El gráfico que aterroriza a la Reserva Federal

Desde que asumió el cargo de presidenta de la Reserva Federal, el 1 de febrero de 2014, los inversores temían lo peor acerca del comportamiento a seguir por Janet Yellen y su equipo.

Sus pergaminos la mostraban como la “dama de hierro” en materia de política monetaria, la antítesis de su antecesor Ben Bernanke. Se esperaba un cambio radical en el discurso, con un endurecimiento de los términos utilizados en las comunicaciones de la entidad.

Los inversores preveían el fin del ciclo de tasas 0% y, con ello, un abrupto freno en la escalada alcista que habían mostrado las acciones hasta ese momento.

Sin embargo, se equivocaron.

Por el contrario, Janet Yellen fue mucho más cautelosa que lo esperado tanto en sus discursos públicos como en las comunicaciones oficiales de la Fed. En su primer año de gestión, podríamos decir que fue una experta “malabarista”.

Desactivó el denominado plan de relajamiento monetario (más conocido en inglés como QE3) sin que las acciones interrumpieran su andar triunfador. De hecho, durante lo que va de su breve gestión, los índices de acciones S&P 500 y Dow Jones arribaron a niveles récord. Por su parte, el tecnológico Nasdaq retomó los 5.000 puntos, nivel no visto hasta antes del estallido de las punto com.

Todo muy prometedor. Nadie se podía quejar. Se había logrado desactivar una bomba que inyectaba US$ 80.000 millones mensuales al sistema financiero sin provocar caos ni heridos de gravedad.

Sin embargo, a fines de 2014 algo comenzó a cambiar.

El dólar estadounidense se despertó de su letargo y desempolvó su traje de “rey”. Las monedas emergentes comenzar a crujir. Luego fue el turno de los commodities. Y finalmente el efecto llegó a las monedas desarrolladas como el euro y la libra esterlina.

En un principio se lo interpretó como un proceso natural. Si la economía estadounidense estaba mejorando y creaba más empleo en comparación con otras economías globales que deambulaban, era lógico que el dólar se apreciara.

Y sobre todo era un movimiento esperado si la Reserva Federal ejecutaba, una vez desactivada la “bomba” de la emisión monetaria, una suba en las tasas de interés.

Para entenderlo en términos simple, si Estados Unidos sube sus tasas de interés, muchos inversores van a querer aprovecharlas, sobre todo en un mundo con tipos en 0%. Para ello, venden sus tenencias en otras partes del mundo, se desprenden de otras monedas (generan más oferta) y compran dólares para invertir en la principal economía mundial (generan más demanda).

Como sabemos el equilibrio en cualquier mercado se alcanza cuando se unen la oferta con la demanda. Si hay exceso de oferta, el precio debe bajar (este es el caso del resto de las monedas globales). Por el contrario, ante un exceso de demanda de un bien, el precio debe subir (este es el caso del dólar estadounidense).

Esto explica por qué el dólar subió y el resto de las monedas bajaron.

Hasta acá está claro…

Pero lo que a Yellen le preocupa, y mucho, es el ritmo veloz con el que se apreció el dólar. Si tomamos el índice dólar, que muestra la evolución de la divisa contra una canasta de monedas (Euro, Libra, Yen, Corona Sueca, Franco Suizo, Dólar Canadiense), el mismo aumentó más de un 20% en los últimos meses.

¡Esto es un avance gigantesco!

Y esta apreciación se dio no solo en poco tiempo, sino sin siquiera haberse registrado una suba de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal. Está claro que los mercados se adelantan, pero acá parece haber habido una exageración.

Y esa valorización del dólar es la que hace dudar a Yellen sobre cómo actuar en lo inmediato.

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Como se observa en el gráfico, períodos de valorización del dólar (línea azul) coincidieron con bruscas caídas del mercado de acciones (línea marrón). Sin embargo, no fue el caso en el último gran rally que se observa en la moneda estadunidense.

Y esto genera un gran riesgo.

Yellen siempre quiso dar señales de certidumbre a los inversores sobre sus próximos pasos a seguir. Lo que menos quiere es generar un cimbronazo de magnitud en el mercado de acciones por las implicancias que tiene sobre la confianza del consumidor y la riqueza de las familias.

Pero a esta altura, la funcionaria está ante una encrucijada.

Si demora la suba de tasas de interés, corre el riesgo de seguir alimentando una burbuja en los activos financieros, pateando el problema para adelante. En cambio, si convalida la suba del costo del dinero, el dólar puede seguir apreciándose fuerte y las acciones sufrirán.

Cualquier decisión traerá costos.

Mi consejo personal para sus inversiones es que se mantenga alejado de empresas estadounidenses que tienen una fuerte dependencia de sus ventas en los mercados externos. La caída en la competitividad, provocada por la apreciación del dólar, puede afectar sus ingresos de sobremanera.

Ah, y una perlita adicional: en el gráfico anterior puede ver la evolución del índice de acciones vinculadas al Desarrollo Inmobiliario (línea verde) en Estados Unidos. Siempre la magnitud de la caída de este sector, en momentos de suba de tasas de interés y apreciación del dólar, ha sido mayor. ¡Manténgase alejado del mismo!

A su lado en los mercados,

Diego Martínez Burzaco (@diegomb80)

Para Inversor Global

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