Argentina está a punto de hundirse; comience a buscar ranchos ahora

Bill Bonner

Nos alegramos de volver a Sao Paulo después de un fin de semana en Río. En comparación, Sao Paulo es limpio, tranquilo y serio. Río no es ninguna de esas cosas, sobre todo en el fin de semana de Carnaval.

Y hace calor, mucho calor. Tanto calor que no quieres dejar el vestíbulo del Hotel Fasano. Nosotros no estábamos alojados en ese hotel. En su lugar, encontramos una habitación barata con vistas; es decir, una vista a un conducto de aire. Nuestro hotel estaba en la playa de Copacabana, pero no eras consciente de ello desde el interior. El hotel podía haber estado en el lado pobre de Chicago.

Así que, cuando descubrimos el Fasano en los alrededores de Ipanema, levantamos el campamento en él, al menos por unas horas.

Las playas de Copacabana e Ipanema estaban llenas de gente en estado indecente. Jóvenes, viejos, gordos, flacos, atractivos y repulsivos. Fue demasiada información para nosotros. Nos quedamos abrumados.

Fue bueno alejarse de Río, pero no nos quedamos en Sao Paulo por mucho tiempo. Ayer, llegamos a Buenos Aires.

Sabemos que Buenos Aires es mejor que Sao Paulo. Es una ciudad más bonita, pero menos dinámica. En Sao Paulo se ven nuevos edificios, nuevos coches y nuevos restaurantes casi en todas partes. Buenos Aires no cambia tanto. Es una ciudad antigua, más elegante y más desgastada por el paso del tiempo.

También es la capital de un país mucho más pequeño geográficamente, con una economía que ha estado en declive, relativamente, por más de medio siglo. Pero lo que a los argentinos les falta en tamaño y riqueza, lo compensan en ideas. Para no hacer la historia muy larga, el proletariado italiano descubrió Buenos Aires a comienzos del siglo XX. En ese momento, la ciudad era tan abierta, tan libre, tan hermosa y tan llena de actividad que un inmigrante de Venecia o Nápoles podía bajar del barco por la mañana y tener un trabajo y un apartamento por la tarde.

La ciudad tenía más árboles que París, una casa de ópera más grande y la avenida más ancha del mundo.

Los italianos pensaban que podían mejorar la ciudad todavía más aplicando las últimas creencias en Europa: el sindicalismo, el comunismo y el anarquismo. Después, en la década de 1930, Juan Perón, un joven oficial del ejército, fue enviado a Italia como agregado militar. Perón admiraba las ideas fascistas de Mussolini, tanto que se las llevó con él de vuelta a Argentina.

Entonces, él tuvo suerte. Se casó con Eva, quién se convirtió en la primerísima dama de la nación. Ella le hacía regalos a los pobres en Navidad. Su hermano distribuyó pasaportes a los nazis cuando la guerra se volvió contra ellos. Los nazis estaban felices de emigrar, y mostraron a los argentinos una cosa o dos sobre el funcionamiento del estado policial.

Los peronistas han estado en el poder desde entonces, siempre contando con los votos de las clases trabajadoras para mantenerse en el poder.

“La historia es siempre la misma”, explica nuestro analista local. “Ellos hacen promesas para ser elegidos. Las promesas cuestan más del dinero que tienen. Piden dinero prestado. Y se van a la quiebra una vez cada diez años. La última crisis fue en 2002. Llegamos tarde.”

En aras de una total transparencia, no nos estamos aprovechando de la gente que hace cosas estúpidas. Después de todo, cuando Humpty Dumpty se sienta en el muro, usted debe darle un empujón. De lo contrario, ¿cómo va a aprender a estar en el suelo?

Así fue cómo llegamos a Argentina en 2005, con la corazonada de que había algo valioso por ver. En el evento, encontramos un rancho de montaña que fuimos capaces de comprar por una canción.

Había tres razones por las que la propiedad era tan barata:

En primer lugar, la nación no se había recuperado aun de su crisis más reciente.

En segundo lugar, no había otros compradores que buscasen en la zona noroeste de Argentina.

En tercer lugar, incluso aunque el precio apenas suponía una décima parte del coste de la propiedad en EEUU, todavía era probable que no valiese la pena pagar lo que pagamos.  

Así que ya ves, después de todo, el último que rió fue Humpty. Y los locales se han estado riendo desde entonces, mientras nosotros nos rompemos la cabeza haciendo pensar a alguien que es posible hacer funcionar un rancho en un país árido, inaccesible y abandonado de la mano de Dios.

Pobre Evita, murió en 1952. Juan, entonces tenía 59 años, se juntó con una chica, se rumorea que menor de edad, llamada Nelly Rivas. Cuando se le preguntó como podría tener una relación con una chica de 13 años, respondió: “Yo no soy supersticioso”.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.

 

Deja tu respuesta