El dólar para una Argentina competitiva

El dólar para una Argentina competitiva

Si hay algo que le envidiamos, y mucho, a los brasileños son sus extensas y hermosas playas con aguas climatizadas a lo largo de su territorio.

Todos los años miles de argentinos cruzan las fronteras y se dirigen hacia ese país en busca de esa  belleza natural que exhiben sus balnearios.

Sin embargo, algo está cambiando.

¿Me creería, acaso, si le digo que los brasileños envidian nuestros balnearios?

La semana pasado estuve en Cariló, el exclusivo balneario de la costa atlántica, tomándome unos días de descanso. Al ser temporada baja, todavía los precios permitían acceder a un alojamiento muy agradable a un costo económico no muy desorbitante.

El balneario estaba ultimando algunos detalles para lo que se espera, según los entendidos en la materia, una muy buena temporada para el lugar, sobre todo en el mes de enero.

Inmobiliarias trabajando full time, complejos que se están construyendo a último momento y locales comerciales que se están terminando de diseñar para dejarlos a punto para el comienzo de la temporada alta.

En una Argentina de alta inflación y de recesión esto parece una utopía.

¿Por qué tantos preparativos y expectativas entonces?

Accidentalmente escuché una conversación que se estaba dando en una mesa cercana a la nuestra en un restaurante del centro. Allí estaba la respuesta que buscaba.

“En enero ya no le alquilamos a argentinos sino a extranjeros. Los brasileños llegan en masa a alquilar casas, pero también chilenos y colombianos”, sostenía uno de los comensales.

En una primera instancia no lo podía creer. ¿Brasileros viniendo a las playas argentinas?

Luego lo confirmé hablando con ciertas fuentes del lugar.

“Al cambio blue, es un regalo para ellos”, sentenció el dueño de unapart hotel.

Esa frase terminó de confirmar lo que yo, y muchos otros argentinos, pensamos acerca del valor del dólar y la competitividad en el país.

El precio del dólar necesario para ser competitivos

Entiendo la resistencia del Gobierno a devaluar la moneda nuevamente por los efectos nocivos que esto genera. Y más cuando se hace de manera aislada, sin un plan integral, como ocurrió en enero pasado.

Pero la realidad indica que $ 8,50 es un tipo de cambio ficticio.

A él sólo acceden los importadores (a cuentagotas) y el Banco Central de la República Argentina cuando los exportadores liquidan sus ventas del exterior.

Si uno quiere ahorrar a través del “dólar AFIP”, el precio es $ 8,50 más el 20%, o sea, $ 10,20.

Cuando uno quiere hacer turismo en el exterior, el dólar es $ 8,50 + 35%, o sea, $ 11,47.

Si uno quiere  ahorrar ilimitadamente en moneda estadounidense a través del “dólar Bolsa o MEP”, el valor que encuentra en $ 11,85.

Y mismo el dólar informal (o ilegal), aun con la caída que tuvo, se mantiene por encima de $ 13.

Este desequilibrio y la falta única de un precio del dólar es un costo muy grande que está pagando el país. Mientras casi nadie accede al dólar oficial, el BCRA también se pierde de un ingreso muy importante para engrosar sus activos.

¿Por qué?

Porque gran parte del turismo extranjero que viene a la Argentina no pasa por el mercado cambiario formal, sino que lo hace por el mercado informal, donde no participa la autoridad monetaria. 

Y precisamente, como ocurre en el caso de Cariló o cualquier otro lugar turístico, la llegada de turistas del exterior se acelera ya que al precio del dólar informal, el país vuelve a ser barato en términos relativos.

¿Por cuánto tiempo durará este efecto?

Puede que no por mucho tiempo más.

Hay dos variables a monitorear de cerca: la inflación doméstica y la devaluación de las monedas latinoamericanas.

El primero es un efecto que debemos combatir ahora, sino cada deslizamiento del tipo de cambio resultará insuficiente para recuperar la competitividad.

El segundo efecto surge de la coyuntura externa y es más difícil de controlar. Pero pone presión adicional al problema del retraso del tipo de cambio en nuestro país.

Por todo lo expuesto urge la necesidad de armar un programa económico integral que contemple un dólar más alto, reintegro a los importadores para evitar el traslado a precios del movimiento del tipo de cambio, control del déficit fiscal y política monetaria disciplinada.

Eso llevará a morigerar las expectativas inflacionarias, al tiempo que permitirá iniciar un proceso gradual de unificación del mercado cambiario y engrosar las reservas internacionales del BCRA a partir de mayores incentivos para que el turista extranjero participe del mercado cambiario formal.

Para ese entonces, los activos financieros argentinos (acciones y bonos) se valorizarán fuertemente y representará una oportunidad para el inversor.

El gran problema es el timing. Cuanto más tiempo corra, mayor es el costo de tomar decisiones de política económica correctas e ineludibles.

Un saludo,

Diego.

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