La escasez de tampones puede ser solo el comienzo…

La historia de la “crisis del tampón” da lugar a dos interrogantes: ¿Por qué se produce esta situación? ¿De quién es la culpa?

La ausencia de tampones en las farmacias y supermercados de la Argentina desde finales de 2014 es un hecho propicio para comprender por qué el exceso de restricciones en un mercado es nocivo.

Ley de causa y efecto

Todo gira en torno a las políticas de comercio exterior de la Argentina, específicamente de las importaciones. La dinámica es muy sencilla:

Primero, los tampones son bienes de consumo que no se producen en el país, principalmente porque no generan una demanda lo suficientemente atractiva para que los empresarios se dediquen a su elaboración.

En ese sentido, el proceso de importación de los mismos se enfrenta a las múltiples barreras comerciales vigentes a nivel local. El problema de las importaciones pasa por el control de las divisas, que como bien se sabe son escasas y ante un accidentado sistema de asignación de las mismas al sector privado para el desempeño de sus actividades, generan caos en los mercados.

¿Cuál fue el detonante?

Los problemas de importación y exportación azotan las actividades comerciales de la Argentina desde hace tiempo, sin embargo, no se había llegado a experimentar situaciones de escasez como la “crisis del tampón”.

De acuerdo con información emitida por Miguel Ponce, gerente general de la Cámara de Importadores de Argentina,  desde la última quincena de 2014 hasta las primeras semanas de enero, el Banco Central no otorgó divisas de ningún tipo para importaciones.

Ponce asegura que actualmente la entidad les debe a los importadores alrededor de 5.000 millones de dólares por concepto de bienes que ya ingresaron al país. Estos retrasos en las liquidaciones, se han traducido en un cerco a la oferta de estos productos de higiene femenina.

Las dificultades de acceso al mercado cambiario, sumado a los retrasos de aprobación de los formularios referentes a la “Declaración Jurada Anticipada de Importación” (DJAI) que autorizan la entrada de mercadería al país, han frenado la dinámica de compras de tampones para abastecer al mercado local.

Estas barreras han traído como consecuencia una menor oferta de otros productos además de los ya mencionados. Entre ellos destaca la desaparición de marcas como Kleenex y Scott, lo que ha mermado la diversidad de pañuelos y papel higiénico, así como la reducción de unidades de pañales pertenecientes a firmas como Kimberly Clark.

Ciertamente, los niveles de ausencia de productos en la Argentina no podrían a llegar a compararse a futuro con los que enfrentan países como Venezuela, principalmente porque a diferencia de este país, nacionalmente se producen la mayoría de los bienes de consumo básico.

Sin embargo, ante este repentino brote de escasez y considerando que no existen intenciones de flexibilizar los mecanismos de comercio exterior por parte del Gobierno, surge el pánico colectivo y la pregunta: ¿qué producto desaparecerá a continuación?

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