Una democracia conquistada por corruptos y ladrones

Por Federico Tessore

Reportando desde Santiago de Chile

Los imponentes picos nevados de la cordillera de Los Andes de un lado; los rascacielos de las partes ricas de Santiago de Chile del otro lado y, en el medio de las alturas que nos imponen tanto la naturaleza como el progreso humano, un intenso debates de ideas.

El moderno auditorio de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile estaba repleto de alumnos de la universidad, profesores, periodistas y curiosos. Todos estaban ansiosos por escuchar a una especie de “rock star” de la historia mundial: Niall Ferguson, un profesor de historia de origen británico egresado de la Universidad de Oxford y que hoy es parte de la Universidad de Harvard. Sus más de 14 libros publicados y su intensa actividad para comunicar sus ideas -incluida una exitosa serie en la televisión británica- lo consolidaron como uno de los historiadores más destacados de la actualidad.

Me enfrenté por primera vez a las ideas de Ferguson cuatro años atrás, en una conferencia organizada por nuestra empresa asociada Agora Financial en la coqueta ciudad de Vancouver, Canadá. La presentación me impactó desde el inicio, no solo por su contenido, sino también por lo entretenido de la charla. Ferguson se las arregla para hablar de historia de una forma divertida. Por eso cuando me enteré de que estaría en Santiago, coincidiendo con una visita que tenía programada a nuestra dinámica oficina en Chile, no me lo quise perder.

Cuatro años atrás, cuando presencié la conferencia de este catedrático, se dedicó a hablar sobre las llamadas “killer aps”, es decir, las “aplicaciones matadoras” que explican por qué algunos países progresan y otros no lo pueden hacer. Un capítulo de mi libro llamado “El Fin de la Argentina” se dedica a resumir esta teoría sobre el desarrollo que él plantea. 

Pero el jueves pasado en Santiago de Chile, Ferguson fue un poco más abstracto en su presentación. Expuso lo que él llamó como “una teoría muy corta sobre todo”.  Según Ferguson, con ésta se puede explicar toda la historia de la humanidad.

Ambicioso, ¿no es cierto? Sin duda. En su presentación explicó por qué él creía que la historia de la humanidad se podía explicar observando la interacción de solo tres variables: las jerarquías, las redes y la naturaleza. Se puede entender a las jerarquías como aquéllos que gobiernan las redes, por ejemplo los Gobiernos, entre otras formas. Las redes representan a las personas organizadas en clubes o comunidades, entre muchas otras formas. Y la naturaleza es la naturaleza, que no se puede modificar, que nos da sorpresas que cambian el curso de la historia todo el tiempo.

Pero la charla se puso aún más interesante cuando los alumnos de la universidad le empezaron a hacer preguntas sobre cómo su visión se aplica a la actualidad mundial.

Se generaron todo tipo de interrogantes y uno de las más interesantes fue sobre Venezuela. “¿Por qué le parece que los Gobiernos populistas como el de Venezuela, que teóricamente son democracias, están teniendo éxito en manejar las redes y cómo se puede poner fin a ese atropello?”, preguntó una coqueta estudiante venezolana.

Y ahí fue cuando Ferguson decidió contar una anécdota que presentó uno de los conceptos más llamativos de su charla y que nos toca directamente como argentinos.

“Algunos años atrás viajé a Caracas a filmar un documental para la televisión británica”, comenzó el profesor. “Todavía vivía el ex presidente Hugo Chávez. Nos metimos en el medio de Caracas para filmar y a los pocos minutos que empezamos la filmación mataron a una persona enfrente mío”, contó un Ferguson que más que historiador parece un actor con perfecto manejo de los silencios y el suspenso.

“Cuando le pregunté a uno de los asistentes sobre qué había pasado me cuenta que una persona había intentado robarle un arma a un policía y que éste lo había matado antes de que lograra su cometido”, cuenta Ferguson. “Luego de un breve silencio, y con la intención de romper la tensión de la escena del crimen, le dije algo a esta persona que resultó un tanto desafortunado: La parte buena es que por lo menos murió el ladrón y no el policía, ¿no?”.

A lo que el asistente de filmación venezolano le contestó: “No se crea que eso es mucho mejor. Aquí la policía es tan solo una parte de la banda, son tan ladrones como el ladrón que mató. Da lo mismo”.

Luego, Ferguson concluye la anécdota: “Hay algo mucho más importante que la democracia en los países, y esto es el Estado de Derecho (rule of law, en inglés). Cuando se pierde el Estado de Derecho como pasa en Venezuela, donde las personas no diferencian entre policías y ladrones, no es posible el progreso, por más democracia que haya. La clave de la civilización y el progreso es el Estado de Derecho, mucho antes que la democracia”.

La Argentina es otro fiel ejemplo que apoya esto que remarca Ferguson. Al mismo tiempo que él daba su conferencia en Chile, el diario La Nación publicaba que se acababa de conocer el ranking de competitividad mundial y que la Argentina no solo era uno de los países menos competitivos del mundo, sino que también quedaba entre los más corruptos. Éste es el extracto de la nota:

El Foro Económico remarcó que la Argentina también “sufre” de una baja calidad institucional, ya que obtuvo malas calificaciones en términos de corrupción y eficiencia del gobierno. Por ejemplo, el país quedó ubicado en el puesto 139° en la categoría “ética y corrupción”, ocupa el anteúltimo lugar en “desvío de fondos públicos”, solo delante de Venezuela, y quedó en el puesto 141° en el indicador de “confianza pública en los políticos”.

Por otra parte, el informe señaló que “el funcionamiento ineficiente de los mercados de bienes, financieros y laborales siguen obstaculizando el potencial del país, que es enorme”. Y resaltó a la inflación, la inestabilidad política, la presión impositiva, el acceso al financiamiento como los factores “más problemáticos para hacer negocios”.

Sin ir más lejos, tenemos un Vicepresidente procesado por el robo de la única imprenta para hacer billetes del país; se conoció que habría falsificado datos en la compra de un auto; negó un matrimonio consumado y está implicado en el robo de más de seis millones de pesos a una de las provincias más pobres del país.

Desde el momento en que esto ocurre en un país, desde el momento en que es lo mismo un ladrón o un vicepresidente, me pregunto -igual que lo hace Ferguson-: ¿es posible el progreso?

Una democracia liderada por ladrones no sirve. Votamos cada cuatro años solo para cambiar de pandilla: tenemos pandillas de derecha y otras de izquierda. Algunos de sus miembros eligen las patillas y otros eligen las carteras Hermès. Tienen diferentes estilos, es cierto, pero el modus operandi es el mismo. Genios del marketing de masas que convencen a millones mientras roban muchos millones más.

En un país donde el “Estado de Derecho” depende del humor de una pandilla de ladrones, el progreso es un imposible. A esta altura de la historia está claro que el Estado de Derecho es una de las “aplicaciones matadoras” que usan todos los países que se desarrollan. Aquellos que logran crecer y generar riqueza. Por otro lado, aquellos países que no respetan el Estado de Derecho se convierten en máquinas de generar pobreza.

Mientras en la Argentina no nos decidamos a cambiar los ladrones que nos gobiernan por leyes claras e instituciones fuertes, el progreso será algo que solo podremos experimentar cuando salimos por Ezeiza o cuando vemos películas…

Le deseo un excelente fin de semana,

Federico Tessore

Para Inversor Global Argentina

 

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  2. Francisco Guila
  3. Julio

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