Perder 23 millones de pesos por hora y no morir en el intento

El Estado nacional argentino pierde 23 millones de pesos por hora. Es que según Cristina y sus funcionarios, un Gobierno no tendría que tener límites para gastar. “Los países funcionan diferente a los humanos”, piensan los kirchneristas. Usted o yo tenemos que enfrentar una restricción muy clara a nuestro gasto. O gastamos el dinero equivalente a nuestro ingreso o, si no nos alcanza nuestro ingreso, pedimos prestado y gastamos lo prestado.

Pero es cierto que los países, a simple vista, no tienen esa restricción. Es que los países son dueños de las máquinas de producir dinero. Usted o yo no podemos imprimir dinero. Y si nos las arreglamos para hacerlo de una forma respetable, vamos presos.

En cambio, Cristina y sus funcionarios tomaron un camino más inteligente. Se apropiaron del Banco Central, que antes era más o menos independiente y hoy es un apéndice del Gobierno. De esta manera rompieron la última barrera que los alejaba del sueño de imprimir dinero sin límite. Ante esta oportunidad, por supuesto, redoblaron su apuesta: durante los primeros diez meses de 2014, el Estado nacional perdió cinco veces más dinero que el año pasado.

El diario La Nación describió estas cifras de la siguiente manera:

El déficit de las cuentas públicas casi se triplicó en octubre respecto al mismo mes del año pasado y alcanzó 20.799,3 millones de pesos, según informó hoy el Ministerio de Economía . Con el resultado de octubre, en diez meses de 2014 el rojo fiscal trepó a 74.428,9 millones de pesos, 4,7 veces más que en el mismo período del año pasado.

Los giros del BCRA y organismos descentralizados desde enero fueron de 98,197,8 millones de pesos. Sin estos aportes, el bache fiscal treparía a 172.626,7 millones de pesos, lo que equivale a 567.848.684 pesos por día, 23.660.000 pesos por hora, 394.340 por minuto y 6.572 por segundo. El Gobierno nacional defiende a ultranza el gasto público como movilizador de la actividad económica, aunque en ningún discurso público hace alusión a las consecuencias que genera su exceso.

 

Cristina es fiel a sus convicciones, ella piensa que el gasto no tiene restricción y actúa en consecuencia. El nivel de gasto del Gobierno no tiene límite. Como muestran las propias cifras del Ministerio de Economía, este nivel de gasto es imposible de cubrir con el enorme pago de impuestos que hacen los argentinos. Tampoco es posible financiarlo, como hizo Menem en la década del 90 -endeudándose-, porque nadie nos presta un solo dólar. Entonces Cristina imprime cada vez más dinero. Las máquinas de hacer dinero no dan abasto para crear cada vez más billetes de 100 pesos que financien este festival de pesos que desarrolla el gobierno de Cristina.

Ahora, la pregunta que surge: ¿es cierto que los países no tienen una restricción de gasto como lo tienen las empresas o personas?

Si usted mira la historia argentina está muy clara la respuesta.  El gran responsable del desastre económico que es nuestro país desde hace más de 80 años es el exceso de gasto. En mi libro “El Fin de la Argentina” dediqué varios capítulos al tema. Han pasado gobiernos militares, democráticos, de izquierda, de derecha, serios, alegres, jóvenes, viejos. Han pasado todo tipo de gobiernos en estos 80 años y ninguno entendió que los países tienen la misma restricción que las personas o las empresas. No pueden gastar más de los ingresos que generan. Simple como eso.

Sí, ya sé. Usted me dirá: “¡Pero lo cierto es que siempre se las arreglan para gastar mucho más!” y estará en lo correcto. Pero le pregunto: ¿cuánto aguantan estos excesos? Si hay algo que muestra la historia argentina es que no se puede vivir para siempre de esta manera. O mejor dicho, la única forma de vivir siempre de esta forma es con una economía cada vez más pobre, con menos productos y servicios, con menos empleo, con menos actividad, con más control.

Ningún país del mundo, nunca en la historia, pudo prosperar con un sistema de un país basado en gasto ilimitado. Si ningún país nunca pudo hacer funcionar este modelo, ¿por qué van a tener éxito Cristina y sus secuaces…?

Ahora, una cosa es un país que prospera y otra cosa es un país que “aguanta” vivir en estas condiciones. Ejemplos de esto son Cuba y Venezuela; estos países “aguantan” viviendo de esta forma desde hace muchas décadas.

Ahora, vivir de esta manera tiene un costo, un costo muy grande que hay que ver si la mayoría de los argentinos estarían dispuestos a soportar. El costo viene por el lado de tener cada vez menos libertades y el corralito cambiario argentino es una muestra de esto, pero en Cuba y Venezuela esto fue mucho más allá. La pérdida de libertades es casi total. De hecho, la mayoría de los cubanos y venezolanos productivos e inquietos se tuvieron que ir de sus respectivos países.

El país de Cristina y Kicillof solo es sostenible con alguna variación muy similar al modelo cubano y venezolano. No hay otra forma de sostener este ritmo de incremento en el gasto sin caer en una explosión económica. ¿Será posible que Cristina y Kicillof nos lleven para esas latitudes…?

En la nota que llamábamos “¿Y si Cristina no se va?”, hablábamos de esta posibilidad. De la posibilidad de que en las elecciones de octubre del año que viene el Gobierno actual encuentre una forma de perpetuarse en el poder. Ésta sería la única manera en que la Argentina termine en un modelo venezolano o cubano puro.

Es complicado saber si esta alternativa se puede dar o no. Todo hace pensar que no. Pero el riesgo está. Más en una Argentina tan volátil. Más en un mundo tan volátil. ¿Quién hubiera pensado solo una semana atrás que el bloqueo estadounidense a Cuba iba a terminar después de más de cincuenta años? ¿Quién hubiera pensado que el precio del petróleo iba a disminuir de 140 dólares a 60 dólares en menos de un año? Absolutamente nadie.

Nadie sabe el impacto que estas medidas pueden tener en Venezuela y Cuba. Nadie sabe cómo se puede dar la dinámica de país durante el próximo año de elecciones. Lo único que sabemos es que estamos ante un escenario muy abierto. Los extremos, tanto de un lado como del otro, están cerca. Eso implica alto riesgo.

Y como siempre pasa en estos escenarios, las oportunidades son enormes, tan grandes como para convertir en millonario a un inversor despierto. Pero las amenazas también son gigantes, tan grandes como para convertir a un millonario en pobre. Hay que intentar estar en el lugar adecuado durante los próximos meses. No será fácil, pero lo intentaremos.

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore.

Para Inversor Global Argentina

 

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  1. NESTOR M

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