La suba del dólar tiene los días contados…

Detrás del gran rally global de la divisa estadounidense, algo anda mal. No se deje confundir por los alarmistas de siempre. La moneda puede haber tocado un techo. Aquí expongo mis justificaciones y cómo hay que actuar.

Ya tenía la decisión tomada de escribir esto desde hace algunos días. Pero los últimos datos que conocí sobre la economía estadounidense reforzaron mi opinión que daré a continuación.

“Cuando Estados Unidos estornuda, el mundo se resfría”, dice la frase anónima más escuchada en los mercados para justificar la importancia de la principal economía del mundo sobre el resto de las naciones.

Y esto sigue siendo así, nos guste o no.

Apenas se dieron señales de que la Reserva Federal se aprestaba a concluir con su programa de inyección monetaria como paso previo a una suba de tasas de interés, el dólar literalmente “voló” contra el resto de las monedas globales.

Nunca antes se había generado un movimiento tan vertical, en tan poco tiempo, de la divisa contra una canasta de monedas desarrolladas. Es por ello que vimos que en cuestión de meses, la apreciación del dólar llegó a niveles no antes vistos desde 2003. Y el alza siguió su rumbo.

Esto generó una espectacular salida de capitales de los mercados emergentes y economía del centro que se dirigían hacia Estados Unidos. La principal consecuencia, y lógica, fue un debilitamiento acelerado de las monedas de los países víctimas de esta fuga de dinero.

Todo esto ocurrió sin que ni siquiera la FED haya avanzado con el ajuste alcistas de su tasa de interés de referencia. Todavía sigue en 0%. Sabemos que el mercado se adelanta, pero sin dudas que hubo una sobrerreacción.

Y creo que el mercado ni los inversores son conscientes de eso todavía.

A diferencia de lo que ocurrió en épocas anteriores, donde la historia muestra que cuando el banco central estadunidense comienza a subir las tasas de interés lo hace aceleradamente, ahora será distinto.

Las razones son múltiples.

Por un lado, el mundo está envuelto en un proceso deflacionario y Estados Unidos no está exento a eso. La caída del precio de los commodities y la depresión económica en algunas regiones convalidan este proceso. La FED no puede desconocer el mismo.

Por el otro lado, los datos actuales confirman mi presunción: la economía estadounidense crece, pero de manera timorata. ¿Se crean más empleo? Sí. ¿Hay más confianza del consumidor? Sí. ¿El consumo despega finalmente? Ni.

En este último punto puede haber una lección encubierta consecuencia de la última crisis: el consumidor estadounidense cuida más su ingreso, es más cauto. ¿Cómo lo sé? Basta con mirar la evolución de la Tasa mensual de ahorro personal, que publica el Bureau de Análisis Económico, la cual acumula una mejora continua durante los últimos seis meses.

En septiembre, octubre y noviembre, la tasa promedio de ahorro era del 4,5% de los ingresos. En diciembre saltó a 4,9%, en enero a 5,5% y en febrero a 5,8%. Esto quiere decir que la mayor cantidad de ingresos disponible proveniente de la caída del precio de la gasolina no fue a consumo sino que se destinó gran parte a ahorro.

De allí que la economía estadounidense no muestra una gran recuperación en los últimos meses como se preveía con la venidera estampida bajista del petróleo.

Y si a esto le adicionamos que la gran suba del dólar resta competitividad a las exportaciones y fomenta el ingreso de importaciones, la Reserva Federal encuentra un problema no menor para “normalizar” su política monetaria.

Finalmente, mirando la evolución del índice DXY (dólar vs una canasta de monedas), técnicamente la suba de la moneda estadounidense luce ya casi completa.

grafico-dolar

 

Mi consideración personal es que probablemente la FED suba un cuarto de punto porcentual en algún momento del segundo semestre. Pero será más que nada una decisión simbólica porque su margen de maniobra está acotado por los argumentos antes mencionados.

Una suba acelerada de las tasas de interés puede volver aún más timorato al consumidor y, con ello, hacer que la economía comience a tambalear. Y ese costo no lo va a querer parar el organismo.

Entonces, ¿qué hacemos con los ahorros?

Alguna pista ya le dí en el newsletter de la semana anterior. Creo que es el momento de apostar a la jugada contraria. Si pienso que el dólar fuerte fue la gran causa de la caída del precio de las materias primas y de las bolsas emergentes, hoy hay que poner el ojo en ellas si veo que puede sobrevenir el efecto contrario.

Dentro de las 10 bolsas más baratas del mundo en la actualidad, medidas por la relación Precio / Ganancia pasada y Precio / Ganancia futura se encuentran siete de países emergentes. Y tres de estos países forman parte del denominado grupo BRICS.

[Recuerde que el ratio Precio / Ganancia mide cuántas veces de las ganancias está pagando por un activo en particular. A menor ratio, más barato luce el activo ya que se recuperaría el monto de la inversión más rápido su todas esas ganancias son distribuidas como dividendos en efectivo.]

Son la letra B (Brasil), la R (Rusia) y la S (Sudáfrica). Creo que allí hay valor para el inversor que junta coraje para lo que queda del resto del año. Si mi tesis de que la FED no podrá jugar fuerte este año se verifica en la realidad, no tengo dudas que los capitales volverán a estos países, al menos para una rentabilidad de corto plazo.

Usted puede anticiparse a eso con una parte de su portafolio. Los ETFs más populares de dichos países son el EWZ, el RSX y el EZA.

La decisión está en sus manos. Depende de cuánto riesgo está dispuesto a asumir.

A su lado en los mercados.

Diego Martínez Burzaco.

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