¿Vuelve Guillermo Moreno?

Ignacio Ros

Existe una teoría que establece que aquellos países que fueron bendecidos con un bien apreciado por el mercado, a la vez sufren la maldición del subdesarrollo y la escasa diversificación de riesgos, algo muy común en aquellas naciones petroleras.

¿Está al tanto de grandes innovaciones tecnológicas en Arabia Saudita, Irak o Venezuela? No suelen ser países que se destacen por potenciar industrias revolucionarias o apostar a la investigación y el desarrollo de otros sectores. Se percibe cierto relajamiento.  Es como si se descansara en ese comodín.

En el último tiempo, la Argentina fue concentrando sus esfuerzos en la producción de un bien, que si bien requiere de desarrollos tecnológicos e investigación (no es un simple yuyo), no escapa al fenómeno de la concentración de los riesgos.

La sojización del país no sólo fue corriendo a un segundo plano a la producción de ganado –a tal punto que nos estamos comiendo a las productoras- sino que además se transformó en el ingreso de dólares más importante para una economía sedienta de divisas.

El Gobierno, a la hora de hacer sus cuentas, se descansa en los dólares que provienen de la liquidación de la cosecha de soja. Más allá de lo que refiere a las retenciones, el ingreso total de esos dólares ayuda a equiparar una balanza comercial que juega muy al límite.

Ahora, ¿qué pasa cuando le jugamos todas nuestras fichas a un solo número en la ruleta? Por supuesto que incrementa el riesgo.

El revés del yuyo

El precio de la soja se hundió 35% en apenas semanas, como lo evidencia el gráfico a continuación. El maíz, fuente de dólares también importante, cayó 25%. Esto representa un profundo revés al ingreso de dólares del Gobierno, teniendo en cuenta los pagos de deuda que hay por delante y el alicaído nivel de reservas del Banco Central.

 

“De hecho, de mantenerse estos precios tal como descuentan los futuros a mayo 2015, entonces las exportaciones se resentirían otro -10% en 2015, equivalente a otros US$ 7.000 millones. La caída adicional en las exportaciones llega cuando la restricción externa hace rato limitó el crecimiento económico y la devaluación terminó siendo el único camino para hacer caer el consumo y permita estabilizar la pérdida de reservas del BCRA”, señalan en la consultora Econométrica.

Los compromisos y la tormenta perfecta

Alejandro Vanoli, flamante presidente del Banco Central, asumió el cargo con la promesa de que no se devaluaría. No obstante, el pago de deuda con reservas y la caída del ingreso de divisas pondrán mayor presión sobre el peso.

De acuerdo a los números que se tomen, el Gobierno enfrentará -desde hoy al cierre de 2015- pagos por entre US$ 13.000 millones y US$ 15.000 millones. Independiente de si se paga la deuda en litigio (legislación Nueva York), US$ 7.200 millones se irán en cancelación de deuda con legislación local y a eso hay que sumarle otros US$ 1.400 millones por compromisos entre los que se encuentra el pago al Club de París.

Sin hoja de ruta

Hasta el momento, repito, hasta el momento, el Gobierno no evidenció una hoja de ruta para atender este frente. El conflicto con los buitres cerró la oportunidad de tomar deuda en el extranjero, la soja en estos niveles lleva al subsuelo el ingreso de divisas y con el pago del Boden 2015 los analistas esperan que el nivel de reservas perfore el piso de los US$ 20.000 millones.

Hablamos de las reservas en total, contado pagarés, tenencias en oro y demás posiciones ilíquidas.

Desde el lado del Ejecutivo poco se habla hoy de otorgar mayor dinamismo a las exportaciones o generar ingreso de divisas genuinas, pero la solución microeconómica sigue a la orden del día.

Fíjese lo que decía Ámbito financiero el viernes:

“¿Qué pasará con el ‘contado con liqui’? Esta variante para ingresar o fugar dólares simulando compras y ventas de acciones está en la mira del Gobierno. Se desmintieron ayer en Economía versiones con cambios impositivos que afecten esa transacción. Pero en la CNV, a cargo de Cristian Girard, habría un proyecto para que esas operaciones tengan que contar antes de concretarse con la autorización oficial, en un esquema similar al que se utiliza hoy con el dólar ‘ahorro’”.

Es cierto que el dólar “contado con liquidación” se usa para fugar divisas y en el último tiempo estuvo al rojo vivo. También es cierto que, ante las trabas, algunas empresas lo utilizan para ingresar dólares e incluso para comprar bienes de capital, aquellos necesarios para su producción.

Más allá de las buenas intenciones que pueda haber en esta medida, aquello de requerir “aprobación oficial” tiene cierto tufillo a Guillermo Moreno.

Justo cuando pensaba que al enviarlo a la embajada de Italia se terminaban estas prácticas…

Pequé de inocente.

Hasta la semana que viene.

Saludos,

Ignacio.

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