Cómo los bancos centrales provocaron el crash del petróleo

Reportando desde Washington, Estados Unidos.

2014 tiene los días contados. Poco a poco se va haciendo cada vez más oscuro y los bancos centrales no parecen ser capaces de hacer nada al respecto.

Esta semana ha sido una de las más movidas que se recuerden en los mercados, y en menos de una semana veremos el día más corto del año en el hemisferio norte. A partir de entonces, el Sol Invictus crecerá cada día hasta el 21 de junio.

Pero hoy es el primer día de Saturnalia; cuando el sol decae. Esta festividad de la antigua Roma era el momento de cambio de papeles: por una vez, los patricios servían a sus esclavos y todos disfrutaban apostando y bebiendo.

Mientras tanto, en Washington, estoy sentado en el lobby de mi hotel con los pies sobre el reposapiés. Estoy esperando a que venga un funcionario del Gobierno excesivamente remunerado para que me limpie los zapatos. Sin embargo, nadie se ha pasado por aquí. Parece que la festividad de Saturnalia no se ha implantado en la capital de Estados Unidos, de momento.

Ésa es una parte del problema con nuestra democracia moderna: es difícil decir quién es el dueño y quién es el esclavo. Los esclavos van a las mesas de votación creyéndose los dueños. Al elegir por un partido o por otro, creen que controlan a sus “servidores públicos”.

Pero los burócratas, políticos y lobistas saben quién es el jefe.

Ahora es la actualidad la que manda. Lo más interesante, desde un punto de vista financiero, es el crash en el precio del petróleo.

“El desplome en el precio del petróleo amenaza con acabar con proyectos energéticos por un valor de un billón de dólares”, titula con horror el Financial Times.

Más abajo, en la misma portada: “Rusia eleva los tipos de interés hasta el 17% en un movimiento sorpresa para intentar rescatar al rublo”.

Proyectos energéticos abandonados y la economía rusa al borde del colapso; estamos todos en peligro. Los precios no son lo suficientemente altos para justificar inversiones adicionales u operaciones.

Pero póngase en el lugar de las petroleras e imagine todo lo que se ha pedido prestado para explotar estos pozos. Uno tiene que devolver su deuda, independientemente del precio del petróleo. ¿Qué hacer? ¡Extraer todo el petróleo que se pueda! Y el incremento en la oferta hunde aún más los precios.

Así tenemos organizado todo el tinglado –desde el alfa al omega- orquestada por la política de tipos de interés cero de la Reserva Federal y el resto de bancos centrales occidentales. Los productores de petróleo tomaron prestados unos 500.000 millones de dólares de bonos basura y multiplicaron su producción por cuatro en el caso del ‘shale oil’. A esto se le llamó el ‘New Deal’ de la industria estadounidense.

Pero ahora lo vemos. Es la misma maniobra que los banqueros centrales utilizan siempre. Burbujas, burbujas, burbujas… De la ‘puntocom’ a la inmobiliaria y, ahora, a la energética.

La idea detrás de las tasas de interés súper bajas es activar la inversión, el empleo y el consumo. Paul Krugman aún cree en esta idea. El autor de ‘Terminar con esta depresión’ ahora urge a la Reserva Federal a que continúe con sus programas de estímulos: “La economía mundial es realmente débil, no vemos nada de inflación y el riesgo de que incrementemos las tasas de interés y de que sea un error es enorme”.

¿Y qué me dice de los riesgos de experimentar con las tasas de interés ultra bajas como nunca antes en la historia se había hecho? Como Ludwig Von Mises nos dice, cada boom causado por el crédito barato termina en una explosión.

No hay manera de evitar el colapso final de un boom fomentando la expansión del crédito. La alternativa se debate sólo entre si la crisis debería venir antes como resultado de un abandono voluntario de la expansión del crédito adicional, o más tarde con un hundimiento total del sistema monetario.

La burbuja energética que ahora está explotando es producto de los bajos tipos de interés. Sin ellos, la industria energética no existiría en su forma actual y no podría haber financiado tantos proyectos que implicaron un riesgo tremendo.

Pero siempre hay una amenaza escondida, en algún lugar. Las bajas tasas de interés no fueron suficientes. El precio del petróleo tenía que permanecer arriba también.

Los bancos centrales pueden controlar la tierra, la luna y las estrellas. Pero los árabes controlan el precio del petróleo, y están contentos de ver como caían con tal de poder hundir a sus competidores.

Y así es como una burbuja explota… Y dado que tanto dinero acabó en proyectos energéticos, y muchos trabajos dependían de ello (en los estados de Estados Unidos donde no había proyectos de shale oil no ha habido creación de empleo neta desde el estallido de la crisis), puede que la recuperación no se trate más que de otra ilusión.

Lo descubriremos pronto.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos. 

 

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  1. FERNANDO DE ALVEAR

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