Paul Krugman, el Premio Nobel a la idiotez

La semana pasada, el Instituto Global McKinsey reveló que los niveles de deuda mundial son en realidad el doble de lo que pensábamos: 200 billones de dólares, cerca de tres veces la producción total del planeta.

Qué alivio fue descubrir, sólo unas horas más tarde, que no había nada por lo que preocuparse. Nuestra preocupación estaba completamente fuera de lugar. No era más que un tremendo malentendido, o como el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, dijo: “una mala agonía”.

Así que ahora podemos volver a nuestras clases de portugués sin darle mayor importancia a la deuda.

¿Tiene curiosidad por saber qué progreso estamos haciendo con el portugués? Nosotros no creemos estar haciendo un gran avance, pero de todos modos se lo contamos.

Nos sentimos orgullosos de nuestra capacidad para aprender nuevos idiomas. Llevanos a cualquier ciudad del mundo porque después de acudir tres días a clases de idiomas intensivas seremos capaces de entrar en cualquier bar de la ciudad y pedir una cerveza con confianza.

Así es en Sao Paulo. No podemos conjugar el verbo “conhecer” todavía. Tampoco podemos pronunciarlo bien. Pero tenemos dominado las palabras esenciales: por favor, gracias y bomba de deuda.

Ya no hay necesidad de pensar en la deuda. Especialmente aquí, en Brasil. Incluso después de 13 años de gobierno socialista, la deuda pública es del 60% del PIB. En cuanto a la deuda privada, no hemos sido capaces de conocer el dato. Pero sospechamos que es baja. La industria del crédito es bastante nueva y cautelosa aquí.

En 1980, una hamburguesa que costaba cuatro cruzeiros a comienzos de año, llegó a costar en la Navidad de 1997 cinco billones de cruzeiros. Brasil tuvo que hacer uso de una nueva moneda y de un nuevo Gobierno para arreglar las cosas.

Ese no es el tipo de cosa que se olvida durante la noche. Esto hace a los prestamistas reacios a prestar dinero a largo plazo y obstaculiza el crecimiento del crédito, especialmente cuando tenemos la inflación en el aire. Los precios ya están subiendo en Brasil a una tasa del 7%, muy por encima del límite del Gobierno.

Pero, ¿por qué se molesta en pensar en ello? “Los déficits no importan” dijo Dick Cheney, vicepresidente de Estados Unidos con Bush. “La deuda no importa tampoco” dice Paul Krugman.

Qué lástima. Todos estos años hemos estado trabajando bajo la idea de que estas cosas sí importaban. Gracias a Dios, Krugman ha aclarado finalmente las cosas (en el New York Times):

“Se puede ver la confusión cada vez que alguien arremete contra los déficits con lemas como “Deja de robar a nuestros hijos”. Suena bien, si no piensa en ello: las familias que contraen una deuda se hacen más pobres, ¿y no es lo que pasa también con la deuda pública mundial?”

“No, no lo es. Una familia con deudas debe dinero a otras personas; la economía mundial en su conjunto se debe dinero a sí misma. La deuda es dinero que nos debemos a nosotros mismos, no hace directamente a la economía más pobre (y pagarla no nos hace más ricos).”

“Vamos a ver. La deuda no nos hace más pobres. Así que no hay que preocuparse por ello. Pero, ¿nos hace más ricos? Ah, ahí está la cuestión…si no nos hace ni ricos ni pobres, ¿por qué se preocupan por ello?”.

¿Qué es lo que dices, Paul, qué nos puede hacer más ricos si se usa de manera inteligente? ¿No es esa la razón de bajar los tipos de interés? ¿No son los tipos de interés bajos las que deben incentivar el endeudamiento, el gasto y una mayor riqueza? Por lo tanto, algo hay en la deuda que puede afectar a la economía real, ¿no es así? La deuda, invertida adecuadamente en activos generadores de riqueza, puede hacer tanto al prestatario como al prestamista más ricos.

Y si ese es el caso, ¿no es también probable -de ninguna manera probada, por supuesto- que la deuda nos puede hacer más pobres? ¿No todos sabemos que eso es verdad? Usted pide dinero prestado, lo derrocha, y ya está en peor situación. Y también lo está la persona a quién usted le debe el dinero. No puede pagarle. Él no puede cobrar. Ambos pierden. No importa si usted es una familia o una nación entera. Es peor para todos. La deuda sí importa, después de todo.

Según el informe de McKinsey, la deuda ha crecido en 57 billones de dólares desde que comenzó la crisis en 2007.

El falso crecimiento económico explica por qué las acciones estadounidenses están tan caras. Es por eso también por lo que hay una casa en venta en Florida por 139 millones de dólares. Y es por eso por lo que una obra de arte- que valía casi nada cuando se puso en el mercado a finales del siglo XIX- ahora vale 300 millones de dólares.

Estos nuevos datos muestran la absurdez de Krugman al afirmar que “la deuda no importa”, y la inutilidad de las políticas de los Bancos Centrales desde 2007. La crisis financiera que comenzó en 2007 fue el resultado de un exceso de deudas en las viviendas de Estados Unidos y en los sectores financieros. Los hogares estadounidenses no podían pagar. Tuvieron que echar el freno. De pronto, todos esos miles de millones de dólares en activos respaldados por hipotecas resultaron inútiles, todos los bancos de Wall Street amenazaron con la quiebra. Entonces, ¿cómo respondieron los Bancos Centrales?  ¡dieron un paso adelante!

La deuda pública solo ha crecido en los últimos siete años 25 billones de dólares, según el informe de McKinsey. Además, ocho de cada diez hogares (en su mayoría fuera de los EE.UU) tienen más deuda de la que tenían en 2007. China ha cuadriplicado su deuda, de 7 billones en 2007 ha pasado a 28 billones el año pasado. La deuda China –que es cercana al 300% del PIB- es mayor que la de los EE.UU o Alemania. Y la mitad de ella está avalada por bienes inmuebles.

Sí, querido lector, vivimos en la Era de las Maravillas. Nos preguntamos qué pasará con los 200 billones de dólares de deuda mundial cuando los avales se abran paso. Nos preguntamos por qué alguien pagaría 300 millones de dólares por una pintura de un francés muerto. Nos preguntamos cuándo el Comité de los Premios Nobel lo reconsiderará.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.

 

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