siga vigente como está? ¿De dónde sacamos que ver el fútbol de todos los fines de semanas tiene que ser gratis, que el estado nos tiene que dar ese “derecho”.

¿O cómo puede ser que una empresa aeronáutica tomada por el estado como Aerolíneas Argentinas pierda un millón de dólares por cada vuelo que sale de Buenos Aires a Miami? ¿De dónde sacamos que esto está bien, que todos los argentinos tienen el “derecho” de viajar a Miami mucho más barato de lo que corresponde?

O porque los argentinos nos sentimos en el derecho de que tenemos que comer nuestra mejor carne mientras que, por ejemplo, los uruguayos o los paraguayos venden su mejor carne al exterior, hacen millones gracias a estas ventas y se comen la carne menos buena, que tiene precios más baratos y no es tan atractiva para exportar. Nosotros los argentinos nos damos el lujo de no exportar carne, “total no lo necesitamos…, nos auto convencemos…”

Estimado inversor global, estimado amigo, este “derecho a la abundancia” que tenemos muy adentro de nuestras cabezas nos esta destruyendo.  No se entiende por qué aún después de tantas décadas de no ser “ricos” de verdad, como lo éramos al comienzo del siglo pasado,  seguimos pensando que tenemos que vivir como reyes aún sin tener un sólo gramo de oro en nuestro patrimonio.

Hasta tal vez por este supuesto “derecho a la abundancia” la figura del empresario está tan mal vista en nuestro país. Si la riqueza es abundante, si no falta, si no es un bien escaso, si todos tenemos derecho a esta riqueza que alguien bondadoso nos dejo gratis por el sólo hecho de ser argentinos…., ¿Para qué necesitamos a los empresarios que generan riqueza?

¡Si la riqueza no sólo ya la tenemos sino que mejor aún nos corresponde a todos y cada uno de los argentinos! “¡Es sólo cuestión de distribuirla mejor!”, gritan los fanáticos de esta visión.

Complicado vivir de esta manera. Pero más complicado aún cambiar este comportamiento. Porque no estamos hablando de un problema económico, estamos hablando de un gran problema psicológico….

¿Cómo nos convencemos los argentinos de que todos tenemos el derecho a buscar la abundancia pero que no la tenemos? Porque tener no es lo mismo que buscar.

Buscar implica esfuerzo, implica creatividad, innovación, energías, asumir riesgos, compartir, aprender, crear, inventar. Tener significa enojarnos, protestar, renegar, pelearnos, enfrentar, sacarles a otros. Buscar es un juego de suma positiva. No tengo que sacarle a otro para tener más. En cambio el tener es un juego de suma cero. Lo que obtengo se lo saco a otro.

Solucionar lo colectivo es ambicioso, difícil y hasta improbable desde nuestra limitada esfera individual. Pero solucionar lo individual, cambiar nuestra actitud, intentar cambiar la actitud de los que nos rodean, de los que queremos no sólo es mucho menos difícil sino mucho más probable. Por ello, sacar de nuestra cabeza este falso “derecho a la abundancia” puede ser el comienzo de la solución de este gran problema psicológico que parece habernos infectados a la mayoría de los argentinos.

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore

Para Inversor Global Argentina

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