Los inversores sonríen ante un Estado debilitado

Los anuncios consecutivos de default en China han despertado el interés de los inversores del mundo. ¿En qué se fundamenta esta reacción contradictoria?

Seguramente su lógica le dice que una economía que cae en default dos veces, en tan solo dos días, tendría que sufrir consecuencias letales en su mercado financiero. Pero este no es el caso del Dragón Rojo.

La respuesta de los inversores ante el incumplimiento de vencimientos de las firmas Kaisa Group Holdings Ltd. Y Baoding Tianwei Group Co. en lo que va de semana, ha sido inyectar más capital en el sistema financiero chino.

De acuerdo con una publicación de Bloomberg, luego de la cesación de pagos en dólares de la asiática Kaisa, el índice Shanghai Composite presentó un alza de 1,8%. En paralelo, el mercado de bonos basura de China caía un 0,5% el lunes, y aún con ello, acumula un alza mensual de 2,3%. Lo que equivale a dos veces los retornos de los securities de grado especulativo de los Estados Unidos.

Por muy contradictorio que parezca, esta reacción corresponde a un fundamento bastante lógico. Conozca de qué se trata.

Estado más débil = Inversores más felices

Desde un enfoque de análisis, la declaración de default significa un quiebre en el hermetismo de una economía rigurosamente controlada. Para muchos, esta grieta del sistema intervenido por el Estado se traduce en el alcance de la madurez para el Dragón Rojo, así como lo es la desaceleración de su expansión.

Según David Lebovitz, estratega de mercados de J.P Morgan, citado por Bloomberg, esta especie de crisis representa el debilitamiento del impenetrable muro impuesto por el gobierno chino ante su sector corporativo.

Por ello, esta vulnerabilidad ha sido vista como algo positivo por los inversores, que consideraban que las vías de acceso real al sistema eran prácticamente inexistentes.

Muchos expertos aseguran que permitir a las empresas estatales incurrir en este tipo de falta demuestra que China posee un mercado financiero real, capaz de funcionar más allá de la dinámica unidireccional del gobierno.

La buena noticia para los inversores que se sienten atraídos por este cambio en el terreno de juego asiático, es que según un informe de  la firma Standard & Poor, esta tendencia puede trasladarse a otras empresas chinas.

No obstante, debe tenerse en cuenta que este efecto derrame viene cargado de cierto nivel de riesgo. La deuda corporativa de la segunda economía más grande del mundo es la más alta a nivel internacional. De acuerdo con datos del Banco Central de China, para cierre de 2013, ésta excedía los 14.2 billones de dólares.

¿Se atreve a incursionar en el mercado de activos chino ante la potencial flexibilización estatal?

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