Sólo para “estómagos de acero”

Una oportunidad se abrirá con la llegada del nuevo gobierno a la Casa Rosada. No estará relacionada a la línea ideológica que cultive ni a su visión país para la Argentina. Caerá por obligación como una herencia ineludible.

Cuando Mijaíl Gorbachov abrió el capot de la Unión Soviética se dio cuenta de que ya no bastaba recurrir al ajuste de tuercas. Era necesario realizar una revisión completa del motor y cambiar las piezas defectuosas por nuevas.

Con la Perestroika, el plan que le devolvería a la nación su dinamismo económico, se eliminó la fijación de precios, y la oferta y demanda volvieron a su milenaria batalla.

En la Argentina, todo parece indicar que en 2016 el sector energético enfrentará su propia Perestroika, generando una interesante alternativa de inversión para aquellos especuladores que no le temen al riesgo.

¿De qué estoy hablando?

No vamos a gastar caracteres para explicar una situación que todos conocemos: los subsidios se asignaron en forma indiscriminada y no sólo recaen sobre personas que tienen posibilidad de pagar su tarifa, sino que además representan una pesada mochila para el colectivo social a través del pago de impuestos (tenemos la mayor carga tributaria de la región y una de las más altas del mundo en porcentaje del PBI).

Preste atención al siguiente cuadro que nos muestra Fernando Navajas en su columna de Ámbito:

En las palabras del propio autor del cuadro: “el ciclo actual (de retroceso en el costo de la energía) va a cumplir 14 años en 2015 y supera en extensión (14 años) y profundidad (73% de caída real) a todas las experiencias anteriores”.

Sí, la espada de Damocles del sector no son los subsidios, sino las tarifas congeladas. Los precios fijos hacen que una industria no se preocupe por crecer, pues siempre ganará lo mismo.

Tampoco resulta un panorama atractivo para los inversores.

Eso sí, la situación es tan crítica como impostergable.

No espero que en un año electoral como este, se produzcan grandes modificaciones, pero con la llegada de un nuevo gobierno, el presidente de turno no tendrá margen y deberá enfrentar la situación, volver a crear las condiciones para tener empresas energéticas sustentables y con negocios saludables.

“La lógica indicaría que en los próximos años, con cambios en el gobierno, nuevamente se busque restablecer el equilibrio de las empresas. Ahí sí estas acciones probablemente puedan reflejar su verdadera situación económica”, le decía por estos días Gerardo Rabinovich, Vicepresidente 2º del Instituto Argentino de la Energía (IAE) “General Mosconi” al sitio Igdigital.com.

“El mercado se adelanta a la economía”, reza el viejo adagio bursátil. Si el cambio llega o comienza (no espero algo brusco en las tarifas porque sería muy duro para el bolsillo de los argentinos, pero sí algo gradual) con el nuevo gobierno en 2016, es posible que la Bolsa comience a descontar algo al cierre de este año.

 

Sólo para “estómagos de acero”

Desde ya que no es una apuesta para cualquiera.

Fíjese lo que me decía Nery Persichini, economista del equipo de Revancha Argentina, al respecto:

En este punto es donde el inversor con ‘estómago de acero´ puede adelantarse al resto y multiplicar su capital. Apostar por las energéticas es una jugada reservada para quienes acepten correr grandes riesgos. Su principal aliado es la volatilidad. Pero esto es un arma de doble filo: potencia las cotizaciones al alza y las castiga sobremanera cuando el Merval baja.

En el largo plazo, las empresas energéticas son una inversión más que atractiva. Pero las turbulencias en el camino pueden dejar afuera de la competencia hasta al más paciente de los inversores. Por esta razón, manejarse con topes máximos de ganancias o pérdidas -stop loss- es una medida muy recomendable.

(Para suscribirse a las recomendaciones de inversión de Revancha Argentina haga click acá).

Las palabras de Nery tienen mucho sentido y le voy a explicar por qué.

Pensemos en invertir en acciones energéticas, para aprovechar el cambio de escenario que le planteo.

Primero veamos de dónde venimos. El año que acaba de culminar tuvo a dos firmas del sector (Trasnener y Edenor) en el top 5 de las firmas que más subieron en el mercado.

Demás está decirle que al sector, incluso en estas complejas condiciones de precios fijos y subsidios, también le fue bien: Edenor (EDN) +149%, Pampa (PAMP) + 133% y Trasnener +223%, en un período en el principal indicador de la Bolsa (el Merval) trepó 59%.

Supongamos que el próximo presidente sale de la terna que hoy parece tener mayores posibilidades: Daniel Scioli, Mauricio Macri o Sergio Massa.

Todos ellos son de perfil más ortodoxo y más amigos del libre juego de la oferta y la demanda que Cristina de Kirchner; y si no lo fueran, tampoco tendrán otra alternativa que subir los precios.

Ahí es cuando las energéticas mostrarán su mayor brillo.

 

Gran potencial de suba

Dato clave: las energéticas son las firmas de mayor volatilidad del Merval, las que tienen beta más alto.

Esto quiere decir que si el principal indicador del mercado argentino sube, estas acciones suben de forma más que proporcional. Lo mismo si hay un retroceso.

Estos son los beta: EDN 1,30, PAMP 1,18 y TRAN 1,20.

Digamos que el Merval sube 1% este mes, entonces EDN lo hará 1,30% y así sucesivamente.

Por lo tanto, si al mercado le va bien, más que acompañarían ese alza, algo que ya sucedió en 2014.

No obstante, lo que este número muestra –y es importante que lo entienda- es su sensibilidad a las noticas en general que se conozcan de este segmento de la economía.

Puede que se hable de los grandes pasivos que tienen (un riesgo real) o de algún dividendo, pero sígame en el razonamiento…

¿Se imagina lo que sucedería si esas noticias hablaran de una salida de la Perestroika energética?

No pondría todos mis ahorros en esto, pero los amantes del riesgo saben que una oportunidad, con plazo a 2016, se acaba de abrir y no la van a dejar pasar.

Hasta la semana próxima.

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