Baby-boom: le economía británica festeja la llegada de Charlotte

Cuando se conoció que el príncipe William y Kate Middleton estaban esperando un segundo heredero, varios expertos aseguraron que, de tratarse de una niña, el consumo en Inglaterra se dispararía. ¿Cómo se justifica este efecto?

Cuando nació el príncipe George, Gran Bretaña se asustó colectivamente. Es entendible que haya sido así: haber sido el primogénito del príncipe Guillermo y Kate Middleton, transformó al pequeño George en el heredero directo al trono de Gran Bretaña. La publicidad era grande, al igual que el bache económico correspondiente de la economía, que según algunas estimaciones se encontraba en los 400 millones de libras.

El sábado, la familia real anunció que el príncipe Guillermo y la duquesa de Cambridge habían dado a luz a su segundo hijo y que -por suerte para la economía inglesa- esta vez se trataba de una niña: Charlotte Elizabeth Diana. Pero, ¿por qué a la Corona le convenía que el bebé real sea una mujer?

La potencia de un Royal Baby

La llegada del primer niño de la familia real estimuló muchísimo la industria para bebés. Pero no sólo eso, también impactó positivamente en el turismo, los souvenirs, y hasta fechas de reserva (para llegar a estar en Londres para el momento del nacimiento).

En esta línea, los especialistas afirmaban que el impacto de un segundo bebé iba a depender de si era un niño o una niña. La experta en marketing Laura Ries afirmó que el género iba a marcar la diferencia -si el bebé es una niña, va a ser, además de una noticia enorme, uno de los negocios más rentables, ya que no hubo una mujer de “sangre azul” desde la década de 1920, cuando nació la reina Isabel.

Para los medios de comunicación -que sin duda crear gran parte de la publicidad frenética- una niña “ofrece un ángulo completamente nuevo”. Para las empresas especializadas, una princesa ofrece la oportunidad de vender mercancía rosa de bebé junto a recuerdos azules del Prince George.

Y luego está la ropa: “El vestuario de los muchachos no es tan emocionante”, aseguraba Ries. “La ropa de las niñas, sin embargo, es otro mundo”. A diferencia de las celebridades, que tratan de proteger a sus hijos de la prensa, “los miembros de la realeza son diferentes”, dice Ries. “Son parte de la vida de las personas”.

Más importante aún, como se trató de una niña, ella tiene el potencial de hacer un impacto de por vida en la industria de la moda. Tal como sucedió con el ‘efecto Kate’ es decir, el hecho de que cada vez que la duquesa de Cambridge se fotografía en un diseño particular, el modelo se agota en cuestión de minutos.

Las opciones de colores también se verán afectados de manera similar por el ‘efecto Kate’: si ella usa un vestido verde, las ventas de vestido verde se disparan de repente en eBay. Según el artículo de Newsweek de 2012 el “efecto Kate” puede valer mil millones de libras a la industria de la moda del Reino Unido.

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