Argenzuela: espejito, espejito dime qué reino es menos bonito [Parte 3]

La última parte del informe “Argenzuela: espejito, espejito dime qué reino es el menos bonito”, que contempla los paralelismos entre Venezuela y la Argentina en el plano económico, está enfocada en las materias primas, principal fuente de ingresos de ambas naciones.

La creciente tendencia a la baja en los precios de los commodities, afecta al común denominador de los países emergentes. La influencia nociva sobre las economías en desarrollo se ha evidenciado en un menor crecimiento de estas. En el caso de Venezuela y Argentina,  la situación se torna aún más complicada, debido a la escasez de divisas que estos países atraviesan desde antes de producirse la caída de las materias primas.

Haga un paneo general de la situación y saque sus propias conclusiones…

La maldición del monoproductor

Tradicionalmente, Venezuela se ha caracterizado por ser un país monoexportador. Su dependencia de las ventas del petróleo se traduce en 96% de los ingresos fiscales del país. En ese sentido, no ha sido un secreto para nadie la penosa situación en la que se halla ante el violento desplome que han sufrido los precios del crudo desde mediado de 2014.

Sumado a los efectos de las políticas implantadas por el régimen socialista iniciado por Hugo Chávez y sostenidas hoy por el presidente Maduro, los recursos en divisas son cada vez más escasos, lo que pone en riesgo los compromisos internacionales del país, que incluyen compras externas y pago de deuda.

En este sentido, el experto petrolero y presidente de la firma Global Business Consultant (GBC), Alberto Cisneros, asegura que las arcas del Banco Central de Venezuela apenas acumulan 25.000 millones de dólares, lo que significa que durante la bonanza petrolera en la que el barril cotizaba por encima de los 100 dólares, no hubo un redireccionamiento de fondos que permitiera amortiguar una eventual caída en las cotizaciones, como la que tiene lugar hoy.

Un barril de petróleo en torno a los 40 dólares perjudica gravemente la ya golpeada economía caribeña, que afronta costos de producción del commodity de aproximadamente 35 dólares por barril.

Por si fuera poco, los precios de la nafta para el consumidor se sitúan en dos centavos de dólar por galón (equivalencia a dólar de mercado negro). En días recientes, el mandatario Maduro comunicó las intenciones de promover políticas de aumento en los precios del combustible, como mecanismo de alivio ante el insostenible subsidio de éste. Sin embargo, el costo político que esto acarrea pone en duda su implementación.

De acuerdo con los analistas, para que las finanzas públicas se nivelen sin ningún tipo de medida fiscal, tributaria o cambiaria, el gobierno venezolano necesitaría un nivel de precios del petróleo que ronde los 135 dólares por barril. En esa línea, de acuerdo con un reporte de El Universal, se estima que si en 2015 las cotizaciones del crudo promedian 85 dólares, la caída en los ingresos de Venezuela sería de casi 5.100 millones de dólares.

El declive local

La Argentina tiene un aparato productivo más desarrollado que el venezolano. Sin embargo, la gran parte de sus ingresos fiscales proviene de la exportación de otra materia prima como lo es la soja.

En lo que va de año, se liquidaron 849,7 millones de dólares por concepto de exportación de granos, lo que representa un 11,5% menos al acumulado en ventas durante las primeras semanas de 2014, y 22,6% por debajo de la misma fecha de 2013. Estas cifras tienen lugar, aún en un contexto  donde la cosecha de soja de la última campaña alcanzó los 55,6 millones de toneladas, número superior en 14,6% y en 39% a las dos anteriores, respectivamente.

A la fecha, el precio de la tonelada de soja se ubica en 355,77 dólares, valor bastante alejado de los 650 dólares que llegó a alcanzar para el año 2012.

Para este año se estima que el ingreso de divisas por exportaciones se reduzca en 25%, lo que compromete seriamente las reservas internacionales del Banco Central argentino.

La baja en los ingresos por concepto de exportación de la oleaginosa que afecta enormemente a los productores, sumado a otras políticas económicas que rigen el contexto local, ejercen presión sobre la cotización de dólar paralelo, y estimulan el aumento de la brecha entre éste y su par oficial.

El considerable aumento de las importaciones energéticas del  país en conjunto con menores ingresos por exportaciones de soja, conllevan a una mayor caída de la actividad económica, que solo puede ser atenuada por el financiamiento externo.

Quedan dos interrogantes para reflexionar: ¿Cambiará el rumbo de la Argentina ante la eventual toma de posesión de un nuevo gobierno?   O ¿terminará pareciéndose cada vez más a Venezuela?

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