¿Puede la Fed terminar con la fiesta?

Bill Bonner

El QE (programa de estímulos monetarios) no está muerto, pero se ha tomado un descanso. De momento…

El ZIRP (política de tipos de interés cero) todavía está funcionando. La Fed dice que mantendrá los tipos de interés cerca de cero durante un “tiempo considerable”.

La bolsa no se desplomó. El Dow Jones apenas bajó 31 puntos el día que se anunció. ¿Significa esto que la principal economía del planeta es realmente más fuerte de lo que pensábamos? ¿Y que la Reserva Federal puede retirar el trago sin necesidad de que la fiesta se acabe?

De momento espero al margen a ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

Ayer compré un ejemplar del Financial Times, el “periódico color salmón”. Me preguntaba cuántas ideas estúpidas, erróneas, contraproducentes y engañosas podría tener un periódico.

Estaba intentando entender cómo el mundo financiero (por completo a excepción de Alemania) parece estar cantando al unísono las soluciones a la crisis de deuda, con más deuda.

El Financial Times es parte del problema; es el director de la orquesta de la élite económica, cantando de forma segura y alta las engañosas canciones que ahora dirigen nuestras políticas económicas.

Fíjese en prácticamente cualquier terminal financiero de cualquier lugar del mundo y seguramente se encontrará un ejemplar de este periódico.

Dese un paseo por el Ministerio de Economía o por una ONG o por un think-tank y encontrará un ejemplar del Financial Times.

Sí, incluso podría encontrar una copia del Wall Street Journal o de la prensa económica local, pero es el Financial Times el que se ha convertido en el periódico de referencia del mundo financiero.

Es una pena, porque el “periódico salmón” tiene más malas ideas económicas por centímetro cuadrado que un discurso de Hillary Clinton.

Por ejemplo, en las páginas del Financial Times se le permite a Larry Summers, ex secretario del tesoro de Estados Unidos que sentó las bases de la crisis económica de 2008, decir lo que piensa sin advertir a los lectores apropiadamente. En una de sus últimas columnas, plantea la eterna panacea de que más gasto público en infraestructuras, financiado con más deuda pública, proporcionaría un retorno anual del 6%.

Dice que sería “un almuerzo gratis”, porque no sólo pondría a la gente a trabajar y estimularía la economía; el retorno de la inversión, en términos de crecimiento del PIB, haría que el proyecto se financiara a sí mismo y encima generaría un beneficio.

Querido Larry, ¿ha estado alguna vez en Nueva Jersey?

Si ya es lo bastante difícil para un inversor privado conseguir una rentabilidad del 6% arriesgando su propio dinero, imagínese cuando el inversor juega con el dinero de los demás, cuando las decisiones deben pasar a través de innumerables comités y comisiones compuestas por gente sin ningún tipo de experiencia en los negocios, ningún interés en mantener los costos controlados o en obtener un beneficio y sin ninguna idea de lo que están haciendo.

Y encima imagínese que toda esa gente es gente con fuertes lazos con partidos políticos, sindicatos y círculos de empresarios.

¿Qué rentabilidad cree que conseguiría? No lo sé realmente, pero piense lo que piense ponga un signo de menos delante.

Pero la fantasía del endeudamiento para financiar las “inversiones públicas” cala en el Financial Times. Es parte de una completa mitología basada en una teoría económica descabellada en la que la economía crece continuamente a elevadas tasas.

Y cuando las tasas de crecimiento se reducen, la demanda tiene que ser estimulada. ¿Cómo se estimula la demanda? Le das a la gente más dinero y más crédito, incluso cuando la desaceleración ha sido causada por demasiado dinero y crédito circulando.

En la página nueve del ejemplar del Financial Times del miércoles, Martin Wolf, un hombre con ideas económicas más tóxicas que un vertedero, nos da un ejemplo de la línea de pensamiento imperante sobre el crecimiento económico en Europa: “La pregunta es cómo conseguir un crecimiento de la demanda mayor en la eurozona y en los países endeudados. Sin embargo, la eurozona no tiene una estrategia creíble para impulsar la demanda”.

Como puede ver, no es suficiente con que la gente decida por sí misma cuando quieren comprar algo y cuando tienen dinero para pagarlo. Las autoridades y sus ilustres asesores en las páginas editoriales del Financial Times necesitan una “estrategia”.

En la portada, el Financial Times informa –sin ironía o gracia- que en Estados Unidos se está desarrollando una “división digital”.

Aparentemente, la gente en los barrios más humildes no puede permitirse pagar los US$ 44 al mes que cuesta una conexión a internet. Por lo tanto, los más pobres no tienen acceso a internet para meterse en Facebook o en Twitter.

Esto daña la promesa de Barack Obama de dar a cada americano “un robusto acceso a internet”. El Financial Times no tiene ni que decirlo; piensa que Estados Unidos debería hacer una inversión mayor en infraestructura de banda ancha, ¡y pagarlo con más deuda por supuesto!

Tal vez es una parte de la Constitución que me he perdido, el derecho a internet de banda ancha. Tal vez sea algo que han metido para compensarnos por los derechos que nos han quitado, como el habeas corpus o el de la privacidad. No lo sé, sólo lo menciono porque esto demuestra lo sesgados que el periódico salmón y la teoría económica moderna pueden ser.

La cantidad puede ser medida, pero la calidad no. Las suscripciones a banda ancha pueden ser contadas, el efecto que este acceso tendrá en las familias es desconocido.

¿Estarían mejor si tuvieran una distracción más en el hogar? ¿Serían más felices o tendrían mejor salud? ¿Serían más honrados y estarían más autorealizados por ello? Por supuesto, nadie lo sabe, pero un periódico serio al menos se lo preguntaría.

Se preguntaría también si más “demanda” o un mayor PIB realmente mejora las vidas de las personas. Tendría en consideración cómo es posible conseguir una demanda real sin dedicarse a imprimir dinero y se pararía a pensar por qué Zimbabue no es ahora el país más rico de la tierra.

Pero el Financial Times no hace ninguna de estas cosas.

En la página 24, por ejemplo, el columnista John Plender denuncia que las grandes empresas acumulan demasiado dinero. Uno pensaría que las corporaciones pueden hacer con su dinero lo que les dé la gana.

Pero esto no es así en los sueños de planificación central del Financial Times. Allí, las empresas deberían utilizar sus recursos de manera que los economistas del Financial Times consideren apropiado. Y dado que el mundo sufre una falta de demanda, “el efectivo acumulado por las corporaciones debería destinarse a fomentar la recuperación económica”.

Pero no podemos culpar a las grandes empresas exclusivamente. Las quejas no dejan a nadie al margen… excepto a los economistas más responsables de la crisis y de la depresión económica. “En su raíz”, dice Plender sobre la crisis japonesa (algo que podría aplicarse a prácticamente cualquier escenario), el problema “procede del bajo consumo”. Ajá… los consumidores no están poniendo de su parte tampoco.

Plender y el Financial Times tienen una solución para todo. Desafortunadamente, es siempre la misma solución y no siempre funciona.

Saludos,

Bill Bonner.

Bill Bonner es fundador y president
e de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.

 

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