No todo es tristeza cuando algo baja

Diego Martínez Burzaco 

La semana pasada tuve que volver a Estados Unidos.

Esta vez no se trató ni de un viaje de negocios ni uno de placer, sino para resolver un problema personal que espero encaminar pronto.

Tras casi 20 horas de vuelo, con una escala en el aeropuerto de Houston, arribé a Portland, capital del estado de Oregón. Mi destino final fue un pequeño condado llamado Sherwood, a unos treinta minutos de la capital.

Este lugar es muy parecido a la Patagonia argentina o chilena, con montañas, bosques y fauna que anda de aquí para allá de manera incesante en cada rincón inimaginable. Se respira ciertamente mucha tranquilidad, cordialidad entre sus habitantes y respeto por las normas de convivencia.

Estuve menos de 48 horas, pero fueron intensas.

Precisamente por esas horas el mercado de acciones se desplomaba con una virulencia que no era vista desde 2011, cuando, por ese entonces, se hablaba del fin de la Unión Europea.

Al  tiempo que las acciones retrocedían más de un 7% desde el máximo alcanzado en septiembre, la volatilidad picaba en punta y el dólar seguía su carrera alcista contra el resto de las monedas globales.

¿Quién fue el culpable de semejante desastre?

Todos o ninguno, según como lo quiera ver.

No es que se haya gestado algo puntualmente nuevo, sino que fue el rejunte de todo lo que estaba sobre la mesa lo que motivó la caída.

Futuras alzas de tasas de interés en Estados Unidos, debilidad en la recuperación económica europea (con riesgos ciertos de deflación y recesión), la irrupción del Ébola, etc…

Como ve, nada nuevo en el escenario. Sin embargo, todo lo anterior fue una gran excusa para tomar ganancias tras el rally alcista del mercado de los últimos 18 meses.

Pero no solo las acciones son las que han sufrido el impacto de este giro repentino del ánimo de los inversores. La fortaleza del dólar ha sido devastadora para los commodities. Casi ninguno pudo hacer pie ante el resurgimiento de la divisa norteamericana.

Por ejemplo, el oro ha borrado toda la ganancia que había mostrado en el primer trimestre del año. Lo mismo con la plata y otros metales preciosos.

Para las materias primas agrícolas, la suerte también ha sido esquiva. El trigo, maíz y la soja acumulan retrocesos superiores al 20%.

Y el petróleo también sufrió el impacto: pasó de US$ 95 a US$ 82 el barril en apenas unas semanas.

¿Es acaso esto último una mala noticia?

Para los tenedores de acciones energéticas seguramente que sí. El castigo ha sido muy fuerte, borrando, en casi todos los casos, la buena performance que mostraban las acciones del sector en lo que iba del año. Por ejemplo, el ETF de Energía, XLE, cae más de 6% en el año después de haber estado un 14% arriba.

Sin embargo, esta caída del costo del “oro negro” esconde una oportunidad.

Como les dije anteriormente, mi estadía en Sherwood fue breve, pero intensa. He tenido la oportunidad de conocer el estilo de vida de este lugar, un pueblo típico donde los residentes son en un 95% estadounidense.

Y es una muestra representativa de la gran mayoría de los condados de ese país, según los testimonios que recogí durante mi hospedaje allí.

En Sherwood no hay prácticamente transporte público. Las distancias son grandes y para acceder a cualquier centro de compras, es necesario ir en “carro” (auto). No importa si lo que se busca es comprar un alimento o indumentaria. El auto allí es imprescindible, como en la gran mayoría de los rincones de este inmenso país.

Tener un auto no es sinónimo de lujo ni estatus. Es casi como una necesidad primaria para cualquier actividad: ir a trabajar, ir a la escuela, ir de compras. Es por ello que adquirir un automóvil no es oneroso, hay muchas formas de financiación y el trámite es extremadamente simple.

Lo que sí es caro es el combustible.

Recuerdo que un extranjero que me topé en Sherwood me dijo lo siguiente:

“Cuando yo llegué a California, en 2000, el galón de combustible valía poco más de 1 dólar; ¡hoy estamos casi en US$ 4!“

Para que tengan una idea de cuán importante es el petróleo para esta economía, fíjense los niveles de consumo diario de barriles de este commodity:

Estados Unidos es, por lejos, el mayor consumidor de petróleo del mundo. Y si bien su producción anual viene aumentando por el boom del petróleo y gas no convencional (shale), todavía hay una fuerte dependencia de la importación.

Si el precio del petróleo global cae, eso significa menor precio de importación y menor tarifa pagada por los consumidores por el combustible consumido (allá si los precios son inflexibles a la baja y ajustan automáticamente).

Esto implica que mientras dure el débil precio del petróleo, los consumidores estadounidenses estarán recibiendo un subsidio sobre sus ingresos, aumentando su capacidad disponible para consumo.

Esto ratifica mi idea de que como inversores debemos focalizarnos en las acciones que puedan sacar provecho de esta mejora en el poder de compra de los estadounidenses. Considerando la alta propensión a consumir de estos individuos, empresas que forman parte de estos sectores podrían verse beneficiadas en el corto plazo.

Una forma de bajo riesgo de jugar este proceso de corto plazo podrían ser los ETF de Consumo Básico (XLP) o de consumo de Consumo Discrecional (XLY).

¡Ponga un ojo en ellos!

A su lado en los mercados

Diego Martínez Burzaco

Para Inversor Global

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  1. carlos.ljungberg

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