El huracán Cristina devastando la Argentina

Le confieso que es la primera vez que me ocurre que una noticia política me impacta tanto emocionalmente. A medida que leía los primeros rumores de la muerte del fiscal Alberto Nisman por Twitter, el pasado domingo por la noche, me estremecía cada vez más. En un momento me sorprendí a mí mismo con los ojos llorosos y la piel de gallina.

¿Cuáles fueron esas emociones que me movilizaron tanto? Aún no lo tengo totalmente claro. Tal vez fueron una mezcla de sensaciones, pero seguro que la tristeza estaba a la cabeza de todas ellas. Es que ver a tu país llegar a tal límite de degradación, de desintegración, mortifica.

Porque la muerte del fiscal Nisman no solo es importante por sí misma, por su cargo y por la importancia de los temas que llevaba adelante. Es mucho más importante como símbolo de un país que no sabe organizarse. Como símbolo de un país derrotado por el descontrol y por la doctrina del “sálvese quien pueda”.

Ésa es la única forma de explicar la desazón que sentimos la gran mayoría de argentinos el lunes pasado. Centrando la importancia en el símbolo que implica la muerte del fiscal, el desconsuelo se vuelve más lógico, más explicable.

La muerte de Nisman es un ejemplo claro y contundente de una forma de organización que fracasó. De una forma de Gobierno, que finalmente, hace evidente para todos los argentinos su peor cara. Una forma de Gobierno centrada en la búsqueda de cada vez más poder y cada vez más dinero.

Una estrategia implementada por un Gobierno invadido por delincuentes, obsecuentes e inútiles que lo único que saben hacer es enfrentar, dividir, encerrarse y robar. Por algunos años, la magia del marketing político puede esconder las consecuencias de un Gobierno sin moral ni principios, pero a la larga, el descontrol termina pasando la factura.

¿Qué paso con la muerte del fiscal Alberto Nisman? ¿Quién lo mató o quién lo “obligó” a matarse? Ya poco importa si fueron los propios miembros del Gobierno, si fueron los servicios de inteligencia locales o extranjeros los que lo mataron. Lo que importa es que estamos ante un Estado infectado, podrido, estamos ante un Estado mafioso.

Un Estado que perdió la poca autoridad moral que le quedaba. Un Estado que solo puede representar a los delincuentes o a los distraídos que todo país siempre tiene.

El Gobierno de Cristina ya se encargó de destruir la economía argentina. Se ocupó -sin prisa pero sin pausa- de derribar cada uno de los sectores de la economía argentina. Aquellos sectores que hoy aún funcionan están apoyados en alguna variable que no se podrá mantener por mucho tiempo más: o en un subsidio, o en un privilegio, o en una protección gubernamental.

Pero ahora Cristina está yendo por más, ella quiere seguir derribando. La Presidenta está terminando su obra desmoronando lo poco que le queda de “república” a nuestro país. ¿Qué quiero decir con “república”? Mire la definición de esta palabra en Wikipedia:

República es un sistema político que se fundamenta en el imperio de la ley y la igualdad ante la ley como la forma de frenar los posibles abusos de las personas que tienen mayor poder, del gobierno y de las mayorías, con el objeto de proteger los derechos fundamentales y las libertades civiles de los ciudadanos, de los que no puede sustraerse nunca un gobierno legítimo.

Luego de leer esta definición, le pregunto: ¿Queda algo de “república” en la Argentina actual? Si a usted le parece que algo queda, ¿cuánto más va a durar eso poco que queda?

Volviendo a la muerte del fiscal Nisman, ¿no era justamente un símbolo de una república que un fiscal pueda denunciar a un Presidente cuando le parece que éste hizo algo contra la ley? Si somos todos iguales ante la ley, inclusive aquéllos que tienen mayor poder, ¿no tendría que ser esto algo normal y corriente en un país civilizado y que se considera una “república”?

Esto que tendría que ser algo corriente. De hecho, no lo es. Luego de la denuncia del fiscal Alberto Nisman, el Gobierno salió a descalificarlo mediante todos los recursos posibles. Una mediática política aliada de Cristina declaró que le “iban a ir con los tapones de punta”. Otro esbirro de la Presidenta inclusive llego a decir que nos “habían advertido” que si se metían con Cristina iba a haber muertos…

El fiscal que se atrevió a denunciar a la autoridad máxima de un país no solo fue agredido por el Gobierno -que teóricamente lo tenía que defender-, sino que, peor aún, terminó muerto. Un Gobierno que tendría que ser el encargado de custodiar a la república, la ataca.

Por eso, la muerte de Nisman es un símbolo tan importante que nos deja sin aire a todos. Porque es un símbolo, aún mucho más claro que se suma a los cientos de incidentes anteriores que desde Inversor Global venimos denunciando desde el año 2011. Es un símbolo de que en la Argentina la república ya no está más vigente.

Y cuando eso ocurre, cuando todos nos damos cuenta de que en un país solo sobrevive el más fuerte, cuando nos damos cuenta de que no solo nadie nos protege contra los ladrones y los violentos, sino que, peor aún, éstos que nos tendrían que proteger nos terminan amenazando, allí es donde la sensación de vacío y peligro nos invade.

Cristina está terminando de destruir nuestro país. Si no hacemos nada antes, es muy probable que la Presidenta termine de destruir los pocos vestigios de civilización que le quedan a la Argentina hoy.

Lo más sano sería que todos los ciudadanos salgamos a la calle y reclamemos la renuncia inmediata de Cristina y sus esbirros. Es cierto, nada nos asegura que el próximo presidente no tenga las mismas “cualidades” que Cristina. Pero vale la pena el intento. O seguimos esperando y presenciamos pasivamente cómo la destrucción se sigue llevando a cabo. O asumimos el protagonismo y reclamamos el adelanto de elecciones ahora mismo.

Cuanto antes tengamos la oportunidad de reconstruir la Argentina, menos doloroso será.

Federico Tessore

Para Inversor Global Argentina

Comments 3

  1. Carlos L.
  2. Federico Lopez
    • Federico Tessore Federico Tessore

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