¿Cuáles son las consecuencias geopolíticas de la caída del petróleo?

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En los últimos meses, el precio del petróleo se ha derrumbado. Esto ocurrió básicamente por dos sucesos: una caída en la demanda y un aumento de la oferta. Lo primero, se debe al pobre desempeño económico de China, Brasil y Europa; mientras que lo segundo tiene que ver con  el aumento de la producción en Estados Unidos y Rusia. Estos dos hechos no sólo impactan en el precio del combustible sino que delimitan una nueva realidad geopolítica: ¿quiénes ganan y quiénes pierden?

En primer lugar, gracias al desempeño que mostró en el último tiempo, Estados Unidos se proyecta definitivamente como el productor de referencia debido al aumento sostenido de su producción en los últimos años. Al afirmar eso, es válido inferir que potenciaría su influencia mundial, mientras que debilitaría la de países como Rusia, Irán o Venezuela.

En esta línea, un artículo publicado en el diario El País, explica que el mercado del petróleo se ha visto “sacudido por una especie de tormenta perfecta”. A lo que se refiere su autora es a la coincidencia entre un exceso en la oferta y una demanda más débil de lo previsto. Todo esto en un escenario de fortaleza del dólar (la divisa de referencia para el mercado petrolero), que provocó la caída del 25% en los precios del crudo desde junio.

Desde 2011 hasta la fecha se vivió un período de relativa estabilidad, con el barril situado por encima de los 100 dólares, sin embargo, en la actualidad, parece que los precios se están estabilizando en un rango considerablemente más bajo, entre los 70 y los 90 dólares, según distintos expertos, lo que introduce nuevas y profundas variables en el mercado del petróleo y, en definitiva, en el orden geopolítico.

“Si la OPEP no recorta su producción para sostener los precios, ¿quién lo hará?”, se pregunta Kevin Norrish, de Barclays. “La OPEP ya no actúa como el productor de referencia del mercado y la oferta de petróleo de Estados Unidos está llamada a ocupar ese lugar”, indicaron los analistas de Goldman Sachs.

Los altos precios del petróleo hicieron posible la explotación de pozos que exigían técnicas costosas, como la usada en aguas profundas o la fractura hidráulica (fracking).

Por medio de estas tecnologías, Estados Unidos pudo aumentar su producción de petróleo a un ritmo anual de entre 1,2 y 1,4 millones de barriles diarios desde 2011; lo que provocó que los productores fuera de la OPEP, hayan sido capaces de cubrir el aumento de la demanda global, lo que ha diluido considerablemente la influencia de los tradicionales países exportadores.

“No hay precedentes históricos de que un país pueda mantener durante tanto tiempo semejantes aumentos de producción. Eso cambió por completo el mercado”, explicó Antonio Merino, director de la Secretaría Técnica de Repsol y uno de los mayores expertos del mercado energético.

“Lo que ahora se está tanteando es el nivel de precios al que Estados Unidos puede mantener no ya la producción petrolera, que ronda los 5,5 millones de barriles diarios, sino los aumentos de oferta de estos últimos años. Yo creo que ese nivel está más cerca de los 85 o 95 dólares por barril que de los 70 dólares”, destacó.

Sin embargo, hay más variables que generan la baja de los precios. Libia, con una producción inexistente en septiembre de 2012, logra colocar actualmente en el mercado entre 800.000 y 900.000 barriles diarios. La toma de varios pozos petroleros en Irak a manos de los jihadistas de Estado Islámico no supuso una interrupción de la producción, de unos tres millones de barriles diarios. Irán anunció su intención de aumentar su oferta hasta los cuatro millones de barriles en marzo de 2015 si logra un acuerdo para eliminar las sanciones internacionales.

El costo de la energía tiene un impacto notable sobre la economía, en forma de ahorro en la factura energética, de corrección de los desequilibrios externos y de menor presión inflacionaria.

“El saldo neto es positivo para la economía mundial”, asegura Andrew Kenningham, de Capital Economics, en uno de sus últimos informes. “Una caída de 10 dólares en el precio del petróleo equivale a una transferencia del 0,5% del PBI mundial de los países productores a los países consumidores y éstos siempre acaban aumentando el gasto. Si asumimos que los consumidores gastan la mitad de lo que se ahorran, una caída permanente del precio del petróleo de 10 dólares impulsaría la demanda global entre un 0,2% y un 0,3%”, argumenta Kenningham.

Es decir, una inyección de unos 320.000 millones de dólares a la economía mundial si, como calcula Capital Economics, los actuales niveles del petróleo en torno a los 85 dólares se mantienen hasta finales de 2016.

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