El espejismo de los mercados emergentes

La negativa de Arabia Saudí y otros países de la región a rebajar la producción de petróleo ha provocado, ante el deterioro de la demanda mundial, que el precio del petróleo se haya hundido a niveles que no se veían desde finales de 2008, durante los peores momentos de la crisis financiera.

La primera víctima de esta decisión, si exceptuamos a la empobrecida Venezuela, es Rusia. La huida de capitales es tal, que el rublo ruso se llegó a desplomar más de un 30 por ciento en cuestión de días hasta los 0,015 dólares por rublo.

Como puede ver en el siguiente gráfico, el hundimiento del rublo ruso frente al dólar estadounidense fue verdaderamente vertiginoso.

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El primer intento del Banco Central de Rusia de detener la sangría llegó el lunes pasado en un movimiento más fruto de la desesperación que de la planificación económica, cuando éste elevó los tipos de interés del 10,5 al 17 por ciento. Sin embargo, esto no frenó la huida del dinero de Rusia.

No fue hasta el anuncio del Kremlin de que estaba dispuesto a vender sus reservas de dólares y otras grandes divisas para sostener al rublo cuando la moneda rusa tuvo un respiro en los mercados.

En unas pocas semanas, presenciamos una auténtica lección de la que debemos tomar buena nota sobre los dos grandes riesgos que entraña la inversión en países emergentes: el riesgo político y el riesgo derivado de la dependencia a la exportación de materias primas.

 

El riesgo político

El riesgo político en el caso de Rusia, como en el caso de la mayoría de los países emergentes, es claro.

A los inversores no les importa que en Rusia les paguen una rentabilidad del 10, un 17 o un 37 por ciento por invertir su dinero. Lo que temen es que ante el fuerte recorte en los ingresos fiscales, producido por el brusco descenso del precio del petróleo, Vladimir Putin opte por reemplazar los ingresos perdidos gracias al petróleo por la confiscación del capital extranjero.

Es algo parecido a lo que presenciamos cuando en 2012 el Gobierno argentino decidió unilateralmente, y en contra de la legislación internacional, expropiar la petrolera YPF, en aquella época propiedad de Repsol.

El riesgo político no es un aspecto menor a tener en cuenta. Más recientemente encontramos otra evidencia del riesgo político en el hundimiento de la Bolsa brasileña ante el triunfo en las elecciones del pasado mes de noviembre de Dilma Rousseff. Las pruebas de que el ejecutivo brasileño es profundamente corrupto no disuadieron a los electores, lo que provocó una huida masiva de los inversores internacionales.

Un claro ejemplo de este riesgo es la petrolera semiestatal Petrobras. La que en su momento fuera la joya de la corona brasileña, hoy es una compañía salpicada por la corrupción que en los últimos tres meses ha perdido un 60 por ciento de su valor en bolsa.

Los ejemplos de riesgo político en los países emergentes se cuentan a decenas, pero no es el único riesgo significativo al que un inversor que elija estos destinos para su dinero se enfrenta. La dependencia a la exportación de materias primas de estas economías constituye otro riesgo que no debemos olvidar.

 

El riesgo de las materias primas

El riesgo político en Rusia es el mismo ahora que hace medio año. Los gobernantes son los mismos y la forma de hacer negocios en ese país no ha cambiado.

¿Qué ha cambiado entonces para que los inversores huyan de Rusia despavoridos?

Como hemos visto al principio, el petróleo constituye la principal fuente de ingresos en Rusia. Tal es la dependencia de las exportaciones de petróleo, que el Banco Central ruso estima que si el barril de petróleo se mantiene en el nivel actual de los 60 dólares durante el próximo año, la economía rusa se contraerá entre un 4,5 y un 4,7 por ciento.

Ahora Rusia está hundida en un círculo vicioso. Para mantener su nivel de ingresos necesita aumentar sus ventas y su producción, lo que a su vez, al estimular la oferta frente a una demanda mundial en declive, contribuye aún más al descenso del precio del petróleo.

El riesgo de no tener una economía diversificada, como ocurre en Norteamérica o en Europa Occidental, es evidente.

Una vez más, observamos en Argentina algo similar con el descenso del precio de la soja, que en los últimos seis meses ha descendido en más de un 30 por ciento. En este país, primer productor mundial de soja con una producción de 55 millones de toneladas el año pasado, se estima que la recaudación fiscal por el descenso del precio caerá en 2.000 millones dólares respecto al año anterior por esta caída.

Para mantener un nivel de gasto público que contente al electorado, los inversores temen que los dirigentes de estos países -ya sean Argentina, Venezuela o Rusia- recurran a la nacionalización, expropiación y robo de las inversiones de los ciudadanos y empresas extranjeras.

Cuando esto se produce, el último en salir del edificio en llamas pierde. Y debo decirle que, como pequeño inversor, esto le suele ocurrir a alguien como usted, alguien sin acceso a la información que domina la industria financiera.

Por ello, antes de lanzarse a comprar acciones rusas, brasileñas o argentinas, reflexione detenidamente si desea correr los dos grandes riesgos que amenazan a las economías emergentes.

Un cordial saludo,

Alberto Redondo.

Editor de Inversor Global España,

Para Inversor Global Chile.

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  1. Mariano Giachetti

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