La receta para perder

La receta para perder

Reportando desde Nueva York, Estados Unidos

Esta semana me tocó visitar el Bajo Manhattan. No se parece demasiado a una jungla urbana; es demasiado frío y lluvioso para ello.

Después de un breve paseo por los alrededores, tienes que calentarte con un buen café o, después de las 7 de la tarde, con una copa de Jameson. Es entonces cuando la niebla que envuelve a Nueva York se despeja lo suficiente para pensar sobre los perdedores de esta crisis y otros asuntos filosóficos.

Nadie quiere estar en el bando de los perdedores y nadie quiere tener un activo en un sector perdedor. Sin embargo, hacer lo contrario es la mejor idea para ganar.

El ser humano no está hecho para ser un buen inversor; va en contra de los instintos más básicos. Al final de la batalla, el ser humano quiere seguir en pie, como el David de Caravaggio, con una sangrienta espada en una mano y la cabeza de Goliat en la otra. El ser humano quiere ganar y quiere apoyar al equipo que gana el Mundial. La alternativa, al menos en una reminiscencia de su raza atávica, es la muerte.

Pero unirse a los ganadores es la receta para perder en el perverso mundo de Wall Street, muy cerca de donde escribo estas líneas.

Los ganadores pronto se convierten en personas tan tragonas, estúpidas y prepotentes como un político. Los perdedores, mientras tanto, son silenciosos, sabios y humildes. El error y la desgracia es lo que se debe buscar al elegir una buena inversión.

“Lo que no te mata te hace más fuerte”, escribió Nietzsche. (Me gusta citar al gran pensador alemán de vez en cuando, le otorga a los textos ese toque pseudo-intelectual que tanto busco. Pero lo admito: difícilmente puedo deletrear su nombre, así que dejo tantas consonantes escritas como sea necesario y dejo la organización de las mismas a su buen juicio.)

Siguiendo la lógica de Nietzsche, puede ser un buen momento de invertir en Venezuela, el gran perdedor de la economía mundial. Durante 13 largos años, desde que Hugo Chávez comenzó a gobernar el país, a los inversores en Venezuela se les ha golpeado y escupido. Su capital ha sido expropiado y sus beneficios gravados con impuestos escandalosos. Los que han podido han huido a Miami y la producción se ha desplomado.

Y ahora que Chávez está muerto, la desgracia económica ha pasado de los productores a los consumidores. El Financial Times informa que “largas filas de frustrados consumidores han sustituido las multitudinarias manifestaciones de apoyo al líder socialista”.

Venezuela pierde 700 millones de dólares cada vez que el precio del barril de petróleo pierde un dólar, dice el FT. Desde comienzos de año ha perdido 40 dólares, infligiendo al país un daño devastador.

¿Hará la desgracia económica de Venezuela un país mejor? El FT nos dio algunas pistas: “Elena González, pensionista, afirma haber perdido 10 kilos de peso mientras hacía fila para poder comprar comida”.

La señora González lo ve por el lado bueno, al igual que el presidente Nicolás Maduro. Como venimos reportando, el presidente toma la reciente adversidad como “una oportunidad para terminar con los gastos lujosos e innecesarios”.

Desgraciadamente para él, son los gastos lujosos e innecesarios lo que los votantes precisamente quieren. Ésta es la razón por la que el pobre Nicolás ha visto cómo sus ratios de popularidad han bajado del 55% hace un año hasta el 25% en la actualidad, lo que le sitúa entre el 39% de Obama y el 12% del Presidente de Francia, Hollande.

Sin embargo, el hecho de que uno de cada cuatro adultos en Venezuela aún apruebe la gestión de su Presidente sugiere que están echándole algo al agua potable…

Venezuela es un área de catástrofe económica. La persona promedio se pasa horas haciendo fila para comprar productos de consumo básico, mientras 27.000 parásitos gubernamentales inspeccionan los precios asegurándose de que los precios sean “justos”. ¿Pero cómo pueden determinarlo? Los precios suben un 63% cada año y se espera que crezcan un 110% el próximo año.

Y es tan grande la amenaza de default en Venezuela que los bonos indexados en dólares pagan cerca de un 20% de interés.

Pero cuando las cosas se ponen feas de verdad es cuando los venezolanos se enfrentan a los crímenes. La gente en este país tiende a no reportar los delitos a la policía; creen que la policía es una amenaza aún mayor que los propios criminales, así que las tasas de crimen tienen que ser estimadas. La tasa de homicidios, sin embargo, converge en 60 por cada 100.000 habitantes.

En Baltimore, una fuente de orgullo ciudadano es la vigorosa y peculiar manera en que sus residentes resuelven sus disputas. Pero los venezolanos dejan en nada a esta ciudad. Con los 198 homicidios que hubo el año pasado en Baltimore, considerando su población de 600.000 habitantes, nuestra tasa de homicidios no alcanza ni la mitad de la registrada en Venezuela.

¿Qué clase de infierno es Venezuela?

“Somos mendigos de comida, mendigos de productos básicos, mendigos de medicinas, mendigos de pañales para nuestros hijos –ahora mismo somos mendigos de todo…” le dice una persona al FT en una cola para comprar productos en una tienda de comida. “La inflación lo devora todo; hemos tocado fondo. No puede ponerse peor.”

Respecto a esta última frase, soy un poco escéptico. Lo peor para Venezuela puede que aún esté por llegar.

Pero el fondo debe estar por algún lugar cercano. Hoy, puede ser demasiado pronto para invertir en Venezuela, Rusia, Grecia, el petróleo o el oro. Pero algún día será demasiado tarde.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “FinancialReckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.

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  1. carlos

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